Hirevoice nace en Barcelona inspirándose en la estadounidense Mercor, con el aval de uno de los fundadores del gigante Infojobs.

Los cuatro fundadores de Hirevoice. De izquierda a derecha: Álvaro Monterrubio, Leo Ruffini, Juan di Toro y Nacho González-Barros.
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Nacho González-Barros sabe bastante del mercado laboral y la incierta ciencia de los recursos humanos. De su pechera cuelga un galón importante: fue cofundador de Infojobs y se declara un apasionado del talento y los fichajes tras 25 años reclutando. Gracias a esa pulsión y al concurso de Álvaro Monterrubio (CEO), Leonardo Ruffini (COO) y Juan Di Toro (CTO) se articula una startup llamada Hirevoice, fuertemente respaldada por una capa de inteligencia artificial y con el aval de la gestora Draper B1, líder de una ronda de inversión de 900.000 euros que acredita el proyecto ante el mercado doméstico.
Hirevoice pone orden en un proceso donde el especialista de RRHH a menudo se perdía. Tiene sentido que la brújula de la experiencia sea limitada cuando toca conversar con perfiles muy diversos donde los conocimientos específicos suelen ser clave para obtener un puesto de trabajo. "Es difícil para un reclutador generalista saber de desarrollo, marketing y finanzas y, en consecuencia, las entrevistas son superficiales, terminan pasando al cliente final dos o tres candidatos porque identifican una serie de palabras clave y, al final, esto conlleva el peligro de falsos negativos (aspirantes buenos que se quedan fuera del proceso) y de falsos positivos (aspirantes malos que entran en la empresa)", describe González-Barros.
Normalmente, la inspiración surge en Estados Unidos y en su hegemónica subdivisión, Silicon Valley. Mercor no es una excepción a la regla y de ahí bebe el andamiaje de Hirevoice, que estudió bien el caso para comprender por qué esta compañía, pionera en entrevistas conversacionales profundas con IA, tiene tanto tirón. "Probé la plataforma. Siendo un experto en este ámbito, me sorprendió lo exhaustiva que es la IA y la capacidad que tiene para formular las cuestiones más acertadas. Vi muy claro que teníamos que montar algo parecido".
La startup abarca dos grandes tribus profesionales, denominadas en la jerga anglosajona white collar y blue collar, es decir, empleados de oficina en el primer caso y mecánicos, operarios y técnicos en el segundo. El planteamiento varía en ambos escenarios porque, como explica Ruffini, "las empresas que necesitan blue collar pueden requerir de la noche a la mañana 15 candidatos y no disponen de expertos suficientes para canalizarlo", mientras que un white collar "exige que no le pongas a charlar con un robot", añade González-Barros; "por eso es esencial en estos casos, con sueldos que superan los 100.000 euros al año, elaborar antes (con un humano) un mapa de experiencia laboral" y describir la dinámica de la entrevista que orquestará la IA.
Si una palabra vale para sintetizar el espíritu de Hirevoice, esa sería precisión. Desarrolla el renglón Monterrubio: "Partíamos de la base de que un currículum ya no demuestra casi nada. Y, para colmo, la mayoría se preparan con IA. Conversar tiene sentido, pero no es escalable si recurres a personas para hacerlo. La mejor forma de explorar al candidato es comprendiendo su contexto y sabiendo qué busca la compañía que sopesa ficharle. Nuestra IA pregunta, pero lo hace adaptándose al recorrido del individuo".
Como es obvio, tras el motor algorítmico hay un entrenamiento. A la IA se le facilita una descripción del puesto y se fijan unos criterios de evaluación, puntuados del uno (lo peor) al cinco (lo máximo) y desgranados por habilidades. Tras la entrevista se genera un informe donde aparecen la puntuación, la explicación de la nota atribuida y los tramos de conversación que justifican la calificación. Cada encuentro entre el aspirante y la máquina se desarrolla a partir de una videollamada donde el humano no ve a un avatar juguetón, sino un circulito con una imagen fija, como al desactivar la cámara en Meet.
"Hay una corriente de gente que sostiene que esto es deshumanizar, que se sustenta en la pura eficacia -interviene Ruffini-. No lo vemos así. Si dispones de una herramienta que te permite entrevistar a más candidatos, con criterios objetivos de evaluación, sin sesgos ni el cansancio acumulado después de las diez entrevistas previas, nos aseguramos de que las oportunidades sean más justas y la compañía tenga más posibilidades de acertar. Además, liberas horas de cribado que puedes usar para colocar al humano donde realmente importa". Por ejemplo, añade González-Barros, "a la petición de referencias, que a España se le da bastante mal", aunque en potencias como EEUU sea una pieza clave de cualquier contratación. "Sé que puede sonar fatal, pero disponemos de un dato muy revelador: el 0% de los candidatos evaluados por Hirevoice declara que la IA es peor o mucho peor que una persona haciendo su trabajo", remata Ruffini.
Pocos números se pueden pedir a una startup en sus primeros pasos, pero haberlos haylos y los cofundadores los destapan. Hirevoice ya colabora con 15 empresas, entre ellas Remotely, Aravinc y Theker Robotics, está en los 100.000 euros de ingresos anuales recurrentes y espera cerrar 2026 en torno al millón. Los tickets son altos, con la gran corporación como meta. Los ciclos de venta, antaño dilatados, "se han recortado mucho". La plataforma urdida en Barcelona también es API first y se acopla a softwares como los de SAP, Personio, JazzHR y BambooHR.
Respecto al futuro laboral, ninguno de los entrevistados atisba una brecha entre el júnior que no llega y el sénior que se va. "Los jóvenes tienen más oportunidades que nunca porque con la IA pueden equipararse a alguien con más trayectoria", opina Monterrubio. "A mis sobrinos les sugiero que vayan como hienas a ofertas de trabajo de empresas que usan intensivamente la IA, y mejor si es un puesto presencial y en San Francisco", apunta González-Barros. "El reducto humano quedará para conectar con el otro y ser empático. A mis hijos les animo a que diseñen ya sus propias aplicaciones", cierra Ruffini.

















