El guitarrista de Chic, compositor y afamado productor trae de vuelta los 'buenos tiempos' del funk y pasa revista a algunos 'hits' facturados para otros artistas

Nile Rodgers, con la guitarra, junto a su grupo, en el Botánico.
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A sus 73 años, y con una dilatada carrera iniciada en la década de los setenta, a Nile Rodgers le queda ya poco que demostrar. En la gira que le trajo este martes a las Noches del Botánico, el guitarrista y miembro fundador de Chic junto al bajista Bernard Edwards, fallecido en 1996, y el batería Tony Thompson, que nos dejó en 2003, además de recrear aquellos buenos, grandes tiempos del funk con temas señeros de su banda, se rinde algo parecido a un autohomenaje con la interpretación de clásicos facturados para otros músicos, desde David Bowie, de quien interpretó Modern love y Let`s dance, hasta Madonna, con Like a virgin y Material girl', pasando por Diana RossDaft Punk o Beyoncé.
La guitarra rítmica de Rodgers y su concepto musical han tenido una influencia notable en la órbita comercial del pop, el soul y el funk. Con Chic abrió también las puertas al rap más asimilable por audiencias masivas. De Good times surgió Rapper's deligth, con el que inundaron las pistas Sugarhill Gang. Ambos temas, convenientemente fusionados, echaron el telón a un show muy resultón, trabajado y con una brillante propuesta escénica que invitaba a viajar varias décadas atrás.
Rodgers es la encarnación de una época y una forma de vida que tuvo el hedonismo por bandera. El neoyorquino desarrolló en el escenario una narrativa complementada por imágenes del tiempo hegemónico de la música de baile y sonidos adyacentes, que tuvieron uno de sus templos en Studio 54, la célebre discoteca de Broadway. Después de una noche en la que les fue negado el acceso, Rodgers y Edwards concibieron Le Freak como beligerante desagravio.
Conexión
Entre sus muchos méritos se encuentra la capacidad para conectar con nuevas generaciones a través de un espectáculo rico y sugerente. Podían verse en el Jardín Botánico de la Universidad Complutense de Madrid, junto a un público mayoritariamente talludito, algunos grupos de adolescentes.
Hábil e instintivo, sobrado de ego, el líder de Chic encadenó todos los éxitos de la banda en un comienzo arrollador, con el mencionado Le Freak, Everybody dance o I want your love, con el sensual respaldo en las voces de su hija, Naomi Rodgers, y de Audrey Martells, y una contundente banda donde el teclista Rusell Graham también hizo sus pinitos vocales con su timbre barítono.
De todas las reencarnaciones de este tipo de música que ha venido acogiendo el festival dentro de un programa siempre ecléctico que atiende a todas las sensibilidades, la de Nile Rodgers, feliz, atento con sus fans, firmando algún vinilo sobre el escenario, es la que mejor ha atravesado el azote del tiempo. A golpe de cadera, quien más y quien menos se había olvidado durante la hora y media de concierto del castigo de una de las noches más calurosas que se recuerdan.


























