
Una mujer mira el escaparate de una inmobiliariaEFE
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El crecimiento del número de hogares en España, con una inmigración sostenida que sigue haciendo crecer a la población año a año, es gasolina para un mercado de la vivienda en el que la demanda se va acelerando.
El problema está en que la oferta no puede crecer al mismo ritmo que la demanda y fruto de ese desacople (muchas más personas buscando una casa para vivir que casas disponible) se produce una subida descomunal de los precios, cuyo objetivo es simple: que el mercado funcione. Se trata de que las pocas casas disponibles se adjudiquen a su mejor postor, a medida que parte de los demandantes se retiran de la competición al ver precios inasumibles. Sucede, además, que la regulación de los últimos años lejos de potenciar la oferta, con más suelo disponible y buenas dosis de seguridad jurídica, ha llevado a algunos caseros a retirar sus pisos del mercado, lo que agrava el déficit de oferta y actúa como revulsivo para unos precios ya inalcanzables para muchas familias.
Las primeras consecuencias de este cóctel molotov empiezan a aparecer. A falta de confirmarse la tendencia, en enero, por ejemplo, se ha reducido un 5% el número de compraventas registradas en España. No es que la gente no quiera comprar, al contrario, es que no encuentran alternativas disponibles por un precio que puedan asumir.
Prueba de ello es que el descenso en el número de operaciones es especialmente relevante en aquellas plazas en las que el déficit habitacional es más acusado, como la Comunidad de Madrid, donde el número de transacciones se ha hundido un 20%. La región es uno de los polos que más está atrayendo población extranjera en busca de un lugar para vivir, pero es al mismo tiempo la que presenta precios más elevados, tanto en la compra como en el alquiler, lo que dificulta el match entre quienes buscan y quienes ofrecen.
Sólo en la ciudad, ahora mismo se ofrecen el triple de viviendas por un precio superior a los 700.000 euros que de casas de menos de 300.000, una brecha que va expulsando poco a poco a los potenciales compradores con menos poder adquisitivo, entre los que predominan los jóvenes. Es urgente aprobar medidas para que nadie se quede sin un techo bajo el que vivir, aunque sólo sea por el egoísmo de pensar que sin casas, la economía acabará estrangulándose por sí misma. Muriendo de éxito.

















