El �ltimo esca�o
El concepto racista de "prioridad nacional" desv�a la conversaci�n p�blica sobre la inmigraci�n de lo importante: la viabilidad econ�mica del Estado social

Colas para la regularizaci�n en L'Hospitalet de LlobregatEFE
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La gran sorpresa de la Diada de Sant Jordi fue que el escritor Eduardo Mendoza se coronara como el m�s vendido sorteando la fatua decretada por el independentismo, que llam� a boicotearlo despu�s de que ironizara sobre la leyenda de un �maltratador de dragones seguramente analfabeto�. Seg�n los pol�ticos, las redes sociales y la prensa catalana, que convirtieron las palabras de Mendoza en poco menos que una ofensa de Estado, el escritor barcelon�s no habr�a podido pisar la calle en Sant Jordi, porque hab�a un sentir mayoritario en su contra. �Un cabreo general! Pero sucedi� todo lo contrario: se dio un ba�o de masas y de ventas.
El caso Mendoza sirve de advertencia del riesgo que supone confundir la radicalidad del discurso en el debate p�blico -mediatizado en exceso por la esfera digital- con el sentir general de los ciudadanos, mucho m�s sensato, libre, matizado y adulto de lo que algunos piensan. Un error com�n de pol�ticos y periodistas es considerar que la mayor�a de la poblaci�n piensa y act�a como los trolls de internet, o como menores de edad, y que, por consiguiente, hay que darles siempre la raz�n, comprar aquellos argumentos que parecen mayoritarios para que no se enfaden con la verdad inc�moda y les dejen de votar o de leer. En eso consiste el populismo: en adecuar tu discurso a lo que �piensa la gente�.
Precisamente, querer contentar a una supuesta mayor�a social en Espa�a que rechaza al extranjero ha llevado al PP a meterse en el l�o de la �prioridad nacional�, un concepto racista y que as� debe ser se�alado, moleste a quien moleste.
En el PP hay muchos dirigentes contrarios a discriminar a los espa�oles por su origen -un criterio que en Espa�a lleva a cabo el nacionalismo vasco y catal�n-, pero aun as� ha acabado asumiendo los postulados de Vox por temor a incomodar a sus electores. Tanto porque el PP cree que el discurso radical que prevalece en las redes sociales representa la opini�n general de los espa�oles, como porque considera suicida plantear en una sociedad infantilizada el debate de la inmigraci�n en sus justos t�rminos: la viabilidad del Estado social. Es decir:�estamos dispuestos a expulsar a los ilegales no por razones de origen o arraigo, sino de viabilidad econ�mica del sistema? �O bien preferimos renunciar a algunas de las comodidades actuales para acoger a m�s personas que buscan una vida mejor?
Ese es el debate real e inevitable, con posturas encontradas pero leg�timas. Una conversaci�n, al fin, de adultos entre espa�oles.





























