La policía francesa vio un avión cuyo morro apuntaba hacia el suelo; al dirigirse al lugar tras el impacto, hallaron al empresario tendido en el césped

El empresario Veronesi y el avión accidentado.
Marianna PelusoCorriere della Sera
Actualizado
Sandro Veronesi, presidente de Calzedonia, Intimissimi y Tezenis, se vio involucrado en un accidente aéreo la tarde del 24 de abril, mientras sobrevolaba la zona de Labastide-Villefranche (Francia), pero resultó ileso.
De 66 años, Veronesi ha sido siempre un gran apasionado del vuelo y la aviación. El empresario italiano se encontraba a bordo de una avioneta monomotor de turismo junto a otro ciudadano italiano de 56 años.
Eran cerca de las 16:00 horas del pasado viernes cuando la aeronave, un avión ligero de color azul y blanco, comenzó a mostrar evidentes dificultades técnicas mientras sobrevolaba una zona agrícola. Según las primeras reconstrucciones, la alarma saltó casi en tiempo real gracias a una coincidencia providencial: una patrulla del PSIG (el pelotón de vigilancia e intervención de la policía francesa) de Bayona se encontraba volando en la zona en una misión de entrenamiento y vio claramente cómo el avión apuntaba el morro hacia abajo.
Sin perder un instante, la gendarmería dio la alarma y fue al lugar de impacto, guiando a sus colegas en tierra hacia el campo donde la aeronave acababa de desplomarse; evitaron así unas labores de búsqueda que, en esa zona escarpada, habrían requerido mucho más tiempo.
A bordo, Veronesi y su compañero de vuelo mantuvieron la sangre fría necesaria para accionar el paracaídas de emergencia. Fue precisamente la apertura del dispositivo lo que les salvó la vida al frenar la caída: aunque el choque fue de todos modos brutal (con el morro del avión literalmente clavado en el barro y la tela del paracaídas enredada en los cables de alta tensión), la velocidad del impacto se redujo drásticamente.
Cuando los bomberos llegaron al lugar del siniestro, encontraron a Veronesi y a su acompañante fuera de la cabina, tendidos en la hierba. A pesar de que sus vidas no corrían peligro, ambos aquejaban fuertes dolores de espalda debido a la violenta deceleración y fueron trasladados al hospital.






















