Del moro al Foro
Tampoco creo que sea demasiado pedir un poco de grandeza

Enrique Riquelme atiende a los mediosEuropa press
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Enrique Riquelme tiene las hechuras cantadas. El mecano que ha hecho con Madrid lleva expuesto el tiempo suficiente como para empezar a sacar algunas conclusiones. Su aparici�n es una oportunidad �nica de observar el comportamiento de la especie que habita la calle Jorge Juan, el puerto del nuevo famoso. Hasta ah� van los que andan y cortan el aire como Riquelme a sacarse el carnet de VIP. Madrid es una ciudad a la carta. Todas las capitales tienen un manual de instrucciones en blanco. Uno hace lo que puede y va construyendo, poco a poco, un itinerario. Hay que elegir las aventuras propicias, husmear el trill�n de habitaciones disponibles, decir adi�s en el momento oportuno. Al cabo de los a�os, cualquiera lleva en el bolsillo a cuatro amigos con los que diseccionar la nada, dos camareros de cabecera, un peluquero de confianza y un escondite por si acaso. La criatura Riquelme lleva en el bolsillo la ciudad previsible. Un poco de la decadencia vibrante impulsada por los grupos hosteleros. Una gilda gentrificada. Otro poco del manoseo a lo ca��. La ensaladilla que pidi� en una discoteca. El habla criolla generada por la interacci�n con todos los acentos (Ayuso). Y a �ker Casillas. Su inventario es el producto de haber hecho con C. Tangana el Ecce Homo de Borja.
Los Riquelme Boys, ese Consejo de Ministros que es un casting de Richi Castellanos, pertenecen al grupo de caras conocidas que orbitan por todas las causas. Son los famosos de guardia, asignados de oficio por una instituci�n secreta a los famosillos noveles que pululan por Madrid. El doctor �ngel Mart�n los reforma y ya est�n listos para alternar en la pecera. Del f�tbol me gusta su apariencia de seriedad. Puede que la vida sea justo eso: actuar como un adulto hasta que te tocan al Real Madrid. Por el recreo que es mayo vamos todos un poco traspapelados haci�ndole la c�bala a Riquelme, diagnostic�ndolo en las tertulias, trazando el fenotipo Rosauro Varo. La intervenci�n de Florentino P�rez ya forma parte del museo del folclore forofo. Tuvo, adem�s, un efecto positivo. Institucionalizar la Nueva Madrid, sacar a flote a los orientados que proponen una ciudad donde se conspira en el reservado de una discoteca y no en el apartado de un restaurante.
Tampoco creo que sea demasiado pedir un poco de grandeza.


























