Tras la ceremonia religiosa, toda la familia se trasladó al restaurante Sa Punta, un búnker costero propiedad del tío del tenista, Miguel Ángel Nadal. Los invitados disfrutaron de un espectacular festín mallorquín

Mery Perelló y Rafa Nadal, en una imagen del pasado mes de febrero.
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Rafa Nadal y Mery Perelló han vuelto a blindar sus vidas para celebrar uno de esos momentos que guardarán para siempre en su álbum más íntimo. Lejos de las cámaras y con un gran secretismo, el matrimonio ha reunido a su círculo más cercano en Mallorca para el bautizo de su segundo hijo, el pequeño Miquel, de 10 meses.
Para evitar cualquier mirada indiscreta, la pareja organizó una ceremonia exprés de apenas media hora en la parroquia de Cristo Rey de Manacor, el mismo templo donde ya bautizaron a su primogénito, asegurándose de que las puertas permanecieran cerradas para blindar la paz familiar. Aunque el gran misterio de la jornada era la asistencia de Toni Nadal, la revista ¡Hola! ha confirmado que el exentrenador y tío del tenista sí estuvo presente en la iglesia arropando a su sobrino, aunque tuvo que perderse el banquete posterior por motivos puramente laborales, dejando claro que la relación entre ambos sigue siendo maravillosa.
Como no podía ser de otra manera en una celebración con sello balear, la etiqueta de los invitados estuvo marcada por un aire puramente ibicenco donde los tonos claros fueron los grandes protagonistas. Arropando a los felices papás estuvieron, entre otros familiares, los abuelos paternos del niño, Sebastián Nadal y Ana María Parera, junto a su tía Maribel, todos contagiados por la atmósfera relajada de la isla.
Sin embargo, la gran lección de estilo la volvió a dar Mery Perelló. Tal y como ha desvelado Vanitatis ante la total ausencia de imágenes oficiales del evento, la mallorquina deslumbró con un elegantísimo vestido midi de manga corta confeccionado en tweed blanco, un sofisticado diseño de corte clásico que evocaba de inmediato el inconfundible espíritu de la maison Chanel.
Tras la ceremonia, la celebración se trasladó al restaurante Sa Punta, un espectacular enclave marinero situado en Port Verd que pertenece en parte a Miguel Ángel Nadal, tío del tenista, y que es el refugio gastronómico favorito de la familia.
Allí disfrutaron de un larguísimo banquete que arrancó con un picoteo muy gourmet a base de brioches de ternera, hojaldres con anchoas, tradicionales gildas y unos originales bikinis de jamón serrano y mozzarella con un toque de mantequilla de trufa. El menú principal consistió en un festival de entrantes para compartir con tartar de atún,croquetas y bocaditos de gallo de San Pedro, dando paso a una elección de segundos entre lubina fresca y tiernas carrilleras, para rematar con un surtido de postres donde triunfaron la tarta de queso, el coulant de chocolate, el lemon pie y un refrescante carpaccio de piña.
Una cita inolvidable que pone la guinda a una etapa maravillosa para Rafa, quien acaba de celebrar sus 40 años saboreando el éxito de su docuserie en Netflix y completamente volcado en su faceta más tierna como padre de familia.






















