
La influencer Laura Escanes.
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Hay atisbos de interés en las nuevas famosas. Algunas casi parecen haber entendido que en el beige no hay diversión. Ni engagement. En la desvergüenza (más bien bordería) de las Pombo o en el poco pudor de Laura Escanes se vislumbra una posibilidad de que ellas sean, esta vez sí, la esperanza de las revistas, su tabla de salvación, su ansiado reseteo ahora que las clásicas están de retirada, por puros motivos demográficos. Que molen de verdad, vamos.
Preysler se acerca a los 80, Naty ya los ha rebasado. La primera al menos tiene una heredera. Pero con la irritante (y simpar) Tamara no es suficiente. Y además la niña Falcó ha ralentizado su ritmo de creación de contenido. Con lo entretenida que era cuando rompió con Íñigo Onieva. Ahora ha vuelto al beige. Quizá porque fuera de los tonos empolvados hay menos posibilidades de cazar una #publi con alguna marca. El dinero es conservador, sobre todo el de los anunciantes. Y ahora la pasta está ahí, no en el kiosko.
El modelo de negocio de la famosa española estándar ha cambiado. Sin oficio pero con beneficio. Aunque ahora este último sale de otros sitios: podcasts, campañas en redes, colaboraciones pagadas. Se acabaron los ingresos semanales a base de exclusivas contando la nada una y otra vez. Hoy los ritmos son endiablados: si la televisión obligó a actualizaciones casi diarias, las redes imponen la creación de contenido en tiempo real.
Lo cierto es que esto último es muy parecido al verbo que la famosa española estándar siempre ha rehuido: trabajar. Estar todo el día haciendo cosas y enseñándolas es, en cierto modo, justo eso. Tu entregas tu tiempo a cambio del mío viéndote (y comiéndome tu #colaboracionpagada). Pero siempre preferiré ver a una pija borde (ver: Pombo) o una tía que da la sensación de ir a perder los papeles en cualquier momento (ver: Escanes). La primera que se haga un "¿Hood rat de qué, pedazo puta?", a lo Rosalía, tendrá mi atención para siempre. Se supone que el beige calma la vista, pero a mí me da sueño. Sois aburridísimas, tías.


























