

























El or�culo de Omaha, el multimillonario estadounidense Warren Buffet, no s�lo es un referente para los inversores, sino que su fondo, Berkshire Hethaway, lidera desde hace 28 a�os en su sector la lista de empresas m�s admiradas de la revista Fortune. "La clasificaci�n se elabora a partir de una encuesta realizada a unos 3.000 altos ejecutivos y consejeros, as� como a analistas financieros, en la que se examinan las empresas que gozan de mayor reputaci�n e integridad de la compa��a", presumen en el fondo del que Buffet ya no es CEO, pero s� su primer accionista.
Por eso es un ejercicio interesante comparar el estricto c�digo �tico de pr�cticas comerciales prohibidas de Berkshire Hethaway con el comportamiento de Telef�nica, Indra o Google que refleja el juez Juan Carlos Peinado en su auto del martes impulsando el procesamiento de la esposa del presidente del Gobierno, Bego�a G�mez, por su actividad como directora de C�tedra en la Universidad Complutense (UCM).Aplicando las reglas de Buffet, estas empresas no habr�an ayudado a G�mez y se habr�an evitado esc�ndalo y testificar en esta pol�mica y larga instrucci�n por los presuntos delitos de G�mez.
Berkshire remarca: "Toda contribuci�n ben�fica o educativa que se realice, incluidos los gastos de transporte, alojamiento o comidas, deber� cumplir con la legislaci�n local y la FCPA (Ley de Pr�cticas Corruptas en el Extranjero) y no puede realizarse para obtener una ventaja inapropiada. Antes de realizar una contribuci�n ben�fica o educativa fuera de los EEUU, Berkshire y sus filiales deben llevar a cabo y documentar los procesos de due diligence (examen a fondo) adecuados, para saber si existen banderas rojas (alertas) asociadas a dicha contribuci�n que puedan aumentar el riesgo de cumplimiento de las pol�ticas anticorrupci�n".
Es decir, que si Bego�a G�mez hubiera acudido a este fondo para pedir una donaci�n econ�mica, —como hizo tambi�n con la Caixa y Reale— o en especie como a Telef�nica, Google o Indra, habr�a saltado una alarma que habr�a activado a su servicio jur�dico para evaluar si hab�a riesgo, que era evidente, porque el c�digo marca que "los familiares pr�ximos a cargos gubernamentales, es decir, hermanos, hermanas, madre, padre, esposo, esposa, hijos o hijas, son considerados cargos gubernamentales".
Sin embargo, seg�n confirma el auto, Bego�a G�mez, fue recibida al m�s alto nivel por los presidentes de la �poca de Telef�nica, Jose Mar�a �lvarez-Pallete, y de Indra, Marc Murtra, para activar la donaci�n del software sin que conste mucho m�s tr�mite interno. "Es que no lo hubo, G�mez sab�a a qui�n llamar", coinciden en afirmar a este diario fuentes conocedoras de Telef�nica e Indra.
Tampoco en Google Espa�a, donde G�mez trat� con el responsable de Relaciones Institucionales, Miguel Escassi. Todas las empresas aseguran oficialmente que el software que donaron, valorado seg�n las defensas en hasta medio mill�n de euros, era para la UCM, pero Telef�nica no ha presentado convenio firmado, Indra s�lo lo firm� cuando ya estaba muy avanzado el trabajo y la propia Universidad asegura que G�mez nunca le entreg� ese programa inform�tico y que no lo encuentra.
La esposa del presidente niega haber cometido irregularidades, pero s� ha admitido que registr� la marca del proyecto de la c�tedra basado en ese software a su propio nombre, como public� EL MUNDO, y que cre� su propia empresa con similar denominaci�n sin aclarar por qu� hizo todo esto al margen de la UCM, cuando era te�ricamente para esta instituci�n p�blica educativa. La UCM pidi� personarse como 'perjudicada'.
La cuesti�n es c�mo estas tres empresas, incluida una filial de una multinacional estadounidense como Google, antes de iniciar la donaci�n, no la sometieron a un m�nimo an�lisis de su departamento de compliance (cumplimiento normativo) que, de hacer su trabajo como recomienda Berkshire, habr�a frenado el regalo. Ninguna de las tres empresas ni sus directivos han sido imputadas de delito alguno como s� le ha sucedido al empresario Juan Carlos Barrab�s, pero de la instrucci�n se desprende que no tomaron las cautelas necesarias desde el principio para no dar trato de favor a la esposa del presidente del Gobierno en ejercicio y, segundo, asegurarse de que la donaci�n la recib�a la UCM.
Tampoco han emprendido ninguna iniciativa, ni siquiera de protesta, contra G�mez, cuando la UCM destap� que el software no lo recibi� nunca de la directora de la c�tedra. Nada de esto pasar�a te�ricamente el corte en el c�digo de Buffet ni de tantas otras multinacionales. Tambi�n las donantes del 'caso G�mez' disponen de c�digos �ticos -notablemente Google- que han quedado en el auto judicial en papel mojado. Si llama el c�nyuge del presidente, ni c�digo ni due diligence, pero luego pasa lo que pasa.
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