


























La puerta de la vivienda de Reme no paraba de abrirse. Al poco de alquilársela a María, paraguaya de 26 años, una romería de hombres comenzó a atravesarla con asiduidad "a cualquier hora del día". Algunos de ellos, con el tiempo, llegaron a tener copias de sus llaves. Dentro encontraban un oasis donde poder "comprar y consumir" todo tipo de sustancias. Y en ocasiones, incluso, acababan tirando las papelinas por la ventana. Aquella vivienda, a escasos 100 metros de la plaza de toros de San Sebastián de los Reyes, no tardó en convertirse en "un narcopiso", tal y como denuncia. Y todo ello, con un niño de cinco años viviendo en el interior.
Reme, que camina apoyada en un bastón por una displasia de cadera, aún resopla al recordarlo. Hace unos días ha logrado recuperar su inmueble tras más de un año de lucha y desgaste emocional. "Psicológicamente sigo regular...", arranca, aún nerviosa. Cuando pudo volver a entrar, se echó a llorar al ver el estado de su casa. Paredes y techos descorchados; muebles y electrodomésticos destrozados; basura amontonada en cada rincón... Aunque lo peor no se veía a simple vista. "Encontramos un plato lleno de cocaína guardado en un mueble bajo de la cocina... Si el niño, de unos cinco años, lo toca y luego se lo lleva a la boca... Te lo has cargado". Sobre el polvo blanco había una tarjeta de transporte madrileña y dos turulos, uno hecho con un billete y otro con un ticket, con los que poder esnifar. Por el suelo de las distintas estancias también encontraron "restos de hachís".

Plato con cocaína y un par de 'turulos' guardado en un armario de la cocina.E. M.
La historia entre arrendadora y arrendataria comenzó en enero de 2025, cuando firmaron el contrato a razón de 850 euros al mes. María trabajaba en una residencia de ancianos y era compañera de trabajo de una amiga de Reme, lo que le dio a ésta algo de seguridad. Pero los problemas no tardaron en aflorar. Las mensualidades llegaban incompletas y, cada noche, los vecinos cercanos tenían que llamarle la atención debido a "las fiestas que montaba con la música a todo volumen". Amén de los "golpes, gritos y broncas".
Nerviosa por el malestar del resto de residentes, que le llegaron a enviar una carta por escrito transmitiéndole sus quejas, en abril pidió a su inquilina que se fuera. Solo llevaba tres meses, por lo que ésta no se lo tomó bien. "Me dijo que no la podía echar, que había un contrato... y que no se pensaba ir". Acto seguido, recuerda Reme, dejó de pagar.
Durante aquella conversación en el rellano, la casera observó a varias personas moviéndose por su casa. "Unos primos venezolanos que estaban de visita", le dijo María. Pronto descubrió que eran otros inquilinos a los que la paraguaya había subarrendado una habitación pequeña, con condiciones: únicamente podían usar el baño y la cocina, pero en ningún momento el salón. Ese dinero tampoco llegó al bolsillo de la propietaria legítima.
Aquel matrimonio venezolano acabaría durmiendo con un aparato de aire acondicionado bloqueando la puerta de su cuarto por dentro. "Estaban aterrados por la gente que iba... Les habían llegado a robar", apunta Reme. Antes de salir despavoridos de aquella casa, le contaron a la legítima propietaria una noche en la que tuvieron que intervenir. "Mi inquiokupa se había metido con tres hombres en su habitación... Su hijo empezó a golpear la puerta intentando entrar mientras ella le llamaba 'cabrón' y le gritaba que se quedara fuera. Esta pareja me dijo que cogieron al niño y lo metieron en su dormitorio; lo intentaban proteger".

El techo del baño.
Los habitantes de este edificio no sabían qué más hacer. La Policía ya había acudido en más de una ocasión, pero tenía las manos atadas. Y, mientras, veían a María "bajar al portal en pijama y descalza a atender a algunos compradores". De ahí que Reme recurriera a Rogelio Gómez, presidente de la empresa de desalojos OPS2, quien consiguió que entrase en razón y decidiera irse, no sin antes amenazarla con avisar a Servicios Sociales por la falta de atención hacia su hijo.
Gómez cuenta que, además de esta historia de drogas y okupación, existía una orden de alejamiento de ella hacia su ex pareja y padre del niño. Éste había denunciado a María por malos tratos. En un vídeo al que ha tenido acceso este diario se puede ver a la paraguaya maltratándose físicamente. Asimismo, se escucha la voz de su ex diciendo: "Ella se está haciendo daño y luego dice que soy yo el que la toco... Se arranca el pelo y todo".
El mediador también recuerda que, cuando consiguió que la inquiokupa saliera de la casa, algunos residentes que habían estado un año aguantando sus ruidos "quisieron ir a por ella". "La tuve que proteger porque si no la linchaban", cuenta Gómez, quien para facilitarle la salida, y pensando sobre todo en el niño, le dio 500 euros.
El piso de Reme, tras el cambio de cerradura, está siendo actualmente rehabilitado y confía en pronto ponerlo, de nuevo, en alquiler: "Yo estoy de baja, cobrando poco... Ese dinero es el que me ayuda a subsistir".
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