



















Luis Fernando Romo
Actualizado
Que la despenalizaci�n de lahomosexualidad en Inglaterra llegara en 1967 fue una condici�n sine qua non para que algunos de los grandes nombres de la escena brit�nica siguieran escondidos en sus respectivos armarios. Ninguno quer�a ser adalid de nada. Cuando sir John Gielgud -Julio C�sar (1953), Gandhi (1982) fue arrestado en 1953 en el londinense barrio de Chelsea por hacer cottaging -t�rmino que designa mantener sexo gay an�nimo en ba�os p�blicos- la prensa se ceb� con �l, pero el p�blico le aplaudi� a rabiar en su vuelta al teatro. Aquel esc�ndalo social sirvi� en cierta medida para visibilizar la tan necesaria reforma del c�digo penal del pa�s.
El actor nunca ocult� su orientaci�n sexual, pero tampoco la fue divulgando por los cuatro puntos cardinales. Lo contrario al tormento vivido por sir Alec Guinness -Oliver Twist (1948), Lawrence de Arabia (1962)- otro ilustre coet�neo a quien su sexualidad le trajo por la calle de la amargura. Encontr� en el secreto una protecci�n necesaria y en el matrimonio el salvoconducto para tener una moral intachable. Sin duda, esta dualidad condicion� su sino.
Desde el pasado mes de enero con motivo del 25� aniversario del fallecimiento de Guinness, el int�rprete Zeb Soanes (49) est� de gira por Inglaterra con la obra Two Halves of Guinness donde se mete en la piel de su legendario colega. Con casi 70 obras teatrales, 50 pel�culas y m�s de una docena de dramas televisivos que incluyen algunos de los cl�sicos m�s notables, am�n de dos oscar, dos BAFTA y un Globo de Oro, sir Alec Guinness tem�a que solo le recordaran por un papel, el de Obi-Wan Kenobi en La guerra de las galaxias (1977). Independientemente de su vasto curr�culum, en la obra tambi�n se habla de la zona gris de su sexualidad.

Alec Guinness en una escena de La guerra de las galaxias donde interpretaba a Obi-Wan Kenobi.GTRES
Para Guinness, tener una mancha en el expediente era algo que no se pod�a permitir. Por ello, a diferencia de Gielgud, cuando en 1946 fue arrestado, acusado y multado en un tribunal de Liverpool despu�s de que le pillaran en un lavabo p�blico, Guinness tuvo los reflejos suficientes para decir que se llamaba Herbert Pocket, como el personaje de Dickens que estaba a punto de interpretar en su debut cinematogr�fico, Grandes esperanzas (1946).
Para entonces, sir Alec llevaba casado ocho a�os con la actriz convertida en pintora Merula Salaman, a quien hab�a conocido en el templo actoral del Old Vic. En 1940 naci� su �nico hijo, Matthew (85), que tambi�n hered� algunos de sus dones. En la actualidad, uno de los descendientes m�s conocidos de la legendaria estrella es el futbolista profesional Nesta Guinness-Walker.
En privado, la obsesi�n m�s grande del ilustre int�rprete se ciment� en proyectar la respetabilidad de su persona y, por ende, la de su familia. Aunque su c�rculo m�s �ntimo sab�a de su debilidad por ir a ciertos ba�os turcos y ligar con gigol�s jovencitos, Guinness jam�s habl� con la prensa sobre su rumoreada bisexualidad.
Tal y como coment� al Sunday Times su bi�grafo Garry O'Connor, autor de Alec Guinness: The Unknown "el actor se refugi� en su actuaci�n y en la iglesia como consuelo. La iglesia le dio a Alec una seguridad muy necesaria frente a los demonios de su sexualidad". Durante los 62 a�os que dur� su matrimonio -Alec y Merula nacieron en 1914 y fallecieron en el 2000- el actor se consagr� en mantener un hogar estable. Como destaca The Telegraph, el protagonista de El puente sobre el r�o Kwai (1957) ten�a la espinita clavada de haber tenido una infancia desdichada ya que "su madre era una zorra".
Su progenitora se acost� con tantos hombres que Alec desconoci� la identidad de su padre, un hecho que nunca le perdon�. Se rumore� que este podr�a haber sido alg�n miembro del clan Guinness en la �poca en la que su madre trabaj� como camarera. "D�cadas despu�s, los Guinness se acercaron a Alec, se�alando un parecido familiar, pero no ten�an pruebas de que fuera un pariente", ha asegurado Zeb Soanes, que ha estudiado hasta la saciedad la personalidad de su h�roe de la infancia. Otros bulos aseguraban que se trataba de un amigo del multimillonario clan cervecero, pero sin saber por qu�, el actor sospech� que podr�a haberse tratado de un banquero llamado Andrew Geddes. Sea como fuese, el rencor de Alec hacia su madre perdur� hasta su fallecimiento en un asilo. Seg�n Piers Paul Read, el int�rprete abri� una botella de champ�n cuando se enter� de la noticia.
Nunca soport� que su madre fuera una alcoh�lica empedernida que lleg� a casarse con un hombre violento que maltrataba a la criatura sujet�ndole boca abajo desde un puente con intenci�n de tirarle a un r�o por el mero hecho de chantajearla. Tambi�n llev� mal las innumerables mudanzas, las huidas de los hostales sin abonar la cuenta y los frecuentes abandonos. No resulta extra�o que pronto apareciera en el peque�o Guinness una cruda obsesi�n por evadirse de su fracasada realidad. Es en esa dualidad donde se sustent� su deseo de ser actor en una generaci�n donde reinaban sir Laurence Olivier, sir John Mills y Peggy Ashcroft. Aquella puericia inestable y empobrecida, donde el secretismo y el desamparo campaban a sus anchas, forj� un hombre lleno de contradicciones que lleg� a convertirse en uno de los grandes actores dickensianos de la pantalla.
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