
























Alejandro Roemmers (Buenos Aires, 1958) es de esos hombres que se saben re�r con los ojos. Se nota que es una persona contenta, como lo son quienes son conscientes de que existen peores realidades de las que habitan porque la suya est� tapizada de espumas y terciopelo.
A los 15 a�os recal� en Santa Mar�a de los Rosales, el colegio en el que estudi� el Rey Felipe. La familia se hab�a trasladado a Madrid por la amenaza de la guerrilla que entonces asolaba Argentina. Eran un objetivo claro para el secuestro: Roemmers es uno de los laboratorios m�s importantes de Iberoam�rica y hoy factura cerca de 1.600 millones anuales y emplea a 7.000 personas.
Alejandro cuenta que muchas noches iba con sus amigos a Keeper, esa discoteca que en 1971 abri� cerca de la sierra. Lo pasaba bien, claro, pero despu�s se iba con su moto a merodear por El Escorial, solemnidad herreriana en el fr�o estrellado. El jueves en Par�s todav�a recordaba el poema que urdi� en aquellas noches de mejillas heladas: "Casto monasterio,/ en tu esbelta desnudez...". Estos d�as prepara la presentaci�n de un libro en el que recopila sonetos que ha escrito en los �ltimos a�os. S�, sonetos. Por si no se acuerdan, les refresco la memoria: 14 versos endecas�labos distribuidos en cuatro estrofas: dos cuartetos y dos tercetos. En El Rosales se ense�aba as�: ABBA / ABBA / CDC / DCD. Hace dos semanas se recitaron en Granada de la mano de Luis Alberto de Cuenca.
Alejandro escribi� su primer poema a los 14 a�os. "Empec� desde chico. Y supongo que siempre seguir� escribiendo poes�a". Las novelas son otra cosa. Y precisamente por una novela Roemmers est� en Par�s. Durante la pandemia empez� a escribir El misterio del �ltimo stradivarius (Planeta) que, tras publicarse en Espa�a el a�o pasado, se acaba de traducir al franc�s. "Estaba en una finca en C�rdoba y le� una noticia sobre un crimen en Paraguay en la que aparec�an unos stradivarius. Pens� que era una novela y empec� a imaginar c�mo pod�an haber llegado esos violines all�. Vargas Llosa me hab�a dado adem�s un consejo: escribir simplemente una buena historia, sin intentar transmitir ning�n mensaje". Del nobel es el pr�logo de la novela, un recorrido entretenido y did�ctico de la historia de Europa a partir de ese �ltimo viol�n que el genio de Cremona firm� con su sangre. Es uno de los �ltimos textos que escribi� antes de morir en abril de 2025: "Me llama mucho la atenci�n el caso de Alejandro Roemmers. No recuerdo haberle o�do hablar, desde que lo conoc�, de sus negocios e inversiones. De lo que hemos hablado, cada vez que nos hemos encontrado, ha sido de literatura".

