Bajad las armas
Es un virtuoso del c�rculo vicioso: dispara la alarma social que luego �l mismo debe desactivar. Es el bombero pir�mano de la epidemiolog�a

Fernando Sim�n, el pasado martes.EFE
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El periodismo consiste a veces en explicar a los espa�oles que Fernando Sim�n sigue en el mismo cargo p�blico donde ya lo sorprendi� un misionero con �bola y una pandemia de coronavirus. Tampoco ha hecho falta desplegar grandes dotes de investigaci�n: hemos sabido que Sim�n sigue haciendo de Sim�n -y cobrando por ello- porque el propio Sim�n ha hecho un llamamiento a la calma social, amenazada ahora por el brote de hantavirus a bordo del Hondius. El problema de los llamamientos a la calma de Sim�n es que ya solo consiguen tranquilizar a los virus, que no se animan a propagarse hasta que oyen a don Fernando reduciendo su actividad oficial a uno o dos casos.
El director del Centro de Coordinaci�n de Alertas del Ministerio de Sanidad lo sigue siendo, en primer lugar, por su probada eficacia a la hora de generar alertas con la sola emisi�n de su voz de serrucho oxidado. Sim�n es un virtuoso del c�rculo vicioso: dispara la alarma social que luego �l mismo debe desactivar. Es el bombero pir�mano de la epidemiolog�a. El eslab�n perdido entre el m�todo cient�fico y la gafancia vud�. Que nadie diga luego que no ascienden a los mejores.
La segunda raz�n de que este heraldo infalible de la inquietud conserve su puesto es que decidi� asimilarlo a una portavoc�a gubernamental durante toda la pandemia. Comprendi� r�pido que para conservar la silla en la Espa�a de Pedro deb�a subordinar al relato pol�tico el criterio cient�fico, que ven�a solemnemente avalado por aquel comit� inexistente de la desescalada que tengo aqu� colgada. Y don Fernando se doctor� con tanto acierto en las virales artes de la propaganda que termin� mereciendo un posado motero a lo Marlon Brando en el diario independiente de la ma�ana, que no s� si sabe usted que acaba de cumplir medio siglo. Hay todav�a un sanchista que va por ah� arrastrando una secuela ostentosa de aquellos a�os: la jeta b�lmez de Fernando Sim�n tatuada en un muslo.
Todos est�bamos tan tranquilos siguiendo con curiosidad sapiens e higi�nica distancia la traves�a del crucero holand�s errante, aprendiendo la conveniencia de no inhalar pis de rata si no es estrictamente necesario, hasta que tuvo que hablar Fernandito. Ahora ya nuestros amigos canarios no comentan las noticias que llegan de Cabo Verde con la misma despreocupaci�n. Los m�s hipocondr�acos se debaten entre aprovisionarse de papel higi�nico o desear la erupci�n del Teide. Dicen que el hantavirus no sobrevive a la lava.


























