Del moro al Foro
Ser� algo personal porque no disfruto los olores que salen del despertador, ese sicario

Atasco en la M30. A�o 2005
Actualizado
ESCRIB�A Jorge Bustos, el Cristiano Ronaldo de la columna que toma el sol de la radio, una eleg�a del madrug�n. Ya son dos a�os trasnochando al rev�s y todav�a no he encontrado la epifan�a al deslizarme por lo que llaman las primeras horas. Es un momento t�trico. Me fijo en las caras de los dem�s y todos llevamos pintada una interrogaci�n en lugar de la nariz: �qu� carajo pinto yo aqu�? Y el mundo ofrece una gavilla de certezas a modo de contestaci�n, una claridad as� como latente, el modo m�s aburrido de estar despierto. Ser� algo personal porque no disfruto los olores que salen del despertador, ese sicario. Como de una tostadora averiada, sale un aroma a jaramago, a huerto a la espera. El ba�o se transforma en locutorio, al cerrar la puerta ya no queda ninguna m�stica callejera. El prop�sito del d�a a d�a arrasa con el esoterismo de las madrugadas. Levantarse las hace un lugar inh�spito como cualquier cafeter�a del aeropuerto de Barajas: nunca sabes cu�ndo va caer sobre ti la emboscada.
Sin embargo, revertir el prop�sito del d�a nuevo por hacer de la ma�ana una pr�rroga, o sea, irse a dormir el �ltimo, descender la colina de la noche hasta el umbral de lo laborable, resulta siempre gratificante. La exploraci�n suele tener �xito. Descubre, al otro lado de este oce�no de rutinas, un continente de noct�mbulos dispuestos a ofrecer trueques, intercambiar las semillas de las historias, a fundar sociedades de an�cdotas que resultan indisolubles por muchos a�os que pasen. Al encontrar a alguien que dej� su nombre en la suela de tu zapato, se reactiva una camarader�a ins�lita. Tambi�n ocurre con los otros turnos de trabajo. La soledad de viajar en direcci�n contraria es gratificante, un pago en especie que no tributa, un t�tulo nobiliario que distingue a su due�o en el zool�gico de normalidades que a veces es la vida.
No tengo intenci�n de relanzar un credo bohemio. Sonar�a como suenan las versiones flamencas de las canciones de Joaqu�n Sabina. Pero es que Madrid resulta un lugar m�s habitable diez minutos antes de salir del nuevo Toni 2 que diez minutos antes de entrar en la M30.




















