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Desde 2022 el reinado del tel�fono m�vil queda ensombrecido por la inteligencia artificial, una herramienta m�s nombrada, desplegada y codiciada que cualquier tecnolog�a anterior. En esta secuencia acelerada de avances y anuncios a bombo y platillo puede observarse c�mo la foto se centra primero en los grandes modelos de lenguaje (LLM), despu�s en las capas que sobre ese z�calo colocan startups de todos los rincones para ofrecer servicios m�s de nicho y, �ltimamente, en los agentes aut�nomos y los world models. La meta al final del circuito sigue siendo la misma: coronar la cumbre de la AGI, la inteligencia artificial general, capaz sobre el papel de replicar cualquiera de las tareas intelectuales propias del ser humano.
El antiguo responsable de Datos e IA en Amazon Web Services para el sur de Europa y cofundador de la startup Lead Origins (vendida despu�s), Manuel Delgado, explica que "la IA ha dejado de ser software para convertirse en una industria pesada con cifras de petrolera y, sobre todo, con problemas de petrolera". En apenas una semana, Anthropic cerr� acuerdos por valor de 165.000 millones de d�lares con Google y Amazon, cuant�a equivalente al programa Artemis II de la NASA. Semejante magnitud resalta el desaf�o de los centros de datos, energ�ticamente tan voraces como un peque�o principado, y plantea dudas hacia la sobrecarga en la red, de d�nde se obtendr� el agua necesaria para refrigerar la sedienta infraestructura o c�mo afectar�n estos zarpazos a la factura de la luz.
Todo ese enjambre de chips y computadores pr�mium se pone al servicio del agente, cuya presencia se articula de dos maneras: por una parte, permite a colosos recientes como la mentada Anthropic escribir entre el 70% y el 90% del c�digo que da alas a Claude; por otra, propicia cada vez con m�s nitidez que empresas y particulares pongan a ese sirviente digital a faenar en su propio beneficio. Ah� va otra referencia: McKinsey, una de las mayores consultoras del planeta, emplea ya a 25.000 agentes aut�nomos en labores que antes correspond�an al j�nior (y a veces al s�nior).

La idea de OpenAI, otro peso pesado del vertical m�s cacareado, es trasladar esa constelaci�n de agentes a un smartphone, que es lo que Apple y Google llevan a�os intentando hacer con mayor o menor pericia. Se tratar�a, en definitiva, de convertir el terminal en una suerte de secretario para todo y con acceso a todo: compra estos vuelos, ordena esta transferencia, env�a un mensaje a esta persona. Cada tel�fono, conviene no olvidarlo, tambi�n es una aguja que picotea en la privacidad. El dato es oro y se atrapa desde m�ltiples canales.
Pero los agentes son s�lo otro eslab�n en una cadena monta�osa cuyo culmen es la AGI, al menos hasta que resuene el siguiente gran concepto (la ASI, o artificial superintelligence). Enrique Dans, profesor de Innovaci�n en IE Business School, recela del vaticinio lanzado por Geoffrey Hinton, premio Nobel de F�sica en 2024 por sus trabajos sobre el aprendizaje autom�tico mediante redes neuronales. "Su idea se basa en que si seguimos incrementando la inteligencia de las m�quinas, llegar� un momento en que evolucionar�n por s� mismas, adquiriendo una especie de consciencia y quiz�s alcanzando la conclusi�n de que los humanos somos un estorbo. Es la denominada hip�tesis Terminator, que me cuesta comprar desde la perspectiva de la ingenier�a".
Adentr�ndose en terreno filos�fico, Dans admite la sofisticaci�n paulatina de la IA, pero recuerda que la AGI "conlleva contar con un prop�sito m�s all� de las tareas que marca el humano". Aunque tachen en el casillero una serie de objetivos y funcionen cada vez mejor, "las m�quinas no buscan multiplicarse ni hacer que su genoma persista".
La irrupci�n de Mythos, un LLM firmado (otra vez) por la estadounidense Anthropic capaz de destapar vulnerabilidades en organizaciones y empresas vitales para la econom�a, ha llevado al BCE a pedir a la banca europea planes de contingencia. Con cada iteraci�n de alguno de los grandes modelos se percibe un sobresalto, una disrupci�n, una oleada de despidos e incomodidades. Quiz�s porque el mar innovador resulta tan imprevisible, �lvaro Mart�nez-Higes, CEO de Luzia, el chatbot ag�ntico de referencia en espa�ol, anticipa un paisaje segmentado entre lanzamientos p�blicos con guardarra�les y cortafuegos para el usuario generalista y lanzamientos privados con toda la potencia de fuego para ministerios de defensa, agencias de inteligencia y ej�rcitos. Respecto a la AGI, opina el emprendedor espa�ol que "hace cuatro a�os, con los avances puestos hoy sobre la mesa, se considerar�a ya alcanzada. De hecho, llevamos 70 a�os sentenciando que la AGI irrumpir�a cuando la m�quina superase el test de Turing, otro hito logrado".
Desde el inicio de sus reflexiones en la materia, Juan Ignacio Rouyet, senior consultant en Eraneos y profesor en la Universidad Francisco de Vitoria, ha perseguido un marco �tico que suavice el flanco m�s salvaje de la IA. A la AGI asocia Bruselas el concepto de riesgo sist�mico –advierte– y esa catalogaci�n entra�a consecuencias. "Una AGI es similar a un replicante de Blade Runner [la afamada pel�cula de Ridley Scott]. La ley europea le obligar�a a informar de lo que verdaderamente es, igual que ya ocurre cuando alguien interact�a con ChatGPT". De cualquier modo, tampoco para Rouyet queda claro que ese ochomil pueda treparse. "Aqu� coexisten dos corrientes. La de la IA fuerte (con Alan Turing como pope) concluye que, si la conciencia surge cuando el cerebro, evolutivamente, se convierte en un computador casi perfecto aunque nadie sepa c�mo; la IA podr�a aterrizar en el mismo plano al dotarse con un nivel suficiente de redes neuronales. Por el contrario, la escuela del fil�sofo John Searle [y su famoso experimento de la habitaci�n china] recalca que pensar es distinto que computar y que ah� se esconde el secreto de la consciencia humana".

Quien crea que la AGI aullar� su triunfo a golpe de titulares y bajo el palio de un anuncio oficial, se equivoca. A juicio de David Villal�n, CEO de la plataforma de "trabajadores digitales" de Maisa, la industria progresar� capa sobre capa, extensi�n a extensi�n. "Llegar�n imponentes nodos, modelos superpotentes, pero el concepto m�s preciso remite siempre a una nueva capa de inteligencia por encima de la nuestra que nos permite desbloquear una percepci�n in�dita de la realidad. La AGI es como una dimensi�n adicional y entra�ar� incertidumbre, pero simult�neamente funcionar� como el micelio de los bosques [el entramado f�ngico que reparte el nutriente en los bosques]".
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