¿Cómo se come eso? ¿Son souvenirs inofensivos del pasado o símbolos de que aquello no fue tan terrible? ¿Despiertan simpatía real?

Carmen Martínez-Bordiú en 'Mira quién baila'
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Desconfíen de quien asegure que algo, lo que sea, "es muy sencillo". Con muy pocas excepciones, todo es muy complicado. Un programa como Gran Hermano es, en apariencia, simplísimo. Sin embargo, lo que el espectador ve en la pantalla es el resultado final de mil engranajes, mecanismos, decisiones y planes. También son complejas las interacciones de ese tipo de televisión con sus espectadores. Todavía no hemos visto a un descendiente de Hitler ganar la versión alemana del concurso, pero sí a la biznieta de Mussolini, Alessandra, hacer lo propio en la italiana. ¿Cómo se come eso? ¿Banalización del fascismo original? ¿Separación del autor y la biznieta? ¿Olvido? ¿Perdón? ¿Morbo?
Puede que todo lo anterior sea correcto. Lejos quedan los tiempos en los que Mercedes Milá definía el primer Gran Hermano español como "un experimento sociológico". Y lo era, pero, como bien señala siempre Juan Sanguino, el sujeto de ese experimento no eran los concursantes del programa, sino los espectadores. Nosotros. Con los primeros GH y OT (cuando eran todavía Gran Hermano y Operación Triunfo) comenzó un cambio social en España que ahora está en su apogeo: la cultura de la celebridad, la idea de la fama como absoluto, la popularidad como valor de cambio. El fenómeno empezó en unos países antes que en otros pero hoy ninguno se libra de sus consecuencias. La principal es la pujanza de El Famoso y La Famosa, personas cuyo reconocimiento social nace de su conversión en entretenimiento. Belén Esteban es el ejemplo más claro.
Ella ya no es ni siquiera su mediático origen (la expulsión de la finca Ambiciones con su bebé en brazos, como en el mejor de los culebrones), pues muchos de los que la siguen ni siquiera conocen ese mito fundacional. Belén es concreta (la ex de Jesulín, la madre de Andreíta, "cómete el pollo") pero sobre todo es... ella. Si preguntas por la calle quién es Belén Esteban probablemente muchas personas no sepan dar una respuesta más allá de "Belén Esteban".

Alessandra Mussolini tras ganar Gran Hermano en Italia.MEDIASET ITALIA
En Italia les pasa algo parecido con Alessandra Mussolini. Y aquí con Carmen Martínez-Bordiú. Como la biznietísima italiana, la nietísima española también participó en ¡Mira quién baila!, un show televisivo en el que, si nos creemos realmente lo que nos cuentan, los espectadores tenían voto. Y en una de las galas la votaron a ella. Tabú mediante, Martínez Bordiú rara vez es definida como lo que es, lo único que realmente es. En este caso, las cosas sí son muy sencillas: Carmen Martínez-Bordiú es una de las nietas de Franco, punto. Algo de lo que, solo faltaría, no podemos pedir que reniegue. También algo que, solo faltaría, no tenemos por qué olvidar. Carmen es la representante suprema de la pacocracia franquista, pero sobre todo es Una Famosa. Como tal concursó en ¡Mira quién baila!, junto a otros famosos como Chayo Mohedano, Antonia Dell'Atte o Felisuco. En un universo paralelo en el que España no recuperó la democracia, Carmen Martínez-Bordiú es una especie de princesa. En el mundo real, baila en la tele con (¡contra!) una Miss España (María Reyes) y un triunfito (Guillermo Martín). Y Alessandra Mussolini gana en Grande Fratello VIP. Si esto último no es otro experimento sociológico, ustedes me dirán.
Como ocurre estos últimos años con las votaciones (a Israel) del festival de Eurovisión, todas las teorías posibles son interesantes. Tanto si los votos populares son absolutamente limpios como si mecanismos oscuros los manipulan, que personajes como Carmen Martínez-Bordiú o Alessandra Mussolini sean, aunque solo sea por una noche, las concursantes favoritas, tiene interpretaciones curiosas. ¿Puede su simpatía y telegenia, desvergüenza incluso, compensar lo que sus apellidos siguen representando? ¿O acaso éstos despiertan simpatía real en personas reales?
¿Son esas personas nostálgicas de Francisco y Benito o gente joven que, como dicen algunos estudios, ha convertido a esos dictadores en figuras mitológicas? ¿Qué son entonces Alessandra y Carmen? ¿Souvenirs inofensivos del pasado o símbolos de que aquello no fue tan terrible? ¿Hay ironía (incluso crueldad hacia ellas) en sus éxitos televisivos o realmente gustan? ¿Puede más el share que la memoria histórica? ¿Se comió finalmente el pollo Andreíta? ¿Por qué es todo tan complicado? En el caso de Alessandra Mussolini, que participa activamente en política, el análisis está algo más claro. Y da más miedo. Pero lo de Carmen Martínez-Bordiú sigue siendo incomprensible. No canta, no baila, pero, por lo que sea, no nos la perdemos.









