Superó la enfermedad en diciembre
La actriz conversa con LOC sobre su nuevo momento vital, lo segura que se siente de su soltería, la importancia del trabajo y el interés de la prensa en su historia. "Cuando aparece la enfermedad, se genera una cosa que es muy cristiana: la compasión... pero la compasión viene acompañada del morbo",.

La actriz Antonia San Juan, en una imagen reciente.
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Antonia San Juan cumplirá 65 años el próximo 22 de mayo... y las semanas previas a su gran celebración han estado llenas de aplausos e ilusión. Y es que, el pasado marzo, Mónica Naranjo le entregó un Premio Dial -mientras el Recinto Ferial de Tenerife aplaudía sin descanso- y este 11 de marzo ha recibido un Premio Astarté, en el marco del Festival de Cine de Ibiza. "Creo que si hay algo que yo he recibido en mi vida ha sido reconocimiento. Y creo que ha sido porque me he hecho respetar. Nunca he vendido mi vida privada, nunca he mercadeado con nada y todo lo que he conseguido me lo he ganado a pulso. A la prensa siempre le he dicho hasta aquí sí y hasta aquí no y me he dedicado a vivir de mi trabajo", ha confesado a LOC, desde el hotel ibicenco Ocean Drive Talamanca.
- Habla sobre hacerse respetar, que es algo que no muchas figuras públicas consiguen. ¿Le ha costado lograrlo?
- Yo creo que esto es algo que le cuesta a todo el mundo, porque para pedir respeto tienes que partir por respetarte tú. Y como yo nunca he presumido de nada, no he contado nada y no tengo nada que ocultar, puedo pedir respeto. Yo no he tenido ni amantes secretos ni relaciones con hombres importantes. Llevo una vida muy sencilla y he sido fiel a mis tres parejas. No hay mucho en qué excavar en mi vida, aunque ha sido una vida rica. Afortunadamente, gracias a mi trabajo, he podido estar en lugares privilegiados, que yo misma soñaba cuando tenía 20 años y las cosas que me han pasado han sido extraordinarias.
- Tiene una voz muy potente y cada palabra que dice destila seguridad en sí misma. ¿Siempre la ha tenido o la ha desarrollado con el tiempo?
- Seguro de sí mismo no hay nadie. Como dice la canción de Ana Belén: si averiguas bien todo el mundo tiene piojos y lombrices, pero tú ves a la bailarina y no sabes que tiene juanetes. Hay gente que me dice "tú impones", pero yo más humilde y cercana no puedo ser y, como todo el mundo, tengo mis inseguridades y mis miedos. Cuando la gente dice categóricamente que no tengo miedo a nada es mentira. El miedo te acompaña desde que pones los pies en el mundo y existe el miedo a que no te llamen para trabajar, a la muerte y a la enfermedad, aunque uno viva con la idea de que nunca te vas a enfermar. De hecho, uno vive con la idea de que es inmortal y de joven cometes mil locuras, como subirte al coche de un amigo que va borracho, porque dices "yo controlo"... y es precisamente ese sentimiento de inmortalidad el que nos hace vulnerables. Pero sí hay una parte de mi vida donde estoy segura y piso fuerte.
- ¿Y cuál es?
- Por ejemplo, sé que no tengo miedo a la soledad. No necesito un hombre a mi lado. Siempre he estado en pareja, pero desde hace cinco años no tengo y no necesito. Me gusta estar en mi casa sola, aunque mi vida es muy social. La gente me dice "qué guay esos viajes en los que vas a un hotel". Eso será cuando empiezas... porque lo que yo quiero es estar en mi casa, haciéndome un caldo de papas, con mis perras saltando por ahí, mientras leo un libro. ¿Y sabes qué me da seguridad? La cultura. Cuando yo he tenido miedo, sé que hay una cosa que me avala: la cultura. Me pongo el caparazón para leer, estudiar y aprender.
- Recientemente, reveló que pasó 25 años trabajando con un psicoanalista tres veces a la semana. ¿Puedo preguntarle si esto ha sido clave para desarrollar esta confianza que tiene?
- Todo eso ha colaborado para ser quien soy. La mejor inversión que yo he hecho en mi vida, en cuanto a dinero y tiempo, ha sido el psicoanálisis. Sin lugar a dudas. Además, me ha hecho mirar la realidad de otra manera.
- Desde que anunció que tenía cáncer, en septiembre de 2025, la prensa puso los ojos en usted. Su historia ha suscitado interés. ¿Cómo ha llevado el hecho de estar en la palestra?
- Yo he hecho obras de teatro donde no ha ido nadie de la prensa. Pero cuando aparece la enfermedad, se genera una cosa que es muy cristiana, la compasión... pero la compasión viene acompañada del morbo. La gente quiere saber cuántas terapias te han hecho, dónde tienes el cáncer, si has tenido náuseas, qué te dijo el médico. Y esas son preguntas que se hace mi tía, la tuya, las haces tú, las hago yo. Y no me molesta que las hagan. Porque, en este caso, yo me he expuesto para desmitificar la enfermedad. Para decir "se puede tener un cáncer, pero no vivir como una persona enferma de cáncer". ¿Cáncer significa muerte? No, porque aquí estoy. ¿Que puede pasar? Sí, puede pasar, pero no siempre va a pasar.
- En diciembre del año pasado, anunció que superó la enfermedad y reveló que nunca dejó de trabajar. ¿Cree que el hecho de mantenerse activa ha sido clave en su recuperación?
- Sí. Yo creo que trabajar es un don y yo soy una apasionada de mi trabajo. No he hecho otra cosa en mi vida e incluso cuando era camarera pensaba en ser actriz. Hice teatro toda mi infancia y he podido vivir de esto. Todo lo que tengo lo he conseguido con esto. Pero también te digo una cosa: creo que sería feliz con cualquier trabajo, porque tengo gran capacidad de adaptación. Si algo es negro, me convierto en negro. Si algo es marrón, me convierto en marrón. Así que creo que me haría ilusión cualquier trabajo, porque a mí lo que me gusta es la vida.
- Falta un poco más de un mes para su cumpleaños. ¿Piensa hacer una gran celebración?
- Yo siempre lo celebro y ahora que cumplo 65 lo quiero hacer por dos razones: una, porque va asociado a una cosa que se llama "jubilación", aunque yo nunca me voy a jubilar, y otra, porque después del cáncer hay un antes y un después... y ahora me toca vivir.
























