





























La liturgia de las reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial es siempre la misma: los cerezos en flor en Washington, la llegad de los delegados de 191 pa�ses para hacer balance semestral de la econom�a mundial, un calendario prefijado: hoy, 14 de abril, el World Economic Outlook, el documento de previsiones del FMI (se espera un retroceso del crecimiento mundial), el 16 de abril las reuniones de los ministros de Finanzas y de los banqueros centrales del G7 y luego del G20, el 17 el Comit� Monetario y el 18 el de Desarrollo del Banco Mundial, y despu�s todos a casa.
Pero si la liturgia no cambia, las tem�ticas paralelas al desarrollo econ�mico, los factores "externos" que pueden impactar el crecimiento, nunca hab�an sido tan numerosos, complejos, nuevos y cargados de incertidumbre: la guerra, el rebote de los precios del petr�leo y de la inflaci�n, la preocupaci�n por la tasa de empleo flotan en el ambiente pero, parad�jicamente, esto no es nada frente a las dos verdaderas "bombas de relojer�a" que marcar�n estas reuniones de primavera de 2026 y que despiertan terror entre funcionarios del Fondo, pol�ticos, ministros y, sobre todo, los banqueros, que siguen el proceso desde los m�rgenes y que m�s que nadie podr�an tener que soportar las consecuencias de los nuevos desaf�os:
Y hablamos de importes que, en los peores escenarios, podr�an causar serios da�os.
En resumen, el peligro de una tormenta perfecta no viene hoy de la guerra contra Ir�n, sino de la combinaci�n a�n desconocida de estas dos variables.
Pero empecemos por la guerra, ese factor de combusti�n repentina e imprevisible que, tras un momento de esperanza durante el fin de semana, depositada en las negociaciones entre Ir�n y Estados Unidos, nos ha devuelto, con el fracaso del di�logo, a la din�mica de subidas del petr�leo e inflaci�n que conocemos demasiado bien.
La Casa Blanca ya ha discutido con el Tesoro posibles medidas si la guerra se prolonga m�s de tres meses y si el bloqueo completo del estrecho de Ormuz, que ser� impuesto desde hoy por Estados Unidos, tiene consecuencias peores de lo esperado sobre el precio del petr�leo y el combustible en las gasolineras.
Las subidas ya est�n aqu�: el crudo ha vuelto a superar los 100 d�lares por barril durante el fin de semana, con saltos del 7-8% seg�n el tipo de petr�leo, y precios que esta ma�ana, mientras escribimos, se sit�an entre los 102 y los 107 d�lares por barril. Pero, �hasta d�nde pueden llegar?
Aqu� entramos de nuevo en territorio de incertidumbre: existe el precedente de los 120 d�lares para el Brent en los momentos m�s tensos de la guerra, pero hay nuevos niveles estimados que podr�an llevar los precios incluso a 150 d�lares si el cierre total del estrecho de Ormuz anunciado por Donald Trump se prolonga demasiado.
La preocupaci�n no est� tanto en el nivel de los precios, que han demostrado ser muy el�sticos, sino en la duraci�n de la crisis y sus consecuencias sobre la inflaci�n (ya situada en torno al 3,3% interanual en Estados Unidos en marzo, con un aumento del 0,9%) y sobre unos tipos de inter�s ya tensionados.
Aunque la guerra preocupa, las din�micas son conocidas y las herramientas para combatir la inflaci�n tambi�n: una subida de tipos, ya parcialmente descontada por los mercados, tendr� efectos restrictivos sobre el crecimiento. De ah� la previsi�n de una reducci�n generalizada de las tasas de crecimiento globales que se publicar� hoy.
Se considera adem�s que el impacto negativo ser� mayor en Europa y Asia que en Estados Unidos, y que ser� necesario estudiar medidas coordinadas de intervenci�n seg�n los escenarios. Un panorama preocupante, pero no imprevisible ni inmanejable, ya que hemos pasado por situaciones similares varias veces en las �ltimas d�cadas.
Los aspectos m�s preocupantes en t�rminos de incertidumbre proceden de dos factores nuevos, en este momento desconocidos e incontrolables.
El primero: el impacto de la IA del nuevo modelo Claude Mythos de Anthropic. Sabemos que el modelo ha sido lanzado de forma restringida a unas cuarenta grandes empresas estadounidenses para ayudarles a anticipar ciertas vulnerabilidades de sus sistemas de software que podr�an ser f�cilmente identificadas por Claude Mythos y por hackers si tuvieran acceso a la tecnolog�a. Pero la cuesti�n clave para las reuniones es la identificaci�n, por parte de Mythos, de vulnerabilidades en sistemas financieros, de pagos y transferencias, que podr�an causar fraudes colosales e imprevisibles. El peor escenario: una paralizaci�n de los sistemas financieros.
De esto han hablado en los �ltimos d�as el secretario del Tesoro Scott Bessent y el presidente de la Fed Jerome Powell con banqueros estadounidenses convocados de urgencia en Washington.
Pero ahora se trata de ampliar el di�logo a todo el sistema financiero internacional.
Por ahora Claude Mythos solo ha sido entregado a algunas entidades bancarias estadounidenses para ayudar a detectar vulnerabilidades y anticiparse a ellas. �Y los bancos europeos? �Y los asi�ticos? El riesgo de contagio en este caso es colectivo. Imposible aislarlo.
En Washington, en los pr�ximos d�as, en paralelo a las reuniones programadas, deber� plantearse un comit� de acci�n internacional para compartir riesgos, preocupaciones y vulnerabilidades antes de que Mythos pueda caer en manos de hackers o criminales. Este es el desaf�o m�s novedoso que dominar� las reuniones de primavera.
El otro es menos nuevo, pero no por ello m�s conocido: �cu�l es el grado de vulnerabilidad del sector del cr�dito privado? �Cu�l ser� su impacto sobre las empresas en primer lugar y sobre las econom�as despu�s si se produce una repentina crisis de liquidez?
Lo que s� sabemos es que grandes bancos comerciales como JP Morgan ya han limpiado parte de sus carteras de cr�ditos m�s arriesgadas, con altas rentabilidades, pero se trata simplemente de una transferencia del problema hacia otros actores que podr�an tener una propensi�n al riesgo directamente proporcional a su propia fragilidad.
El sector, como sabemos, trabaja mucho con los fondos de private equity, que en muchos casos ya tienen dificultades para deshacer ciertas posiciones de cartera en vencimiento debido a la incertidumbre econ�mica provocada por la guerra, pero tambi�n por el posible impacto en sectores que van desde el software hasta la manufactura, nuevamente bajo la influencia de la inteligencia artificial.
Las autoridades, por ahora, han minimizado el riesgo. Pero minimizar, calmar y tranquilizar es su deber. Tambi�n lo hicieron en los d�as inmediatamente anteriores a la crisis de 2007/2009, desencadenada por el mercado subprime.
Esperemos que no est�n maquillando la situaci�n como entonces y que, sobre todo, aprovechen estas reuniones plenarias para coordinarse, organizar de nuevo respuestas comunes y estar preparados para anticiparse si se abre una crisis tambi�n en ese frente. Porque, como sabemos, combatir simult�neamente y sin preparaci�n en varios frentes nunca es f�cil ni agradable.
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