























El hasta hace unas semanas presidente de Indra, �ngel Escribano, resum�a bien el cambio de paradigma para el sector de la defensa en Espa�a que se vive en los �ltimos a�os: "Antes no pod�as decir que te dedicabas a esto, te inventabas otra cosa", reconoc�a en una de sus �ltimas intervenciones p�blicas.
La irrupci�n de �l y su hermano en la lista de Los m�sricos es de las m�s fulgurantes e ilustra el porvenir de un sector que ha pasado de d�cadas de pelea por las migajas que iban cayendo de un Ministerio en tercer plano en lo presupuestario a uno de los campos con mejores proyecciones a futuro.
El camino de los Escribano se ha pavimentado con buenas dosis de azar y apuestas fuertes, fruto de lo cual entran entre los 100 m�s ricos con un patrimonio de 1.175 millones, gracias a su empresa y, sobre todo, al 14% de Indra que poseen y que se ha revalorizado espectacularmente desde su compra en 2023. Un ascenso que ha levantado suspicacias en un mundo de dinero viejo que miraba con recelo el ascenso de los herederos de un taller familiar creado en 1989 como Mecanizados Escribano y especializada en tornos industriales. Sin embargo, desde los 2000, vieron su oportunidad en las m�quinas de corte de alta precisi�n y el sector tecnol�gico-militar y decidieron lanzarse.
En este ascenso, hay dos historias que ilustran el inusual auge de los Escribano y su visi�n de hombres hechos a s� mismos. La primera es la entrada a formar parte de la cadena de proveedores de Airbus (entonces Casa) gracias a la audacia de �ngel, que se invent� una cita con un comercial para poder presentarle la empresa al fabricante de aviones. La segunda es la entrada del fondo soberano de Om�n en el capital de la compa��a, cuando tom� el 32% del capital por 18 millones de euros en 2016. Esta se produjo gracias a otra situaci�n curiosa. Los hermanos ayudaron a un proveedor de la regi�n a conseguir asientos para ver el f�tbol en un partido en el Santiago Bernab�u. Este, a cambio, se ofreci� a presentarles al fondo soberano.
En 2016 el pa�s �rabe entr� en el capital de la empresa de defensa espa�ola por 18 millones por el 32% y sali� en 2022 cuando �ngel y Javier recompraron la empresa por 34 millones, casi el doble. La operaci�n arrojaba una valoraci�n de 100 millones que se ha quedado muy corta en apenas tres a�os.
Era el preludio de su gran salto a la escena p�blica que lleg� con la compra del 3% de Indra en mayo de 2023, cuando desembolsaron unos 65 millones de euros a un precio medio de 12,41 euros. En noviembre, elevaron su posici�n al 8%, una participaci�n ya valorada en 200 millones de euros, a los 14,59 euros el t�tulo que cotizaba la acci�n. El salto final se dio a finales de 2024 cuando Escribano lleg� a su situaci�n actual al revelar un 14,3% del capital cuando el papel de la empresa de defensa val�a 17,19 euros y empezaba a calentarse tras la victoria de Donald Trump en las elecciones de EEUU.
El 19 de enero de 2025, los Escribano completaban su ascenso. Marc Murtra, presidente de Indra entonces, dejaba la compa��a para dirigir Telef�nica y Moncloa apuntaba a �ngel Escribano para ocupar la presidencia y crear por fin el gran campe�n nacional de defensa. Las acciones abrieron con 18,59 euros ese lunes 20, la primera jornada de Escribano como presidente y llegaron a tocar los 64,5 euros el 4 de marzo de 2026.
El paquete de los hermanos -que en el momento de fin de las compras val�a 434 millones de euros, y para cuya adquisici�n se hab�an endeudado considerablemente- pasaba a estar tasado en m�s de 1.600 millones de euros.
Pero a�n faltaba el plato fuerte. Cerrar el c�rculo y que Indra terminara comprando Escribano Mechanical & Engineering. El humilde taller de Coslada ya era la segunda empresa del sector y aspiraba a contratos milmillonarios que se acab� llevando de la mano de Indra, como los 7.000 millones en programas de artiller�a.
De los 100 millones de tasaci�n en la compra a Om�n, la compa��a ahora pasaba a estar valorada en torno a los 1.500 millones, una cifra que comenz� a poner inc�modos a los consejeros del grupo, especialmente ante el conflicto de inter�s que supon�a que Indra comprara la empresa de su presidente.
La posibilidad de que la operaci�n convirtiera a los hermanos en los mayores accionistas de Indra termin� por convencer al Gobierno de que estos hab�an ido demasiado lejos y la Sepi exigi� la renuncia de �ngel Escribano, que termin� por ceder el pasado 1 de abril. Por el camino, una pugna que ha dejado la acci�n de Indra en 53,6 euros, un 16% menos que en m�ximos.
Esta cifra se suma a la valoraci�n que pueda tener EME en una operaci�n corporativa, sea de nuevo con Indra en un futuro como con un tercero, como podr�a ser la alemana Rheinmetall. En los mentideros financieros se ha empezado a filtrar el nuevo precio, 2.500 millones de euros, una valoraci�n amparada en los 800 millones de euros que el grupo espera facturar en 2026. Ahora, queda por ver el rol que juegan en el futuro de Indra y en el de la defensa espa�ola.
