

























«Fue el primer guion que escribí en mi vida. Cuando empecé ni siquiera era un musical, pero un día, a punto de terminar una secuencia, uno de los personajes, sin pedirme permiso y sin previo aviso, se puso a cantar. En ese momento pensé: 'Mierda, esto se me acaba de convertir en un musical, no me lo va a producir ni Dios».
Habla David Serrano de El otro lado de la cama, de esa película que, contra su propio pronóstico, no solo se rodó y se coló en el cine sino que logró convertirse en un fenómeno -fue la más taquillera el año de su estreno y hasta tuvo seis nominaciones a los Goya- que perdura aún hoy en nuestra memoria. 24 años después (y tras varios intentos no demasiado exitosos), esta loca comedia de enredos se cuela en el teatro conservando toda su esencia aunque destilando su propio sabor.
Con escenas (y canciones) míticas -incluida la del niño melón-, la historia de amor, infidelidad, celos y amistad que llevaron al cine Paz Vega, Ernesto Alterio, Willy Toledo o Natalia Verbeke a los mandos de Emilio Martínez-Lázaro, la dirige ahora Joan Olivé en el Nuevo Teatro Alcalá. «La adaptación es genial. Nos gustó en la primera lectura. Nos reunimos con todos los actores y nos partimos de la risa. Todos somos fans de la película», contaba el director a GRAN MADRID pocas horas antes del estreno oficial de la obra.
Pese a que «había un trabajo muy bien hecho», señalaba, él y Borja Rabanal -que ha llevado a cabo los arreglos del texto- han querido crear su propia versión, modernizándola. «Hemos puesto muchos más gags, porque esto es una obra en directo. Y después hay muchas mas canciones. En la peli se utilizaron bastantes del momento, de los 90, y nosotros hemos escogido canciones que han pasado a la historia y que todo el mundo conoce, desde mis padres a mis sobrinos», añadía. Entre ellas, ese Hace calor de Los Rodríguez con el que la comedia arranca a golpe de escena de cama.

El director de la obra, Joan Olivé, disfrazado de 'niño melón'.Marcos VillaosladaEFE
Diferente es también que la versión actual hace guiños a la secuela del filme, Los dos lados de la cama. «Cerramos algunas de las tramas que se habían quedado abiertas en la primera parte. Vamos un pasito más allá de la película. Se resuelven algunas historias y también hemos inventado otras», aseguraba Olivé, quien también le ha dado una vuelta de tuerca al guion para traerle a nuestros días. «Queríamos que todo el mundo pudiera reír, y que la gente joven también lo entendiera».
Porque El otro lado de la cama no está sólo llamada a atraer a esa legión de fans que aún arrastra. «Vienen muchos de ellos, pero también nos hemos encontrado con un publico que viene a descubrirla con nosotros». «¡A lo mejor hacemos al revés, que ven la obra y les dan ganas de ver la peli!», decía el director sobre su experiencia en esas funciones previas que ya ha vivido la obra en Madrid y también en Extremadura.
Para evitar líos de más, los personajes aquí se llaman como los actores reales que la hicieron famosa -Natalia, Willy, Paz, Ernesto...-. «Es un pequeño homenaje que hemos querido hacer. No queremos imitarlos, pero ellos al final fueron quienes allanaron el camino», sostenía Olivé antes de referirse al gran elenco que le acompaña: Ariana Bruguera, Ana Villar, Nuria Herrero, María Petri, Mónica Macfer, Adrià Olay, Agustín Otón y Ricky Mata. «Todos han hecho las mejores comedias. Toc, Toc, Burundanga, La función que sale mal...».
«Está muy bien revisar textos antiguos y trasladarnos a nuestra época porque, si eran buenos en aquel momento, ¿por qué no van a ser buenos ahora?», decía Agustín Otón (Los amores cobardes, Sorda, Por Cien Millones), que interpreta el papel de Willy Toledo, junto a su compañera de reparto, Ariana Bruguera (Venus, Muertos S.L., The Hole 2), que en la obra se mete en la piel de Natalia Verbeke.

Varios en los actores en una de las escenas de la obra.Marcos VillaosladaEFE
«Yo le dejo porque me he enamorado de otro. Y ya no cuento más porque es spoiler», comentaba ella. Aunque aquí de eso hay poco. «Esto es como el Titanic, ya sabemos lo que va a pasar», respondía entre risas Otón, quien contó que, pese a todo, «el final es sorprendente». «Como hemos hecho ese mix con la segunda película...», deslizaba sin dar más detalles sobre una obra que se ha quitado de un plumazo todos aquellos chascarrillos que hoy pueden herir sensibilidades. «Hemos modificado cosas que se han podido quedar obsoletas o que pueden dañar, porque afortunadamente las generaciones cambian y progresan», indicaba el actor.
Para prepararse, imprescindible ha sido esa vuelta al origen de El otro lado de la cama. «Hemos hecho todos los deberes de ver la película y revisarla para coger un poco la energía, porque se quería respetar bastante (la esencia) en la adaptación. Aunque cada uno, con sus propuestas más las del director, ha creado un personaje», sostenía Bruguera.
«En mi caso, yo he querido alejarme. No me gusta contaminarme y copiar lo que pasa en la película porque yo al final quiero hacer el personaje de Willy desde mi base», indicaba Agustín. «Lo bonito ha sido el proceso de creación, porque Joan Olivé y Borja Rabanal no tenían una idea cerrada de cómo iba a ser montaje final. Incluso algunas canciones, durante el proceso, las hemos ido modificando, o hemos quitado otras porque no entraban bien o no estaba justificadas», agregaba.
Aderezos para crear «una burbuja», describía Bruguera, donde el público «cante, baile, ría y se olvide de todo lo demás». Porque el teatro, con este show, «es casi un karaoke», agregaba Otón. «¿Quién no se sabe las canciones? Al final hacemos un bis y la gente se levanta a bailar y cantar con nosotros», añadía. Con viaje al pasado incluido (o no), aquí la cosa va de pasarlo bien.
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