






















Tenía pensado el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, zambullirse de lleno en la cuestión de su futuro político a la vuelta del verano. Sin embargo, ayer, en una plaza de Olavide encharcada por el calor, dibujó una de sus primeras zancadas en la carrera electoral hacia 2027. Hace unos meses no entraba en sus planes convertirse ya en el candidato oficial para su tercera aventura en las urnas. Sin embargo, ahí estaba él, posando para la foto junto a buena parte de su equipo -Borja Carabante se ausentó por motivos de agenda- y sosteniendo una fotografía que hacía las veces de portada de los folletos informativos sobre sus tres años de gobierno. Era una suerte de pistoletazo de salida, a más de 30 grados, hacia la que, de ganar en las urnas, será su última aventura en el Palacio de Cibeles. A veces, la realidad supera a la ficción.
El caso es que el alcalde -y aspirante- Almeida tiene sobre la mesa unos cuantos frentes que resolver. Uno de ellos tiene que ver con las listas y, más concretamente, con el sistema de confección de estas, que ahora pasan a ser las denominadas listas cremallera. Una cuestión que implica que las candidaturas garanticen la paridad obligatoria mediante la alternancia de candidatos de distinto género en cada posición. ¿Y cuál es el problema? Pues que en el actual equipo de Gobierno hay 17 hombres y 12 mujeres y, por tanto, al alcalde le tocará rediseñar su equipo. Mover fichas que, más allá de los nombres, atiendan a esta cuestión para equilibrar la composición actual.
Pero hay más asuntos, y algunos tienen que ver con nombres propios. Atendiendo a las encuestas, lo normal es que el PP gane las próximas elecciones. Otra cosa, claro está, es que lo haga con mayoría absoluta, pues ahí no existe tanta unanimidad en los sondeos. Sin embargo, aunque no alcanzara esos 29 concejales -podrían ser 30 si se confirma el crecimiento de la población-, Almeida podría gobernar mediante acuerdos puntuales. Y en la formación de su nuevo Ejecutivo surgen varias cuestiones relacionadas con algunos de sus ediles de mayor peso político. Hablamos de Inma Sanz y de Borja Carabante, que llevan desempeñando responsabilidades de gran desgaste durante los últimos siete años. Ambos podrían tener un pequeño respiro —o premio— en ese hipotético organigrama. Y luego están las incógnitas que representan figuras como Engracia Hidalgo o Paloma García Romero, con una amplia trayectoria política a sus espaldas.
Es consciente Almeida de que siempre tiene que mirar, aunque sea de reojo, hacia la Real Casa de Correos, ya que ese trayecto entre Sol y Cibeles lo pueden recorrer nuevos nombres. Consejeros que, como ya sucedió este año con Marta Rivera de la Cruz, Carlos Izquierdo o David Pérez, podrían necesitar un nuevo despacho. Y entre ellos suenan nombres como los de Rocío Albert (Economía) o Jorge Rodrigo (Vivienda, Transportes e Infraestructuras). En cualquier caso, se trata de una suerte de rincón de pensar que, en ocasiones, puede interpretarse como un castigo. Veremos.
Ese sudoku del candidato también pasa por los distritos. Por ese David Pérez que ha acumulado polémicas en Hortaleza durante sus tres años al frente. De polémicas también sabe un rato Yolanda Estrada en su aventura al frente de Chamartín. O Andrea Levy, acomodada ya en Retiro, pero a quien nadie garantiza una tercera etapa. O Carlos Izquierdo, con algo menos de poder tras perder el control del partido en Carabanchel, que actualmente es portavoz de la formación en el Ayuntamiento y concejal de su distrito.
«Nos presentamos ante los madrileños en 2023 con un programa electoral y hoy podemos decirles que hemos cumplido. La ciudad de Madrid está mejor y, además, tenemos la capacidad de seguir mejorando», proclamaba ayer Almeida ante la mirada de casi todo su equipo de Gobierno. También de Jorge Rodrigo, consejero de Transportes y miembro del comité de dirección del PP de Madrid, o de Alfonso Serrano, secretario general del partido en la región. Hubo foto de familia en la plaza de Olavide, todos buscando con empeño la sombra de algún árbol.
De aquí a la próxima primavera, Almeida tiene muchas vueltas que darle a la cabeza. Fichajes y descartes, como en cualquier pretemporada futbolística que se precie. Y, lógicamente, también deberá otear el horizonte político nacional. Porque ayer, mientras el alcalde sacaba pecho de sus tres años de legislatura —con sus grandes obras, la ampliación del parque de vivienda y el aumento del número de efectivos policiales respecto a 2019, el año de su llegada a Cibeles-, trascendían las sanciones impuestas al ex ministro José Luis Ábalos y a Koldo García. Un paso más hacia un escenario de elecciones generales que podría condicionar algunas de las decisiones del regidor.
