El canciller alemán y Macron llegan a la conclusión de que no hay perspectivas realistas de desbloquear las negociaciones entre Airbus y Dassault

Una maqueta del caza que iban a desarrollar Airbus y DassaultAFP
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El canciller alemán, Friedrich Merz, certificó este miércoles en la Feria Internacional Aeroespacial ILA de Berlín el final del mayor proyecto de defensa europea de las últimas décadas. Alemania y Francia han decidido abandonar el desarrollo conjunto del futuro caza de sexta generación FCAS (Future Combat Air System) y sustituirlo por una cooperación más limitada centrada en redes de datos militares y software de combate.
La decisión pone fin a casi una década de esfuerzos para construir un avión que debía convertirse en el símbolo de la autonomía estratégica europea y reemplazar a partir de 2040 a los Eurofighter alemanes y a los Rafale franceses. Lanzado en 2017 por Angela Merkel y Emmanuel Macron, el programa acabó naufragando por los desacuerdos entre los dos gigantes industriales encargados de desarrollarlo: Airbus, que representaba los intereses alemanes y españoles, y la francesa Dassault Aviation.
Durante la inauguración de la feria aeronáutica de Berlín, Merz anunció que ambos gobiernos presentarán en julio una nueva iniciativa franco-alemana centrada en la denominada combat cloud, una red digital destinada a conectar aviones, drones, satélites, sensores y sistemas de armas en tiempo real. Según el canciller, los ministros de Defensa de ambos países concretarán el proyecto durante la próxima reunión intergubernamental franco-alemana.
La fórmula permite salvar una parte del programa original, pero supone en la práctica el abandono del elemento central: el avión de combate tripulado que debía convertirse en el gran proyecto industrial militar europeo del siglo XXI.
Detrás del fracaso se encuentra una disputa industrial que ni Berlín ni París han conseguido resolver. Durante años, Dassault defendió un papel dominante en el diseño del aparato, mientras Airbus reclamaba un reparto más equilibrado de responsabilidades, tecnología y propiedad intelectual. A ello se sumaban diferencias estratégicas de fondo: Francia quería un avión capaz de operar desde portaaviones y desempeñar funciones vinculadas a su disuasión nuclear, mientras Alemania perseguía unas capacidades distintas para la Luftwaffe.
El desenlace se produjo tras una conversación mantenida la semana pasada entre Merz y el presidente francés Emmanuel Macron durante la cumbre UE-Balcanes celebrada en Montenegro. Ambos dirigentes llegaron a la conclusión de que no existían perspectivas realistas de desbloquear las negociaciones entre las empresas implicadas.
La cancelación representa un golpe político para la ambición europea de desarrollar sistemas de defensa comunes en un momento en que Bruselas reclama más autonomía estratégica y los gobiernos europeos aceleran sus programas de rearme ante la amenaza rusa y la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad del continente.
Sin embargo, en Berlín la decisión también se interpreta como una oportunidad. El Gobierno alemán ha dejado claro que quiere desempeñar un papel de liderazgo en cualquier futuro programa europeo de avión de combate y ya estudia distintas alternativas, desde una cooperación con Suecia hasta una eventual aproximación al programa GCAP impulsado por Reino Unido, Italia y Japón.
La paradoja es que el proyecto que nació como emblema de la integración industrial europea termina convertido en un ejemplo de sus límites. Nueve años después de su lanzamiento, Alemania y Francia conservan la voluntad de cooperar, pero han renunciado al que debía ser el corazón tecnológico de esa alianza.






















