Otra historia
Los Zetas han encontrado la f�rmula para salir de la precariedad: optimismo ciego m�s visualizaci�n menos cenizo igual a atracci�n universal

Ruinas del santuario de Athena Pronoia en la ciudad griega de Delfos. E.M.
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Leo que los Zetas han patentado una f�rmula para cumplir sus deseos. Para ello no hace falta, como en los cuentos cl�sicos, frotar l�mparas que exhalen genios de color zafiro y pedirles que se estiren mandando un pr�ncipe, una alfombra voladora, un saco de lingotes de oro (hay que acordarse de que �rase una vez no hab�a Tinder, ni Amazon, ni criptomonedas). Tampoco hay que rogar a ning�n dios. Ni siquiera echar las cartas del tarot a ver por d�nde se tira. La clave de la abundancia est�, por lo visto, en manifestar.
La ecuaci�n es m�s o menos as�: optimismo ciego m�s visualizaci�n menos cenizo igual a atracci�n universal. Y el ritual tiene reglas. El M�todo 3-6-9, por ejemplo, que consiste en escribir un deseo tres veces por la ma�ana, seis al mediod�a y nueve por la noche (es decir, leerle la cartilla al futuro pint�ndole una y otra vez la misma frase en la pizarra mental). O la Ley de los 17 Segundos, que obliga a concentrarse en un plan personal ese ratito para acabar poni�ndolo en marcha, como un motor gripado que parece que no arranca hasta que insistes.
Tampoco se puede manifestar de cualquier forma. Hay que ir al detalle, como en Idealista: no vale pedir una casa, hay que aclarar si la quieres con terraza y ascensor. Piscina. Si te da igual que haya o no parking subterr�neo. Y es preciso no increpar al Universo, tan desapegado y ajeno, tan a lo suyo siempre. Es mejor hablarle suavemente, usar afirmaciones positivas, agradecerle mucho lo que ya te ha dado. No vaya al final a cabrearse.
As� que los j�venes manifiestan para empoderarse en medio de la impotencia. Porque han visto que manifestarse en la calle vale para poco, han trasladado la protesta al centro de s� mismos. A ver si as� se acaba la precariedad laboral y llega la vivienda digna y, con ella, la posibilidad cada d�a m�s remota de ser adulto. Qu� soledad no deben sentir para no ver m�s asidero social al que encomendar su proyecto que el de su propia mente.
Qu� lejos de antepasados que, aunque tampoco pisaban tierra firme, al menos confiaban en un orden establecido que solo ten�a que descifrarse. Ya fuera a a trav�s del or�culo de Delfos en la Grecia cl�sica, de los augures en Roma, o de los ar�spices, cirujanos del destino, que le�an el porvenir en las v�sceras. O a trav�s de la negociaci�n con la divinidad que permit�a el rezo de los cristianos (aunque las oraciones, m�s que crear la realidad, lo que ped�an era ajustes favorables en el documento-marco de voluntad divina).
Los Zetas, nietos al fin y al cabo de la autoayuda y la psicologizaci�n de la cultura occidental, han aterrizado esa autoridad m�gica en su materia gris. Cualquier cosa para rebajar la incertidumbre y navegar el futuro no ya l�quido, sino gaseoso, en el que est�n condenados a flotar.























