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La paradoja de Aldama
David Mejía · 2026-05-07 · via Columnistas

El primer cruce

Resulta ir�nico que desde el Gobierno se acuse al PP de actuar por inter�s partidista al defender la rebaja de pena para Aldama. Porque neg�rsela tampoco parece responder a una defensa abstracta del inter�s general, sino a un intento de cortar el flujo de informaci�n

El comisionista V�ctor de Aldama, a su llegada al tribunal.

El comisionista V�ctor de Aldama, a su llegada al tribunal.EFE

Actualizado

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La prmiera paradoja del caso Aldama consiste en afirmar simult�neamente que estamos ante un caso de corrupci�n grav�simo -hasta el punto de considerar escandaloso que el corruptor pueda eludir la prisi�n- mientras se niega cualquier atisbo de responsabilidad pol�tica. Si lo que hizo V�ctor de Aldama fue tan grave, resulta complicado sostener que nadie deba rendir cuentas por el entramado pol�tico y administrativo que lo hizo posible.

Entiendo que ser�a injusto que Aldama se marchara de rositas. Pero me sorprende el retrato que los altavoces de Moncloa est�n haciendo de la figura del procesado-colaborador. Sugieren que la eventual rebaja de pena responde a un intercambio espurio -acusaciones a cambio de beneficios-, como si bastara con se�alar a terceros sin aportar pruebas para atenuar una pena. Como si el sistema premiara declaraciones vac�as y no testimonios que contribuyen al esclarecimiento de los hechos investigados.

Es cierto que Aldama no ha presentado pruebas que incriminen al presidente, pero quien ha dado credibilidad a la mayor parte de su testimonio no ha sido el Partido Popular, sino la Fiscal�a. Conviene no perder de vista una obviedad que el ruido pol�tico encubre: las motivaciones del PP como acusaci�n popular son jur�dicamente irrelevantes, como lo son las del PSOE en los casos de G�rtel o Kitchen. Lo decisivo no es por qu� alguien decide creer a B�rcenas o Aldama, sino si lo que declaran B�rcenas o Aldama puede demostrarse.

Se puede discutir si en este caso concreto concurren o no esos requisitos. Lo que resulta m�s complicado de sostener es un discurso que presume de ser implacable contra la corrupci�n mientras deslegitima una de las herramientas esenciales para combatirla. El efecto de ese planteamiento es previsible: si colaborar con la justicia no tiene recompensa, �d�nde est� el incentivo para el reo?

Resulta ir�nico que desde el Gobierno se acuse al PP de actuar por inter�s partidista al defender la rebaja de pena para Aldama. Porque neg�rsela tampoco parece responder a una defensa abstracta del inter�s general, sino a un c�lculo mucho m�s concreto: cortar el flujo de informaci�n. Es decir: reducir los beneficios del colaborador, no para que se haga justicia, sino para que se haga el silencio.

Ah� est� la otra paradoja. El fiscal Anticorrupci�n, Alejandro Luz�n, sostiene: �Aldama est� siendo clave para exponer una trama enquistada en el Gobierno y el partido, �c�mo no vamos a rebajarle la pena?� �Por eso, Alejandro, por eso!