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Las famosas "pantallas" no existen: por qu� el debate sob...
Ángel Díaz · 2026-04-28 · via Columnistas

Serendipia

Muchos adolescentes sufren problemas de salud mental vinculados a las redes sociales, pero otros encuentran alivio y compa��a en ellas

Las famosas "pantallas" no existen: por qu� el debate sobre sus riesgos es enga�oso

Actualizado

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Hasta donde alcanza la memoria, la especie humana ha mostrado una indudable disposici�n por buscar explicaciones f�ciles donde no las hay. Si hay tormenta, los dioses se han enfadado. Si no hay cosecha, los de fuera han echado un maleficio.

La meton�mica expresi�n de �pantallas� ha servido para agrupar a toda suerte de artilugios y formas de consumo tecnol�gico durante los �ltimos 40 a�os. La confusi�n alcanza incluso a la literatura cient�fica, que puede citar inadvertidamente estudios obsoletos: una investigaci�n de los a�os 80 alerta -exageradamente- contra las pantallas de entonces, mientras las clases medias adquieren sus primeros ordenadores personales y una segunda televisi�n para el hogar. Ese trabajo es despu�s citado por otro, y m�s tarde un tercero acude al segundo... Al final, la referencia fantasma se cuela como �evidencia� contra otras pantallas totalmente distintas.

En otros casos, los efectos se localizan en un momento y un lugar muy precisos, como las convulsas elecciones de EEUU, y no son extrapolables a contextos de menor tensi�n. O se amplifican impactos educativos dif�ciles de comparar entre lugares muy diferentes: Suecia, por ejemplo, ha puesto freno a su vertiginosa digitalizaci�n de las aulas, y hay evidencias de que la escritura manual, sobre todo a edades tempranas, facilita procesos de aprendizaje. Pero nada de ello sugiere que debamos desterrar el ordenador.

Cuando se realiza una revisi�n exhaustiva de las investigaciones publicadas, es muy dif�cil llegar a conclusiones generales, como resumi� la revista Nature en abril de 2025. Muchos adolescentes sufren problemas de salud mental vinculados a las redes sociales, pero otros encuentran alivio y compa��a en ellas.

Una infinita variedad de empresas, organizaciones, bots, esp�as, buenas y malas personas, negocios turbios y leg�timos aguarda tras la pantalla. Que todo ello se congregue en un mismo objeto f�sico, como un m�vil, no es casual: ha sido dise�ado para eso. Pero, si ma�ana inventan la manera de taladrar directamente la mente, sin necesidad de pantallas, los peligros no disminuir�n.

Las �pantallas�, como tales, no existen: un mismo dispositivo da acceso a contenidos educativos y a interacciones potencialmente peligrosas para los ni�os. Distinguir qui�n hace qu� y controlar sus efectos a largo plazo es muy complicado. Afortunadamente, la ciencia no se limita a esta clase de estudios estad�sticos. Si pediatras y psic�logos advierten de que hay que tener cuidado, lo mejor es hacerles caso.