"Mantenemos la misma posición que el año pasado, no vamos a entrar en polémicas estériles", sostiene el alcalde, José Luis Martínez-Almeida

Presentación de los actos del Orgullo en el Museo Thyssen.EFE
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Llegó a la carrera José Fernández, delegado de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del Ayuntamiento de Madrid, al salón de actos del Museo Thyssen, a varios metros bajo el tórrido asfalto de la capital, donde es tradición que se presenten los fastos del Orgullo. Tenía disculpa el concejal porque, no muy lejos de allí, en el corazón del parque de El Retiro, buena parte del Consistorio -Gobierno y oposición- conmemoraba con la Policía Municipal el día de su patrón, San Juan Bautista.
Fernández, que, en 2022, fue protagonista involuntario de ese mismo acto, al marcharse del recinto por las acusaciones de «lgtbifobia» a Almeida, aterrizó en el escenario con una espina recién clavada. Para entonces, ya se había apuntado hacia Cibeles por no moverse un milímetro de una postura que, de forma recurrente, en los últimos días de junio, regresa al primer plano: la bandera arcoíris seguirá sin colgar de la fachada del Ayuntamiento. Pero el concejal llevaba bajo el brazo una cuestión más. Horas antes, la plataforma ArcoÁvila, asociación de apoyo al colectivo LGTBIQ+, renunciaba a conceder un premio al Ayuntamiento de Madrid por las presiones recibidas al conocerse el galardón.
Un premio, por cierto, otorgado a los 30 años de compromiso del consistorio madrileño con la celebración del Orgullo. De ahí que se haya convertido en un referente internacional. «Ayer fue un día triste», arrancaba su intervención, antes de leer la carta recibida para anular el reconocimiento. «Siempre hemos considerado que dicha trayectoria es merecedora del homenaje, pero varios de los premiados nos dijeron al conocer que se premiaría al Ayuntamiento que no acudirían a recoger el galardón. Nunca hemos querido alimentar polémicas ni divisiones, por eso, aunque reconocemos que el Ayuntamiento es merecedor del reconocimiento, nos vemos obligados a cancelar su concesión», rezaba la misiva.
«Venimos para derribar muros y sumar. Es un feo a Madrid, a la ciudad y a su Ayuntamiento, no a su alcalde ni a este delegado. Madrid es diversidad y por eso no vamos a cambiar», apuntó Fernández.
La polémica se suma a la de la (no) bandera en Cibeles y a la de los carteles municipales elegidos para empapar la capital con los colores arcoíris. «Lamentamos el rumbo que ha tomado la cartelería de Madrid. El mejor Orgullo del mundo merecía mucho más», lanzaba desde el escenario principal el presidente de COGAM, Ronny de la Cruz.
Un MADO cuyo lema será «¡A las calles con orgullo! Disidencia y resistencia» y para el que el Ayuntamiento, principal patrocinador institucional, aporta 500.000 euros. Es la octava edición con Almeida al frente del consistorio y, como ya viene siendo costumbre, las banderas volvieron a convertirse en una de las cuestiones que centran el debate político. «Mantenemos la misma posición que el año pasado. No vamos a entrar en polémicas estériles. A los madrileños no les interesa la guerra de banderas, sino que el Orgullo mantenga su espíritu abierto».






















