
Son muy distintas entre sí las bodas que se han celebrado este fin de semana en la piel de toro. Unas parecen sacadas de una novela de las hermanas Bronte por la puesta en escena decimonónica y el neoclasicismo vistiendo tanto de los novios como de los invitados, claramente llevado al límite. Otras responden a la aspiracionalidad de las grandes familias de linaje que les esnobean y otras responden más a la voluntad instagrameable de los asistentes. Eso sí, todas desprenden un importante chorreo de pasta, de felicidad también, al menos por ahora. De barroquismo, de excesivo skincare e implicación en la organización por parte de la contrayente, de disfraz por parte del novio que se encuentra incómodo con el chaqué. Diseccionemos.
























