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Ahora que casi todo el mundo va armado con negacionismos en las plazas de toros hay una merienda de certezas: embiste el toro y torea el torero

Morante de la Puebla, Roca Rey y David de Miranda junto al Rey Em�rito despu�s de torear el Domingo de Resurrecci�n
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LOS TOREROS llegan a la Luna por la tarde. El mundo parece avanzar en direcci�n contraria, pero es un camelo. La t�cnica reunida para recoger las muestras de embestidas necesita la adaptaci�n del c�digo morse a los capotes y las muletas. Da lugar al hito diario de orbitar los pitones a una distancia lejan�sima apreciable a simple vista. Es una artesan�a sideral que despliega el progreso. El hombre y la mujer est�n fundidos debajo del traje de luces, el arquetipo del h�roe va abandonado en manos de sus circunstancias, la naturaleza est� capturada para suplir la necesidad de probar el elixir de la eterna juventud. Por una l�nea sucesoria que se remonta m�s all� de la fundaci�n de Hollywood, por supuesto m�s vieja que algunos pa�ses, los enviados a los pitones heredan la tradici�n t�cnica que permite, sin manuales, acostumbrar el cuerpo a la ingravidez provocada por la cercan�a a la muerte. En los t�rminos del torero, flotar significa hundirse. Dentro de una plaza de toros resulta trasnochado el mecanismo puesto en marcha para visitar la nada en el espacio porque el vac�o est� a pie de toro. O al menos as� lo sufren quienes resuelven las ecuaciones de las distancias, la colocaci�n y todas esas cosas complicad�simas implicadas en levantar acta de lo ef�mero.
El contacto con el toro produce confusi�n. Siempre hay muchas preguntas revoloteando como buitres alrededor de esta pr�ctica, contada de tantas maneras que nadie ha terminado de contarla. Ahora que casi todo el mundo va armado con negacionismos, y est� dispuesto a usarlos a la primera de cambio, en las plazas de toros hay una merienda de certezas: embiste el toro y torea el torero. Ya est�. Supongo que este art�culo es otra muestra de la poluci�n que hace t�xico respirar toreo, convertido en un vertedero de met�foras, sostenido por un sistema que ha industrializado el hero�smo y tapado por un campo de justificaciones instalado alrededor del sacrificio p�blico del toro. El torero, el �nico astronauta capaz de construirse una nave con sus propias manos, sustenta el pelot�n de cobardes que ha hecho fortuna con sus haza�as.
La foto del Rey em�rito en la Maestranza, rodeado de los matadores y sus cuadrillas, ha provocado varios vah�dos. Alguien escribi� por ah�, por contextualizar la paletada de nuestra civilizaci�n, que era coet�nea de la misi�n Artemis II. Estaba equivocado: la misi�n que ha enviado a cuatro tipos con la misma t�cnica disponible en tiempos de El Cordob�s a 400.000 kil�metros de la Tierra es coet�nea a los toros.


























