Dirige la Fundación Eddy, el primer hogar de acogida en España para jóvenes víctimas de la violencia lgtbfóbica. "He sido testigo de situaciones muy dudas. Algunos chicos son héroes"

Manuel Ródenas en uno de los pisos de la Fundación Eddy.
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Hace muchos años que Manuel Ródenas decidió vivir con coherencia. No fue fácil. Nació y creció en una familia "muy tradicional" donde les costaba entender a aquel crío que tampoco lo tuvo fácil en el colegio. Ese sufrimiento le llevó a mantener un compromiso consigo mismo que permanece vivo desde sus años universitarios, cuando se inició en el activismo. "Siempre he sido muy crítico y allí me lancé", recuerda. Hoy, a sus 54 años, es uno de los abogados en derechos LGTBI más prestigiosos del país.
El activismo juvenil le empujó también a los brazos de su marido, Javier Gómez (49). Ambos militaban en el PP y Alberto Ruiz-Gallardón, entonces alcalde de Madrid, accedió a casarles hace ya 20 años. Su foto salió en todos los periódicos: era la primera boda gay que oficiaba el regidor popular. "No nos costó nada convencerle", recuerda Ródenas con una sonrisa. Su marido sigue en primera fila de la política como portavoz del PP en el distrito de Ciudad Lineal de Madrid. Él continúa inmerso en el activismo: además de coordinar el Programa LGTBI de la Comunidad de Madrid desde 2002, es presidente de la Asociación de Abogados contra los delitos de odio y director de la Fundación Eddy, el primer hogar de acogida en España para las víctimas de la violencia lgtbfóbica.
Ródenas habla con mucho orgullo de la fundación, creada hace diez años para acoger a jóvenes de entre 18 y 30 años que sufren violencia y discriminación sobre todo en el ámbito familiar por su orientación sexual e identidad de género. Empezaron con un piso y ahora ya tienen dos pero les gustaría ampliar su cartera inmobiliaria porque reciben unas 200 solicitudes al año. "Cuesta creer que siga habiendo padres que echen a sus hijos de casa por ser gays, lesbianas o trans pero sí, sigue pasando, y bastante más de lo que imaginamos. Muchos acaban en la calle y nosotros les damos una oportunidad", asegura.
En estos diez años han pasado 270 personas por los dos pisos, ubicados en direcciones secretas "por motivos de seguridad", precisa. "Vienen muy dañados y nuestro objetivo es que puedan salir siendo autosuficientes. Les damos apoyo psicológico, cubrimos sus necesidades básicas y les introducimos en un programa de inserción laboral. Contamos con profesionales y una red de voluntarios que les acompañan durante el proceso, que dura 12 meses. Ese es el tiempo máximo de permanencia en los pisos".
Todos tienen que cumplir unas normas de convivencia -"esto no es un albergue", recalca- y algunos no encajan, pero el porcentaje de éxito es casi del 90%.
Hasta hace unos cinco años la mayoría de los acogidos eran españoles. Ahora hay más extranjeros (latinos, rusos y árabes, sobre todo), aunque los nacionales no han desaparecido. "Empezamos acogiendo a chavales que dormían en la calle porque les habían echado de casa o vivían en un clima familiar muy violento. He sido testigo de situaciones muy duras, con padres acosadores, con casos de maltrato físico y sexual, con mucha soledad... algunos son héroes. Muchos de esos chicos son ahora voluntarios", recalca.
Y se emociona al hablar de algunos de ellos. "Recuerdo a un chico de Madrid cuyo padre no le dejaba en paz, le perseguía para atormentarle. Le puso un detective y consiguió encontrar el piso. Se presentó allí. Por suerte su hijo no estaba en ese momento pero le generó una angustia terrible".
Otro de los casos que recuerda es el de una chica marroquí que acabó secuestrada por sus padres. "Una de sus tías la engañó para que fuera a verla a Francia. No volvió. No hemos vuelto a saber nada de ella. Creemos que la casaron en Marruecos". O el de una pareja de chicos afganos condenados a muerte que consiguieron escapar del país con ayuda de la Fundación... "Fue una epopeya. En represalia los talibanes mataron al padre de uno de ellos", recuerda
Toda esa red funciona gracias a una pareja de empresarios retirados que pusieron en pie la Fundación Eddy y viven volcados en ella. "Podrían estar jugando al golf en la Costa del Sol, pero no es así", recalca Ródenas. Están presentes y sufragan muchos de sus gastos, que ascienden a unos 150.000 euros al año.
También cuentan con una aportación del Ayuntamiento, además de donaciones de personas anónimas y de algunos famosos que no quieren figurar, aunque Ródenas desliza que Los Javis o Lorenzo Castillo se han implicado mucho. Este año están de suerte: Lady Gaga, a través de su fundación, Born This Way, ha hecho una donación "suficiente para mantenernos durante dos años".
A pesar del optimismo que transmite, Ródenas lanza un mensaje: "Madrid es un oasis, aquí hay recursos que no hay en otras ciudades, pero sigue habiendo mucho rechazo aunque parezca que todo está normalizado. Desde fuera parece que hemos avanzado mucho pero no es así. Mucha más gente de la que parece lleva una doble vida y está armarizada. Sobre todo las mujeres lesbianas. Eso es una señal de algo ¿no?".























