Esa caja negra consta en la libreta de Leire y en los audios de Koldo

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin del PSOE en las últimas elecciones en Castilla y León..EUROPA PRESS
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El sanchismo es un avión a punto de siniestrarse de cuya caja negra tenemos ya el recuerdo, como el poeta lo tenía del aguacero mortal. Esa caja negra consta en la libreta de Leire y en los audios de Koldo. Debemos el wildeano retrato del PSOE real a este par de inopinados amanuenses, cronistas criminosos de la etapa más sórdida de la democracia española.
Quedarán las esmeraldas de Zambia del collar del palomo como símbolo de la degradación socialista en el imaginario colectivo, incapaz de mayores abstracciones. Pero desde el punto de vista democrático, no hay peor corrupción que la amnistía y las cloacas. En ambos casos se trucó el normal funcionamiento de las instituciones para satisfacer el ansia de poder irrestricto de un solo hombre. El mismo hombre que aplaudió durante siete minutos la admonición del Papa sobre los límites morales de la voluntad política compró una prórroga en Moncloa a cambio de la impunidad de un golpista fugado que enfrentó a los ciudadanos como nadie había hecho desde los tiempos en que Orwell homenajeó a Cataluña. Le salió bien porque un Carl Schmitt a la gallega llamado Cándido puso la constitucionalidad del Estado al servicio del interés de su soberano. Así que cuando imputaron a su mujer pretendió extender la impunidad al ámbito doméstico a través de un Doug Stamper (House of Cards) a la navarra llamado Santos. Siguiendo el principio de subsidiariedad cervantina, por el cual en la naturaleza cada cosa engendra a su semejante, Santos delegó la praxis mafiosa en una licenciada en Periodismo. Su verdadera vocación era el chantaje, pero luego ella mataba el gusanillo emborronando libretas que dan cumplida cuenta de eso que P.S. ha denominado «andanzas».
El destino penal de dos presidentes socialistas pende del hilo que aún sella los labios de dos colaboradores estrechísimos: Julito Martínez para Zapatero y Santos Cerdán para Sánchez. El primero ha contratado a una abogada experta en acuerdos de colaboración con la Justicia. Al segundo, encerrado en su pueblo, se le escapó del alma una lacónica advertencia cuando tuvo que comparecer en el Senado: «¿Mi partido? Mejor solo que mal acompañado». Si la sentencia del Supremo recompensa a Aldama, Julito y Santos descubrirán poderosos incentivos para entregar a sus respectivos patrones.
Arrecian los lamentos de los caídos recientes del guindo sanchista. No sé cómo pensaban que acabaría un régimen fundado sobre un cínico de sauna, un putero compulsivo y un iluminado chavista.
























