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David estaba en la ventana del baño, medio cuerpo fuera, gesticulando hacia el patio interior y lanzando papeles mojados a una vecina. Medía casi dos metros, sacaba cerca de 30 centímetros a Younes y era más corpulento que él. Sin embargo, hablaba en susurros, pedía auxilio y hacía señas para que nadie más se enterara. En las notas rogaba que llamaran a la policía para «tirar la puerta» antes de que el dueño de la casa regresara. Decía que no podía salir, que Younes le había quitado el móvil, que le había pegado y que, si volvía, lo iba a matar. Era la segunda vez en pocos días que David aseguraba estar secuestrado.
La escena ocurrió el 11 de septiembre en un piso de la calle de Enrique Velasco, en Puente de Vallecas. Lo que ahora debe resolver la Audiencia Provincial es si aquello fue el desenlace de un secuestro o el estallido de una crisis alucinatoria provocada por el alcohol, las drogas y un posible síndrome de abstinencia.
Younes —acusado de detención ilegal, tenencia ilícita de armas y lesiones leves— se enfrenta a una pena total de seis años y diez meses de prisión y niega los hechos. Su versión es sencilla. Conocía a David desde 2016 o 2017 y asegura que decidió invitarlo a vivir en su casa al verlo en la calle, hundido por el alcohol y las drogas.
Sostuvo que «era de forma altruista» y que no le pedía dinero para el alquiler ni la comida porque él mismo ganaba entre 2.000 y 3.000 euros al mes. También afirmó que en el piso siempre había llaves en el interior con las que David podía salir. Una afirmación en la que coinciden distintos testigos entrevistados por GRAN MADRID.
La Fiscalía sitúa el origen del conflicto en un viaje a Portugal. David habló de un dinero que esperaba cobrar a cambio de que lo nombraran «administrador en una empresa cárnica». Según la acusación, cuando Younes creyó que ese dinero iba a llegar comenzaron las presiones, las amenazas y, finalmente, la retención.

La vivienda en la que se produjo el presunto secuestro.DANIEL J. OLLERO
Diez días antes de los hechos juzgados, David regresó de Portugal y acabó en el hospital. Llamó a Younes y este fue a recogerlo en coche junto a un amigo. Entonces, según contó el acusado, David aseguró que había sido secuestrado a punta de cuchillo, golpeado y despojado de su teléfono móvil. Incluso sospechaba que podían haber vaciado su cuenta bancaria. Tanto Younes como otro testigo afirmaron que David terminó reconociendo que no había existido ningún secuestro y sufrió una recaída en sus adicciones.
Tras recibir el alta, David volvió a casa de Younes y, después de un periodo de normalidad, sostuvo que los dos últimos días previos al lanzamiento de las notas de auxilio fueron distintos. Ahí comenzó, según su relato, el encierro. Aseguró que Younes le obligó a permanecer «sentado realizando test del carné de conducir» bajo la vigilancia de una cámara instalada en el salón. También afirmó que le quitó el móvil, cerró la puerta con llave y lo amenazó con hacerle «cachicos» si «no aparecía el dinero» de Portugal. Younes negó las acusaciones y sostuvo que las cámaras no tenían relación con David.
La vecina que recibió los papeles lanzados desde la ventana reconoció una relación hostil con el acusado. Relató numerosos conflictos vecinales y llegó a afirmar que Younes había «pegado a un repartidor de Amazon», pero su versión sobre las notas fue precisa: estaba cocinando cuando varios papeles mojados cayeron desde la ventana del baño. Leyó el mensaje y llamó a la policía.
Cuando los agentes llegaron al piso, David seguía dentro. La puerta estaba cerrada y los bomberos tuvieron que abrirla. Los policías lo describieron como una persona muy alterada, asustada y con lesiones en la cara y la espalda. El fiscal calificó las heridas de lesiones leves y solicitó una pena de multa por ellas.
Ya en el interior de la vivienda, David mostró a los policías una llave de pugilato, una navaja, una defensa extensible, un táser y un tirachinas con mira láser. Aseguró que Younes incluso había «roto el táser» utilizándolo contra él. El acusado reconoció que los objetos eran suyos, pero los presentó como «un hobby». Negó haber empleado las armas y su defensa sostuvo que no podían considerarse ilegales porque las había adquirido legalmente.

Llave de Pugilato.E.M.
Otro de los argumentos de la defensa fue la notable diferencia física entre ambos. Cuando intentó preguntar si David había podido defenderse, el presidente de la sala interrumpió la cuestión por considerarla «impertinente».
La libre absolución solicitada por la defensa se apoya en la falta de pruebas para sostener la detención ilegal, en que David podía salir y había salido de casa esos días y en que había llaves en el salón. Según esta versión, el comportamiento de David se explicaría por una crisis sanitaria derivada de sus adicciones que lo llevó a pedir auxilio a la vecina.
En su última palabra, Younes recalcó que quiso ayudar a David porque él mismo «había tenido una vida difícil». «He intentado actuar de buena fe, pero he terminado arruinándome la vida». Younes permanece en prisión a la espera del fallo.
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