Los líderes de Gobierno le pedirán esta noche a Von der Leyen que explore opciones para atajar el abultadísimo déficit comercial, que roza los 360.000 millones, y proteger así a la industria europea

Pedro Sánchez escucha a la presidenta de la Comisión Europea, en un encuentro previo al pasado consejo celebrado en Bruselas en mayo.Diego Haver/ H. Lucas
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La Unión Europea presenta un déficit comercial con China de casi 360.000 millones de euros. Prácticamente, 1.000 millones al día de desequilibrio entre lo que la UE importa del país asiático y exporta a ese mismo destino. Una cifra abultadísima que algunas de las principales potencias europeas quieren atajar endureciendo las relaciones comerciales. Llegando, incluso, a plantearse la posibilidad de imponer aranceles.
Francia ya lo adelantó el pasado mes, Países Bajos no lo ve con malos ojos, y Alemania se ha abierto a esta posibilidad que hoy tratarán los líderes de Gobierno durante la cena del Consejo Europeo. La intención es pedirle a la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que busque opciones para tratar de reequilibrar la situación y proteger a la industria europea. Y aunque es posible que algún otro país crea que esta no es la mejor opción, por ahora el único que ha dicho claramente que está en contra de cualquier endurecimiento o guerra comercial es España.
El Ejecutivo español ha ejercido de punta de lanza en la demanda de la necesidad de abrirse al país asiático. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, considera que estamos en un escenario multipolar y, frente a las reticencias de otros socios, entiende que es primordial tener buenas relaciones con el gigante asiático. De hecho, su propósito es viajar a este país cada año, algo que lleva haciendo los últimos cuatro.
En La Moncloa exponen que sería una suerte de disparo en el pie ir a una guerra comercial con China. Creen que la vía diplomática y la del diálogo son mejores que la confrontación, sobre todo porque las autoridades chinas tienen en su mano emprender acciones y castigos que pueden hacer mucho daño al crecimiento y desarrollo de la UE.
Asumen que el importantísimo déficit comercial es insostenible, pero creen que esa relación debería reequilibrarse en base a la negociación. Es la estrategia que está poniendo en marcha Sánchez, presentando a España como puente con Europa, tratando de lograr importantes acuerdos económicos e inversiones bilaterales y considerando Asia como una ventana para diversificar la economía ante un escenario más adverso con Donald Trump en Estados Unidos.
Además, las relaciones y acuerdos con empresas chinas, siempre bajo el amparo de su Gobierno, conceden a Sánchez un argumento a nivel de política interna: supone que fábricas y compañías se instalen en comunidades, muchas del PP, generando riqueza y creación de empleo.
Pero, como ya se ha apuntado, esa no va a ser la posición que defienden las principales potencias de la UE. Italia, por ahora, no se ha definido, aunque el país también firmó un documento que Francia lideró en mayo y en el que se hablaba directamente de aranceles. En ese texto también estaba España en un primer momento, aunque cuando el non paper técnico llegó al ámbito político, el apoyo español desapareció. Y el giro de Alemania es muy significativo. La prensa germana está informando de que el canciller Merz está a favor de explorar opciones y fuentes diplomáticas confirman el movimiento.
La cuestión, por lo tanto, amenaza con ser una de las más importantes durante los próximos meses en la UE. Von der Leyen estará presionada para presentar alguna propuesta de manera medianamente rápida, antes del verano o como muy tarde en el discurso del estado de la unión ya en septiembre. Y España volverá a estar en contra de una cuestión clave y, muy probablemente, prácticamente sola.























