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Madrid

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The White Lotus en Madrid
Ruth Díaz · 2026-05-04 · via Madrid

Qu� se le ofrece

Quiz� era ese magnetismo de Walton Goggins, al que s�lo alcanzan ciertos privilegiados, o quiz� que la mirada del for�neo lo muta todo en embeleso y �xtasis

El actor Walton Goggins, en un momento de 'The White Lotus'.

El actor Walton Goggins, en un momento de 'The White Lotus'.

Actualizado

Qu� juguetona y sincera se vuelve Madrid a veces, con estampas que sirven para ese entretenimiento infantil de unir puntos y revelar el dibujo oculto. Aqu� la constelaci�n comienza con Walton Goggins, ese �ltimo regalo de The White Lotus, que la semana pasada se despidi� de sus dos meses en Espa�a con �tears in my eyes�. Y c�mo luc�a �l, con ese hechizo del poco agraciado pero con rollazo, o como la misma ciudad tambi�n. Pues en su Instagram brillaban el desorden del Rastro; un Retiro majestuoso; su balc�n de La Latina desde donde chapurreaba con medio barrio; el aperitivo de olivas en una terraza a lo Pepe Baena; la mugre de los adoquines contagiada por su pose de fumador y sus gafas Dealan de casi 1.000 euros; las se�oras con sus lanudos cocker spaniel; los huelguistas de Cutanda en el Prado; la boca de metro de Sol con su solanera polvorienta... �I'm leaving here a better man (...) Thank you for being so lovely�, dec�a. Sazonado con iloves a tutipl�n. Incluso con una cu�a de manchego le agasajaron. Y una no sabe si era ese magnetismo suyo, al que s�lo alcanzan ciertos privilegiados, o si la mirada del for�neo lo muta todo en embeleso y �xtasis. Pero qu� ceguera la nuestra.

O no, porque otra curva del bosquejo es la del reciente padr�n municipal. Con esa sangr�a vegetativa de fallecimientos que no son repuestos por reto�os tiernos y las 4.549 personas menos que ya no residen en ese coraz�n exang�e, pero que a�n obnubila a un actor de Alabama -ay, si nos hubieses conocido en los a�os mozos... O quiz� son los de ahora... Virgencita, que me quede como estoy-. La cantinela de lo que ocurre no s�lo en el Centro, no s�lo en Madridcentrismo, es ya un estribillo pop, pegajoso en exceso, virus febril. Pero qu� ceguera la ajena.

Esa que exhiben aquellos a quienes vocifer� una an�nima furibunda desde la grada del Congreso el pasado jueves. Con su ��haced algo ya, co�o!� en medio de la votaci�n de la pr�rroga de alquileres, tan veraz y corifeo, que profer�a la indignaci�n de la libertad guiando al pueblo. Fue desalojada, junto al decreto ley, h�lito de tantos, porque ning�n rey envanecido soporta que le revelen su desnudez. Qu� m�s ceguera aguarda.

Pues un apunte de Charmian Clift, en sus Cantos de sirena, le asalt� a servidora: �Somos los nuevos n�madas, los del siglo XX (...) No son para nosotros el registro parroquial, el desv�n abarrotado, los muebles de la abuela, el campo plantado para la siguiente generaci�n (...) Pagamos semanalmente por el espacio que ocupamos en el mundo�. Qu� absurdo pagar por estar, qu� perverso, ese regatearse un lugar, ya despojados. �Y apoquinar ante qui�nes? �Con qu� intereses? La ceguera tiende al infinito.