Los residentes de Avenida del Mediterráneo se quejan, además, de un ruido ininterrumpido desde las siete de la mañana hasta "más allá de la medianoche"

Una vecina de Avenida del Mediterráneo señala una grieta en su casa.
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Las obras del futuro intercambiador de Conde de Casal llevan meses alterando las rutinas de los vecinos de la Avenida del Mediterráneo. Los cortes de tráfico, dicen, han acabado siendo lo de menos ya que no se quitan de la cabeza ese soniquete de taladradoras y excavadoras desde las siete de la mañana hasta, según denuncian, "más allá de la medianoche" en algunas ocasiones. "Y sin respetar fines de semana ni festivos. Trabajaron toda la Semana Santa, el Día del Trabajador, San Isidro... Es un ruido constante justo debajo de nuestros balcones", expone Julio, quien reside en el número 50 de esta gran arteria. Este jubilado añade que a los problemas acústicos se han sumado, desde hace una semana y media, "grietas en al menos cuatro inmuebles".
"Hemos detectado daños tanto en la acera par como la impar, que coinciden con la demolición del túnel. Pero creemos que hay más casos, porque mucha gente que vive en la zona es mayor y o no se han dado cuenta o no saben a quién dirigirse", apunta Julio, consciente del miedo que viven algunos de sus vecinos al planear sobre sus cabezas "lo que sucedió en San Fernando de Henares".
El alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, ha llamado a la calma asegurando que se están cumpliendo "todos los parámetros de seguridad" y, tras ser preguntado por las quejas vecinales, indicó que el Ayuntamiento "hace seguimiento de las posibles afecciones que se puedan llegar a producir". Asimismo, la Comunidad de Madrid asegura: "Las incidencias que se han producido hasta la fecha, como la rotura de una tubería de gas, son las habituales en obras de esta magnitud. Por su parte, los profesionales cumplen con la normativa vigente en lo tocante a horarios y ruidos".
Sin embargo, se han producido otros acontecimientos que han preocupado sobremanera a sus residentes. Luis Ángel es el presidente del edificio ubicado en Doctor Esquerdo, 175. A principios de marzo, el portero le avisó de que, durante la madrugada, se habían caído trozos de fachada desde el décimo piso. Cascotes que, al precipitarse desde esa altura, le podrían haber caído a alguien en la acera. Por suerte nadie salió herido.
"Llamé inmediatamente al administrador y al arquitecto de la comunidad. También fui a la caseta de la obra y hablé con el arquitecto responsable, que vino, tomó notas y prometió elaborar un informe... Pero no hemos sabido más", cuenta Luis Ángel, cuya comunidad tomó rápidamente una decisión: no esperar más y proteger a los viandantes por su cuenta. Contrataron la instalación de una malla de seguridad en toda la fachada. El coste fue de entre 3.000 y 3.500 euros, incluida la licencia... Unos 150 euros por vecino. Luis Ángel asegura haber presentado ya reclamaciones al Consorcio de Transportes, al Ayuntamiento y a la Dirección General de Infraestructuras para intentar recuperar ese dinero. De momento, no ha obtenido respuesta.

























