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El fil�sofo Argullol ha escrito una carta al presidente del Gobierno, pidi�ndole que cierre la llamada Jefatura Superior de Polic�a

Comisar�a de V�a Layetana, en Barcelona.EFE
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Hemos amanecido con la carta que el fil�sofo Argullol ha escrito al presidente del Gobierno, pidi�ndole que cierre la llamada Jefatura Superior de Polic�a. La publica el diario El Pa�s. Dada la afici�n epistolar del presidente, no dude el fil�sofo que tendr� cumplida respuesta. La petici�n parte de un asunto duramente personal, y es que el autor pas� un total de 33 d�as de la dictadura encerrado en los calabozos policiales. Entre las sugerencias del fil�sofo est� que el edificio se convierta en biblioteca. �O, quiz� mejor�, a�ade, �demolerlo para que corra un aire fresco y purificador�. Me hago una idea de lo que le supone pasar por ese edificio. Lo detalla, en realidad: �Me molesta no poder pasar, sin asco, por delante�. Cualquier ciudadano tiene sus esquinas de odio, de placer o de asco. Y de dolor: no es dif�cil imaginar al hijo o la esposa pasando por la esquina donde una bomba mat� al padre o al marido. A veces muchos ciudadanos coinciden y deciden eliminar un lugar de la memoria colectiva. Entre las razones, se la digan o no, est� la verg�enza que sienten de s� mismos y de lo que permitieron o se permitieron hacer.
El edificio de la Jefatura Superior, en V�a Layetana, cuenta historias siniestras, como la de Argullol, la de Miguel N��ez, la de Gregorio L�pez Raimundo, la de Tomasa Cuevas o la de Jordi Pujol. A la divulgaci�n de estas historias ha contribuido el propio edificio, su continuidad. El aire purificador -feo sintagma- es letal para la memoria. Y la confusi�n entre memoria y homenaje, letal para la inteligencia. En el caso de la Jefatura Superior, adem�s, el asunto se complica m�s all� de la did�ctica. El nombre de Creix y su infamia se conocen y est� bien que as� sea. Por desgracia no pasa lo mismo con las decenas de polic�as con nombre y sin eco que desde 1978 protegieron la libertad de los ciudadanos. Tambi�n la libertad pol�tica, por cierto, en su lucha contra el terrorismo nacionalista, vasco y catal�n. La gratitud democr�tica con la Polic�a barcelonesa se extiende hasta nuestros d�as: al fin y al cabo fue el �nico cuerpo policial que plant� cara al intento sedicioso liderado por el Gobierno de la Generalidad. No soy partidario de ning�n aire purificador que disipe esa memoria.
El Estado, su continuidad, su hero�smo y su verg�enza, es un ente de memoria complejo. Aunque no tanto como el giro psicol�gico que hace de los fil�sofos maduros perezosos adanes.























