























Conviene repasar lo que José Luis Rodríguez Zapatero ha dejado escrito sobre Venezuela y China, donde el juez José Luis Calama lo sitúa enriqueciéndose a través de su «boutique financiera», y sobre Marruecos, el otro país al que, según ha contado Esteban Urreiztieta, viajaba en busca de clientes relevantes.
Acudo a su libro La solución pacífica, publicado por Plaza & Janés en marzo de 2025; hace nada. Adentrarse en tan delicada literatura ayuda a recordar cómo describía a los luminosos regímenes en los que presuntamente hacía caja. Pero, sobre todo, invita a preguntarse cuánto se parece lo que decía Zapatero a lo que ha dicho y hecho el presidente Sánchez, con la esperanza de hallar algo de luz sobre los tres grandes volantazos que, entre sombras, incógnitas y teorías conspiranoicas, han marcado la reciente política exterior de España.
Empecemos por China, una dictadura como Dios manda, aunque Zapatero prefiere llamarla «modelo político presente en China». Un diamante, irrebatible: «China sigue siendo el socio comercial más importante de Europa. Si tanto nos molesta su falta de democracia, ¿cómo es posible que les sigamos comprando?».
Otra joya: «La URSS fue un imperio expansionista. La actitud china, sin embargo, es radicalmente distinta. China cuenta con un modelo político muy diferente al demoliberal, pero (...) no aspira a transformar nuestro color político ni a derrocar gobiernos». Europa, viene a decir, se equivoca: el temido Xi Jinping es en realidad un inofensivo bambi. Ninguna amenaza.
Sus reflexiones como «mediador» son una fosa de lugares comunes, palabras trampa, paráfrasis oscuras e intencionadas omisiones. Leerlas ahora, tras las 85 páginas de Calama, puede resultar indigesto.
Según Zapatero, EEUU es un país violento e invasor; China, un aliado modélico, y el europeo, un ignorante. «Es comprensible que buena parte de la ciudadanía de los países occidentales prefiera una China con otros valores [¡otros!], con un sistema político distinto, más cercano a la democracia liberal [¡más cercano!], como el que representa, bien es verdad, solo al 30% de la población del mundo. Pero es tan imposible como inaceptable pretender borrarlos del mapa geopolítico». Disyuntiva falsa y democracia al peso: si solo el 30% de la gente vive en una, no nos pongamos tan estupendos.
Otra esmeralda: «Nuestra mirada hacia China debe ir cambiando. (...) Sus índices de pobreza siguen trasladando que es un país pobre; sin embargo, en los últimos 30 años ha sacado de la pobreza a 700 millones de personas, algo de lo que ningún otro país ha sido capaz». «Es evidente que su modelo no ha resultado del todo útil para reducir las desigualdades [del todo útil], pero si comparamos la evolución de los índices de pobreza chinos con los de EEUU, la conclusión es reveladora».
«No es posible negar [¡ojalá lo fuera!] que el modelo político presente en China [d-i-c-t-a-d-u-r-a] dista del que desea la gran mayoría de ciudadanos occidentales [quizá incluso Zapatero], pero también debemos admitir que la defensa inteligente de la democracia pasa por la cooperación, y China es en este momento defensor del multilateralismo». No como EEUU, claro.
Sobre Venezuela le hemos escuchado mucho. Me detengo en este pasaje: «Desde el punto de vista estadounidense, comprendo que resulte muy difícil evitar la superioridad y la condescendencia con respecto a países latinoamericanos con muchas debilidades, que son, en parte, democracias meritorias, en el sentido de que tienen especial mérito ante un escenario donde prevalecen la desigualdad y la pobreza. Es de admirar que, pese a las circunstancias, estas naciones sean capaces de mantener las bases de la institucionalidad democrática, aun con sobresaltos puntuales como los vividos en Bolivia o Brasil, de la mano de Jair Bolsonaro». Que Maduro robara las elecciones aquel 28 de julio de 2024 no supuso sobresalto alguno, entiéndase.
Y este lamento: «Ha calado en la opinión pública cierto cinismo al llamar populistas a Gobiernos elegidos democráticamente (...). Y es que cada vez que un político denuncia la riqueza excesiva de los ricos y la pobreza excesiva de los pobres, corre el riesgo de que le llamen populista». Desalmados...
Acabemos con Rabat: «Lo primero que debemos hacer es alejarnos de cualquier postura eurocentrista (...). En Marruecos las reformas participativas se están afianzando. Vive avances en el ámbito de las libertades públicas. Han iniciado el diálogo hacia la laicidad, la igualdad entre sexos y la abolición de la pena de muerte. (...) Creo sin duda que nuestro país debe apoyar la solución de autogobierno político para el Sáhara y trabajar para un acuerdo de las partes».
En 2004 Zapatero dijo aquello de que la nación es «un concepto discutido y discutible». Leyéndole hoy, esa parece también su definición de democracia. Y posiblemente de moral, aunque eso lo iremos sabiendo.
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