





























Acabar una marat�n siempre tiene algo de extraordinario. Es la culminaci�n de meses de disciplina, kil�metros acumulados y sacrificios silenciosos. Pero hacerlo en una jornada como la de este domingo en Madrid elev� la haza�a. El calor se convirti� en el gran protagonista de la Zurich Rock 'n' Roll Running Series Madrid y marc� el ritmo, el sufrimiento y tambi�n la �pica de una carrera que dej� im�genes de esfuerzo extremo y emoci�n desbordada.
Las temperaturas, que superaron los 25 grados en varios momentos del d�a, castigaron especialmente a los corredores populares, aquellos que tomaron la salida m�s tarde y que se enfrentaron al asfalto cuando el sol ya apretaba con fuerza. El balance sanitario refleja la dureza de la jornada: 244 personas atendidas por los equipos de SAMUR-Protecci�n Civil, 24 traslados hospitalarios y un caso especialmente grave, el de un corredor de 50 a�os que sufri� un golpe de calor y se desplom� en los �ltimos kil�metros, cuando la meta ya parec�a al alcance.
De los cerca de 47.000 participantes inscritos en las tres distancia (marat�n, media marat�n y 10 kil�metros), unos 39.000 lograron cruzar la l�nea de meta, seg�n los datos oficiales de la organizaci�n de Mapoma.

Una atleta llevanda en una silla tras acabar la carrera�NGEL NAVARRETE
En la prueba reina, 15.000 corredores tomaron la salida y 11.769 completaron los 42,195 kil�metros. En la media marat�n, 19.813 de los 23.000 participantes lograron finalizar, mientras que en los 10 kil�metros lo hicieron cerca de 7.500 corredores.
La jornada comenz� temprano, casi con la esperanza de esquivar el calor. A las ocho de la ma�ana arrancaron los participantes de 10 kil�metros. �Es mejor madrugar que luego har� mucho calor�, dec�a Andr�s, de 33 a�os, minutos antes de empezar. A las 08.45 salieron los corredores de la media marat�n y del marat�n, con los atletas m�s experimentados en los primeros cajones. Entre ellos, Alfredo, 56 a�os y 65 maratones en sus piernas, diez de ellas en Madrid. �Esta es mi marat�n, pero no es un recorrido f�cil y hoy menos por el calor�, advert�a con la serenidad de quien conoce bien la distancia.
Los �ltimos en partir, desde el Paseo de la Castellana, lo hicieron a las 10.30. A esa hora el term�metro ya marcaba 16 grados y la tendencia era claramente ascendente. A partir de ah�, la carrera se convirti� en un ejercicio de supervivencia para muchos. Hidrataci�n constante, pasos m�s cortos, miradas al suelo y una lucha contra el desgaste f�sico ayudados por el reloj inteligente.
En el recorrido, el p�blico volvi� a ser uno de los grandes motores de la prueba. Familias enteras se distribuyeron por distintos puntos para acompa�ar a sus corredores. Carteles improvisados, gritos de �nimo y emoci�n contenida. �Vamos pap�, vas a acabar�, se le�a en el cartel de Mar�a, de 11 a�os, que animaba a su padre por segundo a�o consecutivo. Y es que cada kil�metro final era un escenario de apoyo colectivo.

Un corredor atendido al llegar a la meta.�NGEL NAVARRETE
La organizaci�n reforz� el dispositivo con puntos de avituallamiento y asistencia, aunque el calor oblig� a muchos corredores a improvisar soluciones: botellas de agua no solo para beber, sino tambi�n para refrescarse cabeza y cuello. �Antes hab�a duchas, ahora se dan esponjas�, comentaban algunos participantes mientras trataban de combatir el sofoco.
Hubo m�sica en el recorrido, especialmente en los t�neles, donde varias bandas trataron de insuflar energ�a en los momentos m�s duros. Pero ni siquiera eso pod�a ocultar la exigencia de una jornada l�mite. Y, sin embargo, como siempre ocurre en una marat�n, la meta lo cambia todo.
En el Paseo de Recoletos, junto al Palacio de Cibeles, se concentraron las escenas m�s intensas del d�a. Brazos al cielo, l�grimas, abrazos. La felicidad de cruzar la l�nea de meta tras horas de sufrimiento. �Es una alegr�a inimaginable, no sabes lo que me he entregado en los entrenamientos�, dec�a un corredor todav�a jadeante.
Adela termin� en 4 horas y 53 minutos, castigada por los calambres. �He dosificado, pero me he hundido en la segunda parte. Aun as�, he terminado y estoy muy contenta�, explicaba rodeada de su familia. Eduardo, m�s veterano, cruz� la meta pasadas las cinco horas y media. �Lo importante es acabar. He tenido que andar mucho y no he parado de echarme agua. Igual habr�a que adelantar la carrera; antes corr�amos con fr�o y ahora temblamos por el calor�, reflexionaba. Aunque el cierre de meta estaba previsto a las 16.00, la organizaci�n decidi� aguardar a los �ltimos corredores, aun fuera de tiempo.

Un corredor atendido antes de entrar en la meta�NGEL NAVARRETE
Entre la satisfacci�n general, tambi�n hubo espacio para las sugerencias: m�s puntos de avituallamiento, menos t�neles o ajustes en el precio de la inscripci�n. Mientras, desde la organizaci�n, Pedro Rumbao, CEO de la prueba, destac� el papel de los 2.500 voluntarios, el aumento de la participaci�n femenina (un 37% ) y dej� abierta la puerta a ampliar el cupo en futuras ediciones, tras las m�s de 8.000 personas que se quedaron en lista de espera.
En lo deportivo, la elite tambi�n tuvo su protagonismo. En los 10 kil�metros, Adam Maij� se impuso con 28:59, seguido de Yago Rojo y Adri�n Ben, en un podio �ntegramente espa�ol. En categor�a femenina, �gueda Marqu�s revalid� su triunfo. La media marat�n masculina fue dominada por atletas kenianos, con victoria de Gideon Kiprop, mientras que Isabel Barreiro brill� en la prueba femenina.
En la distancia reina, el keniano Mike Chematot se llev� la victoria con 2.08:46, por delante de los et�opes Asefa Mengisa y Dechasa Alemu. En mujeres, dominio et�ope con triunfo de Kena Girma. La primera espa�ola fue Estefan�a Unzu, conocida como Verdeliss.
Pero m�s all� de estos atletas selectos, el verdadero triunfo del d�a estuvo en la marea humana de 47.000 atletas que sigui� llegando a meta durante horas. Corredores de 113 pa�ses, un 28% extranjeros, unidos por un mismo reto: vencer al calor, al cansancio y a s� mismos.

La marea de corredores por La Castellana�NGEL NAVARRETE
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