En la salida de la presidencia de Indra de Escribano y en su tensa relaci�n con el Gobierno tienen mucho que ver unos compa�eros de sector y accionariado de Indra, los hermanos Aperribay, due�os de Sapa Placencia y los terceros m�ximos accionistas de la cotizada. Sapa y sus due�os han recorrido un camino paralelo a los Escribano, aunque su punto de partida, tambi�n familiar, es muy diferente y en su horizonte no aparece la palabra venta.
Jokin e Ibon Aperribay heredaron la compa��a que compr� su padre y cuyos or�genes se remontan a 1573. Ese a�o se fund� la F�brica de armas port�tiles de fuego y blancas de guerra de la Villa de Placencia, posteriormente Real F�brica de Armas. Desde las instalaciones se suministraron mosquetones para la guerra en Am�rica y artiller�a en un periplo por el que la instalaci�n pas� por varias manos hasta que en 1935 su due�a, la brit�nica Vickers, plante� la disoluci�n de la compa��a.
Esta acab� siendo comprada por industriales vascos que construyeron la f�brica actual en Andoain, de la que Joaqu�n Aperribay Elos�a, padre de la generaci�n actual, tom� el control en 1985. En el �ltimo siglo, la empresa se especializ� en desarrollar transmisiones y elementos de veh�culos blindados.
Los Aperribay, de todos modos, son m�s famosos por su implicaci�n en la Real Sociedad. De hecho, Jokin Aperribay tom� las riendas del club de f�tbol en 2008, antes de dirigir Sapa, y actualmente su foco est� m�s en el equipo, al que ha llevado de Segunda Divisi�n a competir por Europa y ganar su segunda Copa del Rey la semana pasada. Su hermano Ibon es la cara visible del d�a a d�a de Sapa. Con todo, Jokin representa los intereses del grupo en el consejo de Indra y ambos preparan ya el relevo para la pr�xima generaci�n, que ha desembarcado en el negocio de una familia que cuenta con su cercan�a al PNV como aval en un sector con marcado cariz pol�tico.
A los hermanos Aperribay (tres con Miren Aperribay, desligada del negocio), el pulso por el liderazgo en Indra y la ca�da de la acci�n les ha costado su puesto entre los 100 m�s ricos, pero la jugada para su patrimonio es equivalente a la de los Escribano. En 2021 desembolsaron 90,8 millones por el 5% que ten�an los March y en 2024 elevaron su participaci�n al 7,94%, que conservan actualmente en una operaci�n valorada en algo m�s de 80 millones. Su paquete de acciones vale actualmente m�s de 700 millones de euros, m�s de cuatro veces superior al desembolso previo, lo que alivia las presiones financieras por los pr�stamos tomados para concretar la toma de posiciones en la mayor compa��a de defensa espa�ola.
En paralelo, Sapa participa en proyectos clave del Ej�rcito como el pol�mico 8x8, donde comparte accionariado con Indra, Escribano y Santa B�rbara, un p�quer de empresas en permanente reparto de culpas por los fallos en la fabricaci�n de los veh�culos.
Aunque su gran objetivo est� en Estados Unidos, donde sus transmisiones apuntan a ser usadas en los nuevos blindados del ej�rcito del pa�s gracias a su alianza con Santa B�rbara en un contrato a 15 a�os de 5.000 millones del que el grupo vasco recibir�a una parte que cambiar�a la dimensi�n de la empresa, cuyo modesto crecimiento ha sido usado para sembrar dudas sobre la verdadera salud financiera del grupo.
En la lista tambi�n est� presente la gran familia de la defensa espa�ola, los Sendagorta, due�os de Sener, que duplicar� el tama�o de su f�brica para armamento en Zamudio (Vizcaya) hasta contar con 44.000 metros. La compa��a lanz� en marzo Dcode, una nueva filial de ciberseguridad,despu�s de disparar un 85% las ventas del grupo en dos a�os. "Tenemos el viento de cola y esperamos crecer a doble d�gito", dijo Jorge Sendagorta, CEO de Sener y nieto de uno de los fundadores del grupo, que ha puesto en pie en otros sectores en auge como los drones y los centros de datos en los �ltimos a�os.
Por debajo, existen numerosas familias con leg�timas aspiraciones de hacer volar su negocio como Luis Furnells, propietario de Grupo Oes�a, que cuenta con Tecnobit como gran filial militar. Otra candidata es la familia Sierra, due�a de la gallega Urovesa cuyos veh�culos militares Vamtac se venden por medio mundo y que duplicar� su capacidad de producir veh�culos para pasar de 2.500 a 5.000 al a�o en un �rea de m�s de 100.000 metros cuadrados. O GMV, el gigante tecnol�gico espacial tambi�n en manos de una familia, en este caso los Mart�nez Walker.
El otro gran punto de inter�s es c�mo el auge del sector influir� en los otros grandes patrimonios. Ah�, destaca el ejemplo de ACS, que busca contratos por 52.000 millones vinculados al sector y remodelar� el edificio de instrucci�n general de la escuela militar de West Point. La familia Dom�nguez, due�a de la cadena Mayoral, ha puesto sus ojos en el espacio y sus aplicaciones de seguridad con apuestas como Sateliot y Aistech, donde tambi�n invierte el fundador de IVI, Carlos Pellicer.
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