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"En los años 80, los clientes nos devolvían las camisas porque decían que se arrugaban. Era una muestra de lo desconocido que era entonces el tejido y de lo fuertemente asociado que estaba a lo rural. De ahí nació nuestro eslogan, 'la arruga es bella'", recordaba la presidenta de la Fundación Adolfo Domínguez, Adriana Domínguez, minutos después de firmar junto a la Xunta de Galicia el primer paso de un proyecto con vocación de retorno, concebido para recuperar el cultivo del lino en Galicia y reactivar una cadena de valor textil vinculada a las fibras naturales y a la producción de proximidad.
Fue precisamente aquella reivindicación de lo natural, lo sencillo y lo imperfecto la que contribuyó a transformar la percepción de un tejido que en aquel momento era todavía marginal en el mercado y que hoy, sin embargo, se ha consolidado como una de las fibras naturales más demandadas por la industria textil europea y española, aunque su producción continúa siendo limitada y depende en gran medida de importaciones.
En ese contexto se enmarca la Iniciativa galega polo liño, impulsada por la Xunta de Galicia y la Fundación Adolfo Domínguez, un proyecto que nace con la ambición de recuperar el cultivo del lino en la comunidad y de reconstruir progresivamente una cadena de valor completa que abarque desde el campo hasta la transformación industrial, con el objetivo de reintroducir esta fibra en el tejido productivo gallego.
El programa, que contará con una inversión de 900.000 euros en los próximos tres años, arranca con una primera fase de cultivos de ensayo en distintos puntos de Galicia, donde ya se están desarrollando pruebas de rendimiento en explotaciones experimentales, con el fin de analizar el comportamiento agronómico del lino en el territorio e identificar, a través de un proceso de catalogación genética, las variedades textiles de mayor calidad, que servirán como base para la futura multiplicación de semillas y la posible expansión del cultivo a mayor escala.
El proyecto contempla además la elaboración de un estudio de viabilidad agronómica y económica que permita determinar no solo la capacidad real de implantación del lino en Galicia, sino también las condiciones necesarias para desarrollar una industria de transformación asociada, así como profundizar en el papel histórico, cultural y económico que esta fibra ha tenido en la comunidad y en su vinculación con la moda.
En este sentido, el presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, subrayó durante la presentación que "esto es revitalizar un cultivo que tuvimos durante miles de años y que, afortunadamente, no se ha perdido; es desarrollo rural y es vida en el rural, pero también tiene un componente económico para que el cultivo sea rentable y no se quede en algo testimonial, y por supuesto es un elemento identitario muy importante, porque el lino es algo muy nuestro".
Por su parte, la presidenta de la Fundación Adolfo Domínguez, Adriana Domínguez, insistió en el vínculo entre tradición y futuro al señalar que "en los años 80 pusimos de moda el lino cuando estaba prácticamente en desuso, y formar parte ahora de una iniciativa que persigue volver a cultivarlo y producirlo en cercanía en Galicia es un paso natural en nuestra apuesta por el territorio que nos rodea y nos identifica".
El proyecto cuenta también con el apoyo de la Asociación Textil Portuguesa (ATP), considerada un actor clave en la transformación del lino en Europa, así como con la implicación de la asociación Legados, que aporta una visión centrada en la cadena de valor territorial que conecta patrimonio, industria y desarrollo rural, y cuyo director, Javier Dorado, destacó que "la revalorización de materias primas nacionales como el lino constituye simultáneamente una estrategia de reactivación económica del medio rural y una herramienta de conservación del territorio; con esta iniciativa proponemos que las fibras que ya demostraron su valor durante siglos vuelvan a integrarse en la cadena de la moda contemporánea con innovación y diseño".
En el plano económico, la iniciativa se desarrolla en un contexto de creciente dependencia exterior, ya que en los últimos cuatro años las importaciones de lino en España han aumentado un 51%, mientras que en 2025 la industria textil española destinó 115 millones de euros a la importación de lino sin confeccionar, de los cuales una parte significativa corresponde a empresas gallegas, lo que refuerza el interés estratégico del proyecto en términos de soberanía productiva y desarrollo industrial.
Galicia, que fue históricamente uno de los grandes referentes europeos en la producción de lino y que llegó a convertir este cultivo en un elemento relevante de su economía agraria y textil, busca ahora recuperar ese papel en un nuevo escenario en el que la sostenibilidad, la reindustrialización del rural y la transición hacia fibras naturales vuelven a situarse en el centro del debate sobre el futuro de la industria de la moda.
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