Otra historia
Los foros de internet se han poblado de varones que se rompen literalmente la cara en busca del ideal de belleza masculina. Ligar en el siglo XXI pasa por tener los huesos colocados en �ngulos como dios manda

Pies de mujer deformados por vendas en la ciudad china de Nanjing (1936).AP
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El progreso de la Humanidad camina en paralelo a su pasmosa capacidad de inventar torturas para volver el cuerpo deseable. El cat�logo de mutilaciones hist�ricas en nombre de la belleza ha sido infinito: desde costillas ensartadas en los pulmones por opresivos cors�s a pies reducidos a pezu�as por vendas que pretend�an empeque�ecerlos. Nuestra era no se iba a quedar atr�s, y acaba de engendrar una variante ex�tica de la est�tica del sufrimiento: varones j�venes que dise�an su cuerpo como el plano de un prototipo de industrial.
La meta es una perfecci�n f�sica -el looksmaxing- que ha desplazado el tradicional control del cuerpo femenino al universo masculino, poblando los foros de internet de adolescentes obsesionados por lograr una simetr�a rob�tica en el rostro. Dicen que su objetivo es �ascender�, o sea triunfar, ya sea con un pelotazo inversor, un bill�n de seguidores en Instagram o un sexo convertido en h�brido de algoritmo y disciplina ol�mpica. Porque ligar en el siglo XXI pasa por exhibir un determinado ��ngulo mandibular� y unas clav�culas geom�tricas como dios manda. (De hecho el influencer jefe del reba�o se llama Clavicular).
En rincones de TikTok, Reddit o webs de la cultura gym-bro prolifera un modelo de hombre dise�ado con escuadra y cartab�n. Y ah� tenemos a cr�os de 16 a�os analizando las medidas de su cr�neo con aplicaciones, durmiendo con cinta adhesiva en la boca para �optimizar� la respiraci�n nasal, masticando gomas industriales para hipertrofiar la mand�bula o someti�ndose a operaciones faciales agresivas. Algunos llegan incluso a considerar fracturas controladas del maxilar, implantes �seos o cirug�as destructivas. Si en el ya paleol�tico siglo XX el ideal era Paul Newman, un se�or que parec�a siempre reci�n bajado del pedestal de una escultura griega, ahora los chavales aspiran a un f�sico de avatar renderizado.
El impulso de sacrificar la salud f�sica y mental en el altar la belleza ha sido eterno. En la China imperial, el ideal del �pie de loto� exigi� durante un milenio romper y plegar los huesos de las ni�as con vendas compresoras. Caminar les resultaba doloroso de por vida y muchas quedaban casi discapacitadas, pero el martirio equival�a a estatus: un pie atrofiado era el sello de que la mujer no estaba destinada al trabajo f�sico.
Saltando al siglo XIX, el cors� victoriano trababa la respiraci�n hasta un desmayo romantizado en nombre de la delicadeza. (Se�oras que suspiraban en busca de ox�geno y no de amor). Y en el XX, la moda del culturismo extremo desat� una epidemia de esteroides, dismorfia corporal y problemas cardiovasculares. Y eso por citar solo algunos -poqu�simos- ejemplos de esa maldici�n humana que condena a perseguir el valor social a base de acribillarse el cuerpo. De romperse los huesos si hace falta.

























