Va a depender del número de decibelios emitidos y de la ordenanza municipal en cuestión

Una persona pone la lavadora.
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Poner la lavadora es una de las actividades básicas que realizamos en el hogar. Sin embargo, en los meses de verano se dan dos circunstancias que no suelen concurrir el resto del año. En primer lugar, es habitual que tengamos abiertas las ventanas debido al calor, lo que hace que su ruido sea más perceptible para el resto de vecinos. En segundo lugar, la ponemos con más frecuencia, ya que con las altas temperaturas, las prendas se secan más rápido. Si, además, recurrimos a la noche debido a que las tarifas son más bajas, podemos meternos en un lío.
Y es que existen una serie de ordenanzas municipales que se encargan de fijar las condiciones de ruido nocturno y velar por el silencio en el momento de descanso. En caso de superar los umbrales permitidos, nos podemos enfrentar a cuantiosas multas que pueden llegar hasta los 3.000 euros.
Por regla general, los límites de ruido varían en el periodo diurno (normalmente entre las 7:00 y las 8:00 horas y las 22:00 y 23:00 horas) y en el nocturno (entre las 22:00 o 23:00 horas y las 7:00 o las 8:00 horas). Habitualmente, en el caso del primero se fijan unos 35 decibelios, mientras que por la noche desciende hasta los 25 o 30.
Por su parte, las lavadoras son electrodomésticos ruidosos que alcanzan los 45 o 50 decibelios, llegando a picos de 70 decibelios en el caso del centrifugado. Es por eso que puede convertirse en una molestia para el resto de los vecinos.
La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) recoge en su artículo 7.2 que "al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos, que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas".
Qué hacer ante el ruido de la lavadora de un vecino
El primer paso será convocar una junta de propietarios y que se discuta cómo actuar al respecto y se regule en qué horas se puede poner la lavadora. Sin embargo, si el infractor es reincidente y no atiende a razones, se puede acudir a los tribunales.
Es en este punto en el que intervendrían las ordenanzas municipales. Siempre que los decibelios hayan sido medidos por la policía local, cada ciudad española podrá multar, atendiendo a sus propios criterios. Por norma general, las sanciones leves pueden empezar entre los 90 y los 100 euros, mientras que las más graves pueden llegar hasta los 3.000 euros.

























