El sanchismo permitió que quienes pudieran y quisieran hacer, hicieran

AFP
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Ha hecho fortuna la frase que José María Aznar pronunció hace un par de años: «el que pueda hacer, que haga». Precisemos: la frase ha hecho fortuna entre los sectores más extremistas y paranoides del oficialismo, que la interpretan -o eso dicen- como la orden que habría desatado el injusto calvario judicial del Gobierno. En la jerga del sanchismo mediático: la frase de Aznar habría sido la incitación al «golpismo».
Cualquiera que se asome al contexto de aquella declaración, y que aún mantenga una molécula de honestidad intelectual, entiende que el ex presidente del PP estaba animando a una movilización cívica de rechazo a las decisiones del Gobierno, especialmente, en el contexto de la amnistía. Por otra parte, sería notable que una conspiración secreta del deep state arrancase con unas declaraciones públicas de un personaje conocidísimo: algo así como si Eisenhower hubiese dicho en una entrevista que «el que pueda acabar con Kennedy, que lo haga». La invocación de la frase de Aznar, en definitiva, solo muestra lo gastados que se encuentran a estas alturas los materiales discursivos y humanos del oficialismo.
Sin embargo, el abuso de aquella cita cobra una nueva dimensión ante las novedades del caso Leire. Porque si algo se desprende del auto del juez Pedraz es que, en determinado momento, alguien en el PSOE dio una orden muy parecida a la que se supone que habría dado Aznar. En concreto: el que pueda hacer algo para desactivar las causas judiciales que cercan al PSOE, que lo haga. Y no de forma autónoma y espontánea, sino con la presunta coordinación y financiación del partido: la maniobra habría sido animada por el secretario de Organización del PSOE, y habría incluido pagos de 4.000 euros al mes a la fontanera. El algo, por otra parte, no escatimaba en ilegalidades: la trama está siendo investigada por todo tipo de presiones y de intentos de interferir en investigaciones judiciales, con posibles delitos que incluyen cohecho, revelación de secretos, inducción al falso testimonio, acusación falsa, falsedad documental, prevaricación, tráfico de influencias... Si unimos todo esto al panorama amplio de escándalos que salpican al Gobierno, el sanchismo aparece como el marco que permitió que quienes pudieran y quisieran hacer, hicieran. Y vaya si hicieron.




















