No se trata solo de proteger a quien hasta ayer encarnaba el alma del PSOE, sino de evitar la desestabilización interna antes de la derrota parlamentaria de los Presupuestos de 2027 y la consiguiente convocatoria electoral

El ex presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.AP Photo/Bernat Armangue
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El hallazgo de las joyas en la caja fuerte de Rodríguez Zapatero desconcertó primero al ecosistema sanchista, pero rápidamente reactivó el cierre de filas. Llama la atención el tiempo que se ha tardado en proponer una versión sólida y libre de consecuencias penales. Primero se habló, con gran alivio, de herencia familiar, pero cuando se vio que su valor era enorme surgió la tesis del regalo del rey saudí en 2007. Muchos se apresuraron a defenderla, incluso antes de que el propio ex presidente la haya verbalizado ante el juez Calama. Resulta inquietante la rapidez con la que una coartada se convierte en verdad oficial. Todo indica que estamos ante una segunda mentira construida para tapar algo peor.
Lo verdaderamente grave no son solo las joyas. Es el clima de podredumbre moral. Resulta desolador escuchar a no pocos políticos, tertulianos y periodistas esforzarse en relativizar los hechos.
El repertorio de excusas resulta revelador. Fue un regalo. ¿Por qué no se investiga a más ex presidentes? O la tesis conspirativa: forma parte de un golpe de Estado blando. Y la variante más obscena: en 2007 la ética era otra, obviando el Código que el propio Zapatero aprobó dos años antes. Como si el soborno o el tráfico de influencias significaran entonces algo distinto. Cada argumento, por separado, ya es débil. Juntos dibujan la normalización del cinismo.
La ética ha dejado de ser un criterio de juicio para convertirse en una variable táctica. Ese es el verdadero deterioro democrático. Ya lo vimos con la amnistía. Muchos de quienes la consideraban inconstitucional y políticamente destructiva acabaron bendiciéndola en pocas semanas y descubriéndole virtudes insospechadas. El mecanismo es siempre el mismo: primero se rechaza algo por principio; después, cuando conviene, se justifica con naturalidad.
Así se entiende mejor el «prietas las filas» del ecosistema sanchista con Zapatero. No se trata solo de proteger a quien hasta ayer encarnaba el alma del PSOE, sino de evitar la desestabilización interna antes del desenlace que Sánchez ya tiene en la cabeza: la derrota parlamentaria de los Presupuestos de 2027 en otoño y la consiguiente convocatoria electoral.
La corrupción moral de una democracia comienza cuando una parte de la sociedad deja de preguntarse qué está mal y solo le interesa a quién beneficia cada revelación. Cuando eso ocurre, todo acaba siendo negociable. También la verdad.
























