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"Ahora me quedo a solas conmigo" dijo José Antonio Morante Camacho cuando se despidió de los que más le quieren en la puerta de la habitación 219 del hotel Wellington. Entre ellos, su madre, Pepi Camacho, o su primo Juan Carlos, el que fue su sombra durante casi toda su vida. Esa frase, registrada por Zabala de Serna en su libro Memoria de Morante, el adiós y el regreso de un genio herido, es un retrato de su vida desde que apareció en ella el portugués Pedro Jorge Marqués, su apoderado. Morante ya nunca está solo, y está tan acostumbrado a que su acompañante sea siempre el mismo que cuando habla de soledad se refiere, en realidad, a ese dulce exilio compartido.
El cronista taurino, testigo directo de los momentos más trascendentales del matador en la última temporada, describía aquel día, 12 de octubre de 2025, cuando Morante se cortó -no se quitó- la coleta cómo Pedro se quedaba en el balcón de la habitación, en guardia. "El guardián de la supervivencia" escribía Zabala. "Apoderado, amigo y báculo". Nunca se ha escrito sobre nadie del entorno de Morante con esa fe absoluta. Pedro es omnipresente: está fuera y dentro de la plaza. También hace un mes, cuando el torero volvió a La Puebla del Río (Sevilla) para divorciarse de su segunda mujer, Elisabeth Garrido. Después de 16 años juntos -y dos hijas en común, María y Lola- la relación era insalvable.
Los matrimonios rotos suelen cumplir el cliché de la culpa compartida. Según el entorno del torero la responsable es su enfermedad, el trastorno disociativo que sufre, ligado a una depresión, que hace que incluso borre ciertos momentos de su memoria. Los más cercanos a Elisabeth -en La Puebla la llaman Isabel- aseguran que los quieren mucho "a los dos".

Elisabeth Garrido el día de su boda con MoranteGTRES
José Antonio Morante de la Puebla Camacho lleva más de una década padeciendo anhedonia, la incapacidad para experimentar placer en actividades que antes sí le eran gratificantes. Esta es la segunda vez que ve cómo uno de sus compromisos se rompe. En 2008 se separó de Cynthia, su novia "de toda la vida" tras enfrentarse a una severa depresión que provocó que incluso se retirara del toreo. Era la segunda vez que se apartaba de su vicio más sostenido en el tiempo. Más adelante, le pondría palabras. "Todas las tardes pienso que me retiro y todas las noches sueño que toreo".
Cynthia Antúnez conoció la versión de Morante de la Puebla más inocente. La que obsesionó a su padre, Rafael, con que se convirtiera en torero. Zabala de la Serna describe que cuando Pepi estaba embarazada su marido señaló su vientre y tuvo una premonición: "Ahí viene un torero". Tenía 17 años cuando tomó la alternativa. Diez años después, con 27, Morante se daba el sí, quiero con la chica con la que había vivido casi todas sus primeras veces. "Ya era hora de dar el paso", revelaba. Dos años después y con un hijo en común, José Antonio, se separaron. Por entonces el torero ya estaba triste. En la prensa hablaban de "problemas médicos".

Cynthia Antúnez el día de su boda con Morante, el 23 de octubre de 2005GTRES
Antes de Cynthia y Elisabeth había aparecido Pedro. El de Pedro es un sueño cumplido, una historia que empezó fruto de la admiración desmedida. "Le escribió una carta a Morante y se la hizo llegar", revela a LOC un íntimo del portugués.
"Tenía 11 años y había un programa de ordenador que era mIRC, de hablar por internet, de chatear. Yo hablaba con una niña, que creía que era una niña pero tenía 18 o 20 años y que era muy amiga de Morante", confesó hace unos años el apoderado. Por entonces Pedro, -Pedrito para su entorno más cercano- admiraba a un prometedor novillero. Pedro ha sido testigo de todas sus relaciones románticas. Hay fotos en el perfil de Facebook de Elisabeth Garrido que retratan una noche cualquiera de verano entre amigos. Elisabeth le ponía la mano sobre su brazo. Pedro formaba parte de sus íntimos, de su cuadrilla. El vínculo se convirtió en indivisible, hay muchos que posan con ellos en 2013 y ya no están.

El matador y su apoderado, en la primera cura de Morante tras su cornada en la corrida de PontevedraALBERTO DILOLLI
El dentista, que en 2021 se convirtió en su apoderado, es según Memoria de Morante la salvación del torero. Lo alejó de las amistades tóxicas que lo rodeaban en La Puebla. En realidad, lo alejó de todo y de todos, del ruido. Se convirtió también en parte de sus negocios. La ganadería Pérez de la Concha, que está en la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia, es ahora de Pedro, figura como su administrador único. El matador se la regaló.
Pepi, sobre el vínculo entre el dentista y el torero que sobrevive incluso al propio torero, no quiere hacer declaraciones. Responde a LOCcariñosa, como una madre. "Sobre esos asuntos no hablo, sobre otras cosas de la vida, lo que quieras". Hace un año, cuando su hijo vivía con la familia de Pedro en Portugal mientras se sometía a tratamientos, fue explícita: "Desde hace muchos años Pedro vive pa él y no puede vivir sin él. Está pendiente siempre. Es como si fuera su hermano o más que un hermano. No sé qué habría pasado sin él".
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