Demograf�a
Factores como el envejecimiento, la disoluci�n de uniones (divorcio) y la ca�da de la fecundidad aceleran la ca�da del tama�o del hogar medio

Varias familias en el parque de El Retiro en Madrid.
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Espa�a ya no vive como antes. Aunque casi 20 millones de hogares se han registrado en las �ltimas tres d�cadas (1991-2022), no ha sido obra de las familias numerosas -de cinco o m�s miembros-, que sol�an ser frecuentes en los 90. En este per�odo, se han desplomado un 73%, mientras que los hogares de una sola persona se han disparado un 81% hasta convertirse en la segunda estructura de convivencia m�s com�n en 2022. Estos datos pertenecen al estudio Hogares en transformaci�n en Espa�a y Portugal, impulsado por el Observatorio Social de la Fundaci�n La Caixa, que advierte el impacto del cambio demogr�fico en las necesidades de vivienda, servicios, gasto p�blico e, incluso, el ahorro.
"La menor presencia de estructuras familiares extensas reduce las redes informales de cuidados, lo que exige una mayor intervenci�n del Estado en la provisi�n de servicios asistenciales", explica el documento. El aumento de los hogares unipersonales y la menor convivencia intergeneracional a�aden presi�n en la demanda de vivienda, de servicios sociales y de apoyo econ�mico, especialmente en la vejez.
En efecto, ya no se vive como antes. El tama�o medio del hogar en Espa�a se ha reducido a su nivel m�s bajo en los �ltimos 30 a�os, hasta las 2,4 personas. Pero, �qu� es lo que impulsa a que las familias sean cada vez m�s peque�as y solitarias? En primer lugar, el envejecimiento de la poblaci�n, que ha implicado un aumento en el n�mero de personas que viven solas y lo hacen una media de 7,5 a�os en 2022; sobre todo en mujeres de edades avanzadas que enviudan antes por su mayor esperanza de vida. En segundo lugar, la disoluci�n de uniones (separaci�n o divorcio); con un aumento de las estructuras monoparentales durante la infancia y, en tercero, la ca�da de la fecundidad, en donde Espa�a tiene uno de los niveles m�s bajos de Europa Occidental con un calendario reproductivo muy tard�o.
Seg�n el �ltimo Focus on Spanish Society editado por Funcas, el retraso en la maternidad -que ya supera los 32 a�os de media- provoca que muchos segundos o terceros hijos nunca lleguen a nacer. "Este desplazamiento de los nacimientos hacia edades m�s avanzadas reduce el tiempo disponible para tener un segundo o un tercer hijo, sobre todo en contextos de inestabilidad laboral, dificultades de acceso a la vivienda y limitaciones para conciliar la vida laboral y familiar", detalla el think tank. Las mujeres nacidas en 1940 tuvieron, de media, 2,59 hijos, mientras que en la cohorte de 1960 se redujo a 1,75 y en la de 1979 hasta 1,36.
A esto, se suma la disminuci�n de los a�os en los que se convive con la pareja e hijos y las pol�ticas p�blicas para aumentar los nacimientos y la conciliaci�n. En el primer caso, los datos de Fundaci�n La Caixa indican que la convivencia con los progenitores ha aumentado por el retraso en la emancipaci�n, lo que incentiva la disminuci�n de los a�os en los que se convive con una pareja e hijos.
En el segundo caso, los incentivos econ�micos por nacimiento generan aumentos inmediatos en la natalidad, pero con efecto limitado y no sostenible en el tiempo. Las mujeres espa�olas declaran querer tener m�s hijos, pero factores como las dificultades de conciliaci�n y los costes laborales asociados con la maternidad condicionan esta decisi�n. De hecho, 10 a�os despu�s del primer hijo, las mujeres tienen un 37,5 % m�s de probabilidades de trabajar a tiempo parcial y unos ingresos un 33,4 % inferiores de media, seg�n Fundaci�n La Caixa. Ante esto, ayudas como el cheque beb� de 2.500 euros se quedan cortas y elevan la natalidad total un 3%. Incluso las pol�ticas de conciliaci�n pueden tener un efecto bumer�n si no se dise�an con cuidado. El Banco de Espa�a advierte que, si las empresas anticipan mayores costes por estas medidas, pueden volverse reticentes a contratar mujeres o a convertir sus contratos temporales en indefinidos

















