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Los hijos de los presidentes, esa extra�a ramificaci�n cromos�mica del poder
Jorge Beníte · 2026-05-22 · via Columnistas

Los 40 y tantos golpes

Ser hijo de un pol�tico es complicado. Como lo es ser esposa de un torero o padre de Lamine Yamal. La gente lo que no sabe es que la entrevista gloriosa no la tiene Zapatero sino su mujer. Qu� dir� Sonsoles sobre el foll�n en el que est�n las hijas

Una de las hijas de Jos� Luis Rodr�guez Zapatero saliendo de su empresa.

Una de las hijas de Jos� Luis Rodr�guez Zapatero saliendo de su empresa.E. PRESS

Actualizado

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Ser hijo de un pol�tico es complicado. Como lo es ser esposa de un torero o padre de Lamine Yamal.

En 2015, Mariano Rajoy acudi�, acompa�ado de su hijo menor, Juan, a un famoso programa deportivo de radio a comentar un partido de f�tbol. Cuando al cr�o le preguntaron en directo por su opini�n sobre un videojuego al que un locutor del mismo programa pon�a voz, fue sincero. �Me parecen bastante mejorables, por no decir que son una basura�. Rajoy, que entonces era presidente, ejerci� de comandante en jefe y le dio al ni�o una buena colleja.

Los hijos presidenciables o presidencialistas, seg�n se mire, han pasado por distintas etapas. Los de Gonz�lez eligieron un perfil bajo; los de Aznar disfrutaron de su infancia en Moncloa, tanto que Ana hizo el bodorrio de la d�cada en El Escorial con mucho brillibrilli y mucho invitado que pas� del chaqu� al penal. El de Mariano, lo dicho, se llev� la colleja radiof�nica. Las de Zapatero, Laura y Alba, tuvieron la mala suerte en su adolescencia no de ser g�ticas, que eso es fabuloso, sino de hacerse una foto con la pareja p�blica con m�s flow del siglo, Barack y Michelle Obama. No salieron muy bien. Con ellas Espa�a fue cruel injustamente porque aqu� el escarnio gusta mucho. De las de Pedro S�nchez, por fortuna, no se sabe nada y parece que viven un buen anonimato.

Es cierto que esta ramificaci�n cromos�mica del poder no elige las ambiciones de sus padres, si bien los contactos que los herederos consiguen por pacto de sangre para acomodar su paso de la ni�ez a la edad adulta s� que les obligan a cierta ejemplaridad. En el caso de las hijas de Zapatero, esa ejemplaridad est� ya amenazada, con independencia del rumbo de la investigaci�n judicial.

No se sabe si la involucraci�n en todo este jaleo de estas nepobabies fue por inter�s propio -el padre no es m�s que un acreedor perpetuo respecto al hijo- o por el de Zapatero s�nior. Eso lo ver� el juez. Aunque, como periodista, a quien querr�a entrevistar no es al ex presidente, sino a su mujer, Sonsoles Espinosa.

Como demuestra una vez m�s este caso, los hijos presidenciables no es que sean complicados: est�n desubicados. Por eso a la familia Zapatero le convendr�a leer las cartas de Lord Chesterfield, el padre que con m�s mimo ha intentado educar a su hijo en el arte del comportamiento social y personal. Este noble ingl�s que escrib�a como los �ngeles advirti� hace tres siglos a su descendiente de que la ambici�n sin principios lleva a la corrupci�n moral, que la falta de independencia econ�mica puede convertir a uno en esclavo de los poderosos y que la codicia hace que las personas traicionen al honor y el deber p�blico. Aun as�, el hijo le sali� un poco calavera.

Quiz�s lo que debieran hacer estas j�venes empresarias es dejar la publicidad y ponerse a cantar, como tan bien hace la madre, que es soprano. Ser�an las Willy B�rcenas de la izquierda. Yo ir�a a verlas a un concierto.