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Azar y necesidad de la vida extraterrestre
NASA/JPL-Caltech/University of Arizona · 2026-05-19 · via Columnistas

Serendipia

Astrobiolog�a

En tiempos de posverdad y desinformaci�n, la astrobiolog�a resulta doblemente liberadora

Imagen real de una colina en Marte que parece la cara de un oso: los ojos son dos cr�teres sobre una irregularidad en forma de v, que hace de hocico, y una fractura circular contornea la cabeza.

Imagen real de una colina en Marte que parece la cara de un oso: los ojos son dos cr�teres sobre una irregularidad en forma de v, que hace de hocico, y una fractura circular contornea la cabeza.

Actualizado

Audio generado con IA

Carlos Briones, uno de los cient�ficos que mejor conoce el origen de la vida, no sabe c�mo se origin� la vida. Nadie lo sabe. La diferencia es que Briones sabe d�nde y c�mo seguir indagando, y tambi�n lo que pone en juego esta b�squeda: en la Tierra, la vida surgi� hace unos 4.200 millones de a�os y se cree que todos los seres vivos, desde las primeras bacterias, provenimos de un mismo antepasado celular, al que llamamos LUCA. Pero no podemos compararnos con ning�n otro lugar del cosmos, porque no se ha encontrado vida extraterrestre.

Si descubri�semos seres ah� fuera, aunque fuesen primitivos microorganismos, tendr�amos al fin otro ejemplo del que seguramente sea el mayor enigma del universo: por qu� la materia inerte de las galaxias, estrellas y planetas -la qu�mica- puede tambi�n formar seres capaces de reproducirse, evolucionar e incluso adquirir conciencia -la biolog�a-. Con nuestro actual conocimiento, es imposible determinar si la vida es una consecuencia inevitable de la composici�n del cosmos o si, por el contrario, somos fruto de una casualidad que quiz� no se vuelva a repetir.

Briones, cuya capacidad de acercar los misterios de la vida al p�blico le acaba de valer el premio CSIC-Fundaci�n BBVA de Comunicaci�n Cient�fica, lo expresa de la siguiente manera: seguimos atrapados �entre el azar y la necesidad�. Si los extraterrestres compartieran un mismo linaje con nosotros -es posible, por ejemplo, que la vida llegara a la Tierra a lomos de un meteorito-, ganar�a peso la hip�tesis del azar: algo ocurri� en la historia del universo que acab� generando la vida que conocemos.

Pero �y si la biolog�a de estos seres fuese radicalmente distinta a la nuestra? Entonces ya no estar�amos ante un evento �nico, un mero accidente c�smico, sino que algo en la materia podr�a impulsarla a producir vida de diferentes formas y en lugares no conectados. La posibilidad de que hubiese civilizaciones extraterrestres, quiz� inconcebiblemente avanzadas, se multiplicar�a. El planteamiento es asombroso, porque vincula una pregunta universal -�por qu� existimos?- con una actividad cient�fica concreta, como es la astrobiolog�a.

En tiempos de posverdad y desinformaci�n, en los que se asocian fragmentos de conocimiento inconexos -hay ratas que nadan; hay virus peligrosos- con fines espurios, la astrobiolog�a resulta doblemente liberadora: no solo muestra lo que realmente est� conectado en el cosmos, sino que apunta hacia algo que une a toda la especie humana, condenada -o quiz� bendecida- a seguir vagando entre la necesidad y el azar.