Aunque lo primero, una vez pasado el verano -esta vez sí-, será empezar a dibujar su nuevo equipo. Eso sí, aún son muchas las cuestiones que tiene sobre la mesa.

Almeida, junto a los concejales del PP en el Ayuntamiento.E. M.
VICEALCALDÍA, PORTAVOZ, SEGURIDAD Y EMERGENCIAS
Salvo el cargo de vicealcaldesa, que asumió hace tres años, tomando el relevo de Begoña Villacís, acumula ya siete como voz y rostro del Ayuntamiento en las ruedas de prensa de Cibeles. En ese mismo tiempo su móvil es el primero en sonar cuando algo negativo cuando algo ocurre en la capital.
LO MEJOR. Ha demostrado una gran capacidad de reacción y gestión en situaciones extremas que Madrid nunca había vivido. Lleva su sello el dispositivo de seguridad más grande jamás configurado, con la reciente visita del Papa León XIII. Días tensos que se resolvieron con nota. Y bajo su batuta se resolvió también aquella crisis por las extremas lluvias del año pasado o Filomena.
LO PEOR. La mancha por el caso del ex director general de la Policía Municipal, Pablo Enrique. Aquel atropello a una niña el día del apagón tardó en llegar a oídos consistoriales y no pasó una factura inmediata. La destitución llegaría en febrero, pero tras otro escándalo en oposiciones. También tuvo que mover ficha al frente de los bomberos.
ÁREA DE URBANISMO, M. AMBIENTE Y MOVILIDAD
Es el hombre fuerte de Almeida, quien más poder acumula junto a Inma Sanz. A sus costillas van a parar buena parte de los golpes cotidianos por la gestión municipal. Y, concretamente, los derivados del tráfico o del urbanismo y el medio ambiente.
LO MEJOR. Lidera en tiempo y hora la obra más delicada de la legislatura, la del soterramiento de la A-5. Además, se enfrentado a una de las épocas con mayor número de intervenciones, algunas ajenas como las de Metro, teniendo que dar respuesta a los problemas de tráfico. La calidad del aire ha mejorado y las normas urbanísticas y el coto a las viviendas turísticas llevan su sello.
LO PEOR. A menos de un año para las elecciones, el cantón de Montecarmelo sigue generando jaquecas en Cibeles. La gestión de ese asunto ha estado lejos de ser la idónea. Sobre su espalda, batacazos judiciales, como la paralización de los aparcamientos del Bernabéu, un estadio que también mira hacia el área de Carbante en busca de un alivio en forma de norma de decibelios más flexible.

Carabante, Sanz y Almeida, en un Pleno.EUROPA PRESS
ÁREA DE ECONOMÍA, INNOVACIÓN Y HACIENDA
Sobre sus hombros se sostienen los números de la vida política de Almeida en Cibeles. A ella le encomendó unas cuentas que este año superan los 6.000 millones. A su despacho suelen llamar el resto de Áreas siempre para pedir un euro más.
LO MEJOR. Ha dibujado unas cuentas con cifra récord para la inversión en cuestiones sociales -360 euros por habitante-. La disciplina, el control de gasto y el equilibrio son algunas de las recetas que han colaborado a impulsar la figura de Madrid, con esos dígitos de récord que cuentan con su impronta estos años.
LO PEOR. Aunque ella misma lo había visto venir, es responsable del revés judicial por la tasa de basuras -un defecto de forma más para el Ayuntamiento- que tiene a los ciudadanos pendientes de un tributo que, venga de donde venga, afecta al bolsillo. Además, hay quien tiene grabadas sus palabras en uno de los Plenos sobre la falta de patrocinios para la Fórmula 1. Una afirmación que generó bastante incertidumbre.
ÁREA DE OBRAS Y EQUIPAMIENTOS
El mantenimiento de la capital, con sus aceras, túneles y asfalto, también con sus obras, pasa por su dirección. De Gallardón a Almeida, está a punto de completar su segunda legislatura en un Área que nunca descansa y transforma cada rincón de la capital.
LO MEJOR. Ayer presentó la remodelación de la plaza de Chamberí, una más en el haber de una legislatura de gran actividad. A todas ellas se suman el soterramiento del tramo norte de Castellana o Parque Ventas, que viajan a velocidad de crucero. La municipalización de la M-30, con el futuro ahorro consistorial, lleva su marca.
