Bajad las armas
Una legi�n de demonios polarizadores sali� del cuerpo de aquellos izquierdistas y se encarn� en una piara de cerdos que corri� desbocada hasta precipitarse por un acantilado

Captura del video enviado por Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.EL MUNDO
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En aquel tiempo se public� un auto de un juez que imputaba varios delitos a un expresidente socialista, c�lebre por su buena voluntad, su coraz�n puro, su vida sencilla y sus ansias infinitas de paz. La noticia se divulg� por toda Judea y por las regiones vecinas, y lleg� a o�dos de fariseos, saduceos y zelotes. Al principio se negaron a creerlo, porque aquel expresidente hab�a sido grande en obras y palabras. As� que enviaron emisarios (vulgarmente conocidos como asesores) para atestiguar la credibilidad del auto.
Y he aqu� que los emisarios del sanedr�n lo leyeron, y leyendo comprendieron, y comprendiendo concibieron oscuros presagios en su seno. Y volviendo a toda prisa junto a sus se�ores (vulgarmente conocidos como portavoces de la mayor�a progresista) les contaron lo que hab�an visto y o�do. Y fue entonces cuando se obr� el milagro. De sus ojos cay� la venda que llevaba sesgando su visi�n toda la legislatura; de sus bocas selladas ante esc�ndalos sin cuento brotaron contritas confesiones ("El auto est� bien escrito"; "No pinta bien"; "No parece lawfare"); y de sus pechos insensibles a toda indignaci�n no dirigida contra la derecha naci� un dolor nov�simo que transfigur� a cierto profeta de Santa Coloma con nombre de arc�ngel. Y la voz sapiencial de Job tom� la forma corporal de Gabriel Rufi�n: "Estoy jodido".
Pero el milagro no se circunscribi� al sanedr�n parlamentario. Sus escribas de los medios, largamente postrados por esa enfermedad del alma que llaman sectarismo, experimentaron el prodigio de la desincronizaci�n. O m�s bien se sincronizaron en la ca�da del guindo (de la higuera, si queremos sonar m�s evang�licos). Y he aqu� que en toda Judea, Galilea y buena parte de Samaria los ciegos por fin ve�an la corrupci�n propia, los cojos echaban a caminar por la senda constitucional que consagra la separaci�n de poderes, los leprosos amanecieron al tercer d�a limpios de connivencia con el tr�fico de influencias, los sordos o�an al otro lado del muro, los muertos en alg�n comit� federal recuperaron por un instante la vida org�nica y a los pobres de esp�ritu se les anunci� la buena nueva: nadie est� por encima de la ley. Tampoco Zapatero.
Cuentan que una legi�n de demonios polarizadores sali� del cuerpo de aquellos izquierdistas y se encarn� en una piara de cerdos que corri� desbocada hasta precipitarse por un acantilado y se ahog� en el mar. Esto ocurri� cuando el C�sar orden� al fin actualizar el censo para celebrar unas elecciones generales.
























