A esto que hemos visto no lo llamaría pelotazo, sino chapuza. Trapiche de rastacueros. Ábalos y Koldo y Aldama, derruidos personajes, arrastran en su desborde a un Gobierno entero devaluado
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A estas alturas queda claro que al PSOE le ha falla el factor humano. El censo de encausados, percantas, amiguetes del amiguete, presos, malevos y trileros es formidable. La condena a José Luis Ábalos y al machaca Koldo (24 y 19 años de prisión) es otro misilazo en la línea de flotación del Gobierno de Pedro Sánchez, al que ya le suena por debajo del traje la saeta del que echa flores al Jesús de la agonía (Antonio Machado). El Supremo se ha dado prisa y el socialismo cuenta ya con sus primeros entrullados de esta legislatura. Ni un día sin poesía.
El contraluz de los años de prisión de Ábalos y Koldo lo encarna el comisionista y corruptor Víctor de Aldama, cofrade de la derecha rampante, cantor excepcional de aquella trama sucia donde el dinero funcionó en todas direcciones y la cutrez tiñó el Gobierno de 'torrentismo' y lealtades trampa. Éstas son las peores. A los devotos incondicionales, los que jamás llevan la contraria, siempre les quedan unas horas sueltas al día para montárselo a su rollo y echarlo al final todo por tierra. Esto recuerda al poema tan simpático de Ramón de Campoamor: "Me dijo 'sí', con tan discreto modo, que no lo oyó ni Dios, que lo oye todo". Y ¡zas! traición que viene. Aldama no entrará en la cárcel porque ha sabido sacar partido a las bodegas de esta basura.
Aldama es un modelo claro para los Julio Martínez Martínez y cuantos desfilarán por la Audiencia Nacional para la larga tertulia sobre los oficios de Zapatero. Ahora es cuando conviene volver a preguntar algunas cosas. Por ejemplo: ¿tiene autoridad el presidente del Gobierno, este presidente del Gobierno, para denunciar la corrupción? ¿Cómo es que después de tantos años de maldiciones alrededor de lo mismo se vuelva a oficializar desde el PSOE? Está claro que en política, antes o después, no hay hombre o mujer que no necesite comprar a otro hombre u otra mujer. Tampoco hay política española sin el amigo, sin el confidente y sin el soplón.
A esto que hemos visto no lo llamaría pelotazo, sino chapuza. Trapiche de rastacueros. Ábalos y Koldo y Aldama, derruidos personajes, arrastran en su desborde a un Gobierno entero devaluado por sus propias verdades y mentiras, por la inoperancia para frenar a esa trinidad corporativa. Es demoledor este escenario contradictorio con las siglas de la socialdemocracia. No aprendieron nada del enemigo que les dejó paso. Parece que nadie duda de que su patriotismo es a comisión. Este es el factor humano. Por ahí se le está hundiendo a Sánchez todo.


























