Asuntos internos
Los ratones del hantavirus se han adue�ado de la actualidad y del p�nico global

El crucero MV Hondius sale de puerto en Praia, Cabo Verde.AP
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Tengo recuerdos de infancia de avistamiento de ratones en casa. En el desv�n de la habitaci�n donde dorm�amos se les escuchaba correr por las noches y el ruido era como de carreras de caballos. Hab�a olor a ratones en algunas partes deshabitadas de la casa de labor. La memoria m�s traum�tica es la de aquel d�a que estaba sentada en la esca�eta de la cocina frente a la lumbre con mi hermano, que era un beb�, en brazos. Volv� la cabeza y al borde de las patas de la esca�eta hab�a una rata del tama�o de un gato grande. Mi madre me mir� y temiendo que arrojara al beb� en la lumbre, me grit� aterrada: ��Mari Luz, no sueltes al ni�o, no sueltes al ni�o!�.
No tengo memoria familiar de ning�n virus contagiado por ratas. Pero en el �ltimo tirabuz�n de sucesos extraordinarios, los ratones del hantavirus se han adue�ado de la actualidad y del p�nico global. El contagio de hantavirus es el �ltimo horror que acojona al mundo occidental. La pandemia como concepto regresa a nuestras mentes.
No se sabe cu�ndo ni c�mo, un virus de ratones ha transformado un crucero de lujo en un barco de leprosos que surca las aguas del Atl�ntico sin que ning�n puerto quiera acogerlos. Los pasajeros han pagado una cantidad indecente de dinero, y ahora no tienen un puerto donde caerse ni vivos, ni enfermos, ni muertos. En Tenerife los esperan, pero sin atracar. Fondear�n donde no se les pueda ver. Los recoger�n en lanchas, sin rozarlos y los trasladar�n al avi�n, igual que en valle de los leprosos, donde estaban la madre y la hermana de Ben Hur, les bajaban la comida en cestos desde las alturas y estaba prohibido acercarse a ellos.
Ese matrimonio holand�s de jubilados, ricos y amantes de la naturaleza, quiz� nunca se hab�a cruzado con ratones en su pr�spera vida. Se fueron de excursi�n cuatro meses por Am�rica del Sur y despu�s tomaron un crucero de 25.000 euros de confort para descubrir lugares remotos. El lujo de los pobres es ir a una playa a comer paella. Las excursiones de ocio de estos ricos holandeses consisten en avistar miles de aves que sobrevuelan un vertedero en los confines. Y ah� se pudieron contagiar con los excrementos de ratones. Regresaron muertos a casa. Lo que es la b�squeda incesante en el primer mundo de experiencias nuevas y, sobre todo, exclusivas.
El crucero MV Hondius, con aparatos de �ltimo grito y camarotes desinfectados, es la versi�n contempor�nea de El holand�s errante, castigado por Dios a surcar eternamente los mares por la arrogancia de su rico capit�n, que hizo un pacto con el diablo para desafiar a las fuerzas de la naturaleza.