LO PEOR. Aquella mañana del 30 de junio de 2025, traumático despertar de la obra de Parque Ventas. El gran atasco del verano, con una cadena de averías y accidentes, ocurrió tras haberse relativizado el impacto de la intervención en el tráfico de la M-30. Por suerte, la escena no se volvió a repetir, pero se pecó de exceso de confianza. Hacer algo es mejor que no hacer nada, pero hay a quien no convence al plan en el puente de Vallecas.
ÁREA DE CULTURA, TURISMO Y DEPORTE
La número tres de la última lista electoral de Almeida tomó el relevo de Andrea Levy en el consistorio y, durante un tiempo, compatibilizó sus labores municipales con las del Congreso, ya que también fue captada por Feijóo. Una dualidad que nunca se vio bien en Cibeles (y tampoco en Sol).
LO MEJOR. Bajo su batuta se ha reforzado la programación de lugares emblemáticos como el Teatro Price o las Naves del Matadero, con récords de asistencia. Además, enseñas de la capital como Neptuno, Velázquez o, en breve, Cibeles, -hay algunos ejemplos más- recuperan su esplendor con acertadas rehabilitaciones.
LO PEOR. Desde algunos sectores empresariales hablan de cierta rigidez, e incluso lentitud, en la gestión de elementos de decoración en algunos edificios de la capital. Hay también quien no olvida aquel capítulo de hace un año, cuando se contrató a la polémica youtuber Esty Quesada, que deseó la muerte de un edil de Cibeles, para la programación de los Veranos de la Villa.

García Romero, Marta Rivera y Almeida.JAVIER BARBANCHO
ÁREA DE POLÍT. SOCIALES, FAMILIA E IGUALDAD
De comandar los distritos Centro y Salamanca a ser una de las piezas clave de la Junta de Gobierno, en una concejalía que volvía a manos del PP tras ocho años gestionada entre Más Madrid y Ciudadanos.
LO MEJOR. Encabeza un Área que siempre está bajo la lupa y rodeada de turbulencias. Sin embargo, y a pesar de algún que otro incendio, ha ido saliendo airoso. Lo hizo con la crisis de los sin techo del aeropuerto de Barajas que se convirtió en una cuestión de Estado. El plan de natalidad o la apuesta, con una nueva inyección económica, por infraestructuras como el centro de acogida Beatriz Galindo endulzan una gestión con el mayor gasto social per cápita de la historia de la ciudad.
LO PEOR. Aquel desliz sobre el síndrome post aborto para el que el PP levantó el pulgar tras una propuesta de Vox. Su postura fue la garantizar la información a las mujeres en los centros municipales sobre una cuestión que no estaba demostrada científicamente. Ahora son las polémicas formas de desalojo a las personas sin techo las que le quitan el sueño.
ÁREA DE POLÍTICAS DE VIVIENDA
El necesario crecimiento de su Área, que forma parte de la Junta de Gobierno desde 2023, le ha situado bajo muchos focos políticos. Ayer, Almeida presumía en un acto de partido de un parque de vivienda municipal con 10.000 viviendas.
LO MEJOR. La apuesta por la fórmula de los pisos de alquiler asequible tanto para las rentas más bajas como para las medias, en una fórmula regulada por los ingresos de las unidades familiares. La receta se sostiene con la colaboración público-privada y mira hacia los desarrollos del sureste. Además, las ayudas para rehabilitar inmuebles han resultado un desahogo para muchos vecinos.
LO PEOR. El impacto de las medidas adoptadas está siendo demasiado lento para una gran ciudad que, como en el resto de España, sufre en sus carnes el problema de los precios, tanto de alquiler como de compra. La cuestión siempre desemboca en una batalla dialéctica con el Gobierno Central que no es ninguna solución para la ciudadanía y desemboca en una constante polarización.
PRESIDENTE DEL PLENO Y CONCEJAL DE MONCLOA
Almeida prefirió ocupar su propio sillón y le entregó la presidencia del Pleno. Y en ese cargo, complementado con el de concejal de Moncloa-Aravaca, permanece desde entonces. Para tranquilidad de los suyos y todo lo contrario desde el otro frente.
LO MEJOR. Su experiencia administrativa le ha permitido gestionar algunas de las habituales cuestiones espinosas que irrumpen cada jornada en el Pleno del Ayuntamiento. La última, la de la fractura del grupo Vox. Se ha convertido en una de las dianas de la izquierda, como también ocurre con el máximo responsable de la Asamblea, Enrique Ossorio, y no es sencillo mantener la calma.
LO PEOR. A veces transmite sensación de falta de mano izquierda durante las sesiones y eso ha desembocado en quejas formales por parte de la oposición. Se le reprocha que en más de una ocasión ejerza más como actor político que como árbitro neutral. Tras la retirada de la bandera LGTBI del balcón del edificio municipal de la calle Mayor, fue parcialmente desautorizado por el alcalde.
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