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Propuesta de estrategia formativa y motivacional: deje a unos cuantos de los mejores empleados de su empresa tirados en medio del desierto del S�hara. A ver qu� pasa. A Alain Afflelou le ha ido bien.
Exageramos. La idea encaja con el estilo de la multinacional de �pticas y centros de audiolog�a, cuya oferta Tchin Tchin revolucion� el mercado con el lema: "�Est� loco Afflelou!". Pero lo del desierto tiene truco. El ejercicio consisti�, en realidad, en una breve y controlada an�cdota (m�s risas que preocupaci�n) de la participaci�n de la Fundaci�n Alain Afflelou esta Semana Santa en la caravana solidaria que organiza desde 2005 la Asociaci�n Desierto de los Ni�os para visitar zonas de dif�cil acceso de las regiones marroqu�es del Atlas y el S�hara y llevar material escolar, juguetes y otras ayudas.
Un grupo de siete �pticas y una encargada de log�stica se incrustaron en ella para realizar 789 revisiones visuales; con los datos recabados, la sucursal de Indo en Marruecos, que tambi�n ha cedido el material t�cnico, montar� las gafas y se las enviar� a sus clientes. En las 14 ediciones en las que ha participado Afflelou, han colaborado 97 profesionales, se ha revisado la vista a 9.621 personas.
El monovolumen Staria en el que viajaban las afflelousas, como todos las llamaban, ten�a una identidad muy marcada. Imagen de marca sobre ruedas. En una especie de diario de a bordo online explicaban: "El viaje nos ha regalado algo m�s que kil�metros: el momento perfecto para conocernos. Trabajamos en diferentes tiendas de Alain Afflelou y apenas hab�amos coincidido fuera del �mbito profesional".
Tania Moreno, de Madrid, l�der nata; Ant�a, de Santiago, un encanto cuando no estaba durmiendo; Patricia P�rez, la Patri, alegr�a constante desde Fuengirola; Martina Fern�ndez, celti�a ac�rrima en Cambados; Isabel Palomares, acreditada bailona desde Alc�zar de San Juan; y Ana Romero, sevillana mezcla de fuerza deportista y sensibilidad mel�mana. En Rabat se incorporar�a Malika Talbi, de una franquicia marroqu�, maravillosa anfitriona: esa cena en Marrakech...

El plan demandaba una mezcla de veteranas y novatas: Patricia ya estuvo hace ocho a�os. Franquiciada, se enter� por la newsletter de la Fundaci�n. Rellen� un sencillo formulario, con dos preguntas b�sicas: "Si tienes carn� de conducir y por qu� quieres venir". Lo primero es fundamental: las afflelousas se turnaban para conducir el Staria. Este a�o, adem�s, a un par le tocaba echar una mano al volante del coche de alg�n participante especialmente patoso, lo que redund� en un reforzamiento de la experiencia de management: el Tucson habilitaba un one to one que ellas, con su salero, bautizaron como "el confesionario".
En �l, Patricia cont� c�mo percibe que Afflelou "siempre est� buscando proyectos en los que colaborar", y Ana, responsable de tienda, a�adi� que, con esta actitud, "te hace m�s part�cipe de lo que es la empresa, te involucra". �Hasta fomentar la atracci�n y retenci�n del talento? "Se ve desde fuera, cuando todo el mundo dice 'ojal� mi empresa tuviera eso'". Con interludios para comentar las maravillas del paisaje y la fascinante diferencia cultural, y los inevitables (y a�n m�s fascinantes) consultorios sentimentales, la conversaci�n giraba a menudo hacia lo que las afflelousas compart�an de inicio: la profesi�n. Se produc�an interesantes intercambios, gracias a las diferencias geogr�ficas, de posici�n en la empresa y de experiencias concretas. Las estrellas eran los comerciales: "Qu� importante es tener un buen comercial". Tambi�n los proveedores y, por supuesto, el trato con el p�blico y el salto a la franquicia y la mediaci�n de los mandos intermedios... Un m�ster improvisado.

El primer d�a de graduaci�n, en Ait Hammou Ou Said, revel� otra de las virtudes de la experiencia. Las afflelousas se ve�an obligadas a desarrollar su talento en un entorno desafiante. Acostumbradas a entornos profesionales de primer nivel, montaron su �ptica en un modesto centro de salud. Se desplegaron como un comando, transformando el terreno y afrontando imprevistos: el autorrefract�metro no se dejaba ajustar e improvisaron hasta ponerlo en marcha. Resultado: "A las 13.00 ya hab�amos atendido a m�s de 80 personas", comentar�an despu�s en su bit�cora, junto a otra faceta de la experiencia: "Nos han llamado la atenci�n muchos ni�os cuyos resultados iniciales nos hac�an pensar en miop�as altas y mostraban buena visi�n de cerca. Todo apuntaba a casos de hipermetrop�a, algo mucho menos habitual en Espa�a y que nos ha hecho reflexionar sobre las diferencias en h�bitos visuales". Exposici�n a la diversidad. Crecimiento.
Crecimiento no solo profesional. "Ha habido momentos m�s duros, especialmente al ver a personas mayores con cataratas avanzadas a las que no hemos podido ayudar. Aun as�, hemos seguido adelante con toda la energ�a posible". Trataban con gente sencilla, pero hospitalaria: las afflelousas almorzaban en sus casas antes de volver al tajo. A las empleadas se les desbordaba la ternura con los ni�os. "Tiene tres [dioptr�as]", se emocionaba una tras ajustarle la montura a un chaval de seis o siete a�os para el que la pizarra del colegio era un horizonte muy (demasiado) lejano. Hasta ahora.
Talento y humanidad. Uno de los v�deos finales de la bit�cora lo resume: "Este viaje me ha servido para volver a valorar mi profesi�n".
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