Alejandro Roemmers y su madre Heba Colmann.CEDIDA POR LA FAMILIA
Y de eso -literatura- es de lo que habla esencialmente en esta entrevista, aunque tambi�n, muy puntualmente, se deje llevar por la preocupaci�n que le producen las derivas iliberales del mundo. Es una de esas almas sensibles que pululan ante la incredulidad que producen ciertas crudezas del mundo. Quiz�s por eso sus poemas resulten melanc�licos, por mucho que en ellos se describan plenitudes y alegr�as. "Es dif�cil escribir poemas felices. La presidenta de la Asociaci�n Americana de Poes�a dec�a que no existe ning�n poema feliz. Y yo le respond�a: 'Pero si yo soy muy feliz, �qu� hago entonces?'. Me dijo: 'Ya ver�s c�mo te las apa�as'". Y se ha ido apa�ando, porque sus libros de poemas han tenido multitud de reconocimientos. Aunque la tragedia s� alcanz� a la familia Roemmers. Fue en 1998, cuando Cristian, su hermano menor, falleci� a los 30 a�os en un accidente de parapente durante una competici�n en Mendoza, Argentina. Aquello rasg� para siempre la alegr�a de su madre, a quien el poeta est� muy unido. Cuenta que para festejar su cumplea�os le ha organizado una fiesta en la que se cantar�n fados, su m�sica predilecta. Su padre, Alberto, era otra cosa, fruto de tiempos diferentes. Habr�a que tener en cuenta que Alberto Jos�, el patriarca, originario de Renania (Alemania), fund� de la nada los laboratorios y que fue tan exigente con su v�stago como lo ser�a �ste con Alejandro y el resto de sus hermanos. El poeta tuvo que postergarse tras el empresario hasta que a los 45 a�os dej� la primera l�nea de los laboratorios. Entonces la escritura volvi� a convertirse en una prioridad frente a los negocios. "Nunca hice vida de caf�s literarios ni particip� en concursos".
Estudi� Administraci�n de Empresas porque su padre as� se lo exigi�. "Dud� mucho entre estudiar letras o dedicarme a la empresa familiar. Me gustaban much�simo las humanidades y la filosof�a, pero tambi�n quer�a independencia econ�mica". Descubri� as� que le gustaban el marketing, "la estrategia y la negociaci�n". A Roemmers se le nota mucho cierto pudor generacional cuando nos cuenta los esl�ganes publicitarios algo subidos de tono que se le ocurrieron. Le deben de parecen una chorrada, pero son prueba de ingenio.
Roemmers destaca siempre que aprendi� mucho en aquella �poca en la que estuvo en la empresa. "Entend� que la diferencia entre compa��as no est� en los productos sino en las personas. Quer�a gente feliz, motivada, creativa".
En 2011 public� El regreso del joven pr�ncipe, descrita como la secuela espiritual de El Principito de Saint-Exup�ry. Fue un �xito literario -se lee en los colegios argentinos- y se ha traducido a 40 idiomas.
Sus or�genes, esa suerte, sin embargo, han sido tambi�n un lastre, pues nunca se ha sentido "completamente aceptado por el ambiente literario por su procedencia". Como si el privilegio fuera merma para el talento y los versos tambi�n tuvieran que dar cornadas. "Existe el prejuicio de que si tienes dinero no puedes tener sensibilidad", resume.
Roemmers es tambi�n un hombre profundamente religioso que entabl� una relaci�n muy especial con el papa Francisco cuando solo era Bergoglio. Con �l colabor� en mucha de la obra social por la que m�s tarde ser�a reconocido. De �l cuenta muchas cosas: su sentido del humor, mucha socarroner�a argentina, la perspicacia... Quiz�s por esa relaci�n conoce bien la historia de los jesuitas y har� algo muy especial para celebrar los 800 a�os de la muerte de San Francisco de As�s, sobre quien hizo un musical. Por eso recibe la visita de algunos monjes ataviados con el h�bito. Incluso uno se toma una copita de champagne durante la presentaci�n de El misterio del �ltimo stradivarius.
Otra de sus preocupaciones, que compart�a con su amigo Bergoglio, son los efectos de las pantallas. "Creo que cuanto m�s avanza la tecnolog�a m�s se empobrece el ser humano si no hay sensibilidad. Me preocupa especialmente el efecto sobre los j�venes. Financi� una serie llamada Adictos a las pantallas sobre casos reales de adicci�n". Se puede ver en Atresplayer. Ambos compart�an el empe�o de que el avance tecnol�gico no destruya del todo la sensibilidad humana. "Este es el fin de la poes�a. Sin arte, m�sica, belleza... la vida se convierte en mera supervivencia".
Habla mucho de la importancia de saber ponerse en el lugar del otro, que se traduce en el "amar a todas las criaturas" de San Francisco. "Eso me lo ense�� mi madre desde ni�o. Creo que la literatura sirve precisamente para eso: vivir otras vidas y comprender otros puntos de vista".

Alejandro Roemmers junto a su madre y uno de sus hermanos.CEDIDA POR LA FAMILIA
Uno de sus poemas se titula Eternamente enamorado. �Este es usted? "En poes�a trato de aplicar tambi�n eso de ponerme en el lugar del otro; hablo tambi�n de los sentimientos del otro".
La pregunta sobre la hispanidad frente al indigenismo parece obligada, aunque muchas veces se trate de una pol�mica que algunos dan por zanjada desde hace siglos.
"En Argentina no existe ninguna pol�mica con Espa�a. La vemos con much�simo cari�o. Compartimos lengua y cultura. Yo me enamor� de Espa�a cuando me fui a vivir all�".
Un verso de Espa�a en m�, el libro que le prolog� Luis Alberto de Cuenca, lo resume todo: "De Quito a Delfos/ me llevaste en el almuerzo